Niños y mujeres sufren las consecuencias de la precariedad social en Bariloche

Se ven deficiencias nutricionales en embarazadas y bebés.

Por Redacción

SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- Manuel nació hace pocos días y desde entonces lucha por vivir. Dejó el abrigo del vientre materno a los siete meses de gestación con sólo 900 gra-mos de peso. Desnutrido, igual que su mamá, recibe la asistencia de médicos y enfermeras en terapia intensiva de la sala de neonatología.

Es uno de los tantos niños que reciben atención sanitaria en el Hospital Zonal «Ramón Carrillo» de esta ciudad donde es evidente el esfuerzo del personal por continuar con los servicios a pesar de contar con escasos recursos.

Los servicios de Pediatría, Neonatología y Ginecología y Obstetricia, donde son atendidas numerosas madres adolescentes y púberes, trabajan en estrecha relación. Este año el 28% de los partos fueron de chicas de entre 10 y 19 años, incluido el caso de una jovencita de 16 años que concurrió a dar a luz a su cuarto hijo y una de 19 con cinco cesáreas. El trabajo en planificación familiar que la cooperadora del hospital realiza tres veces por semana no rinde frutos; especialmente por la negativa del varón a que la pareja utilice algún método anticonceptivo.

Apenas nacen, los bebés son albergados en la sala especialmente acondicionada para intentar solucionar las diversas patologías que afectan a aproximadamente un 10% de los recién nacidos.

La evolución de Manuel «no fue normal debido a factores nutricionales de la mamá», sostiene la neonatóloga María Zalazar. Este y otros indicadores, como la ausencia de controles prenatales, determinan que los especialistas se involucren más allá del aspecto médico atendiendo necesidades sociales y tendiendo a generar cambios y realizar suge- rencias.

La desnutrición

La desnutrición afecta «secuencialmente el área de la motricidad fina y cognitiva determinando que ese niño no escolarice normalmente», aporta Adriana Bonfiglioli, jefa del servicio de Pediatría del mismo nosocomio. El libro «Epidemiología de la desigualdad», acota, arroja resultados ilustrativos fruto de un estudio comparativo realizado con niños de Pelotas (Brasil) e Inglaterra. Allí queda manifestada una relación directamente proporcional entre alimentación y desarrollo del área cognitiva.

En el futuro estos niños conformarán un segmento de población distinto en cuanto a oportunidades porque demandan un seguimiento a largo plazo. «Al riesgo biológico se suma el social teniendo en cuenta que la sociedad actual privilegia a quienes poseen mejor educación y formación», coinciden.

También está comprobado que «la deficiencia de alimento intraútero acarrea enfermedades coronarias y obesidad en los adultos», señala Zalazar. La dieta basada en hidratos de carbono otorga un aspecto saludable a la mujer pero puede acarrear una anemia que potencia sus factores negativos en el embarazo.

Biológicamente estos chiquitos son sólo prematuros y con estímulos adecuados alcanzan todo su potencial pero sin la asistencia de un equipo de seguimiento, las oportunidades van reduciéndose. La atención debe ser «continua, eficaz y oportuna», sentencia Zalazar.

Mayor demanda de atención

En el hospital local «la patología es resuelta casi en su totalidad» requiriéndose derivaciones «únicamente para cardiocirugía que se resuelve en un ámbito de mayor complejidad», sostiene Bonfiglioli.

Las cifras de mortalidad infantil en la provincia la colocan por debajo de las metas nacionales para el año 2000 y en el hospital hubo «un descenso sostenido en los niveles de mortalidad en el servicio de Pediatría» donde es resuelta patología de alta complejidad.

No obstante, señala la jefa del servicio, «no deja de ser una preocupación el hecho de que durante el año pasado se produjeron en la provincia 173 muertes infantiles de las cuales 108 (62.4%) son neonatales y 65 (37.6%), postneonatales.

En esta ciudad fueron 30 los decesos postneonatales, el 50% con diagnóstico de síndrome de muerte súbita infantil «atribuible en parte a las condiciones medioambientales en que se desenvuelve el niño», informa.

La cantidad de internaciones fue creciendo paulatinamente habiéndose registrado 809 pacientes internados en 1994, 870 en 1996, 931 en 1997 y 1.112 en 1999. Sin embargo, las cifras aparecen constantes si se tiene en cuenta «el crecimiento vegetativo de la población y el número creciente de niños que deben ser asistidos en el sistema público de salud». El 96% de los pacientes son de esta ciudad y el 4% son derivaciones.

En cuanto a las edades, el 22% son lactantes, el 40% preescolares y el 38% escolares. Las causas más frecuentes de internación son enfermedades respiratorias (22%), accidentes (21%), quirúrgicas (18%), gastrointestinales (15%), infecciosa (8%), neurológicas (5%), social (2,5 %), hemato-oncológicas (1,5%) y otras (7%). Las consultas externas pediátricas fueron 11.130 en 1990, 15.276 en 1994, 8.420 en 1997 y 16.557 en 1999, valores que incluyen consultorio externo y consultas de guardia pediátrica.

Pocos recursos para una tarea intensiva

La sala de terapia intensiva del sector de Pediatría fue equipada en parte con donaciones de la comunidad.

Entre otras, de Laura Fenoglio y el Rotary Club. La Fundación Sara María Furman contribuye con sus donaciones anuales a solventar los medicamentos de pacientes ambulatorios que no están en condiciones de adquirirlos.

Son nueve los médicos pediatras que integran el equipo que anualmente realiza relevamientos para fijar objetivos. El hospital no rechaza demanda a pesar del aumento registrado entre pacientes que quedaron sin cobertura o que poseen obra social pero recurren al nosocomio especialmente en caso de accidentes.

Recientemente Bonfiglioli participó del Congreso Argentino de Pediatría junto a otros 4.000 profesionales reunidos con la finalidad de «aunar criterios para bajar la mortalidad infantil a menos del veinte por mil para el año 2000».

Este es un indicador «ligado a otros factores sociales porque a la internación se llega cuando están agotadas todas las instancias previas».

La realidad en números

Según datos proporcionados por Bonfiglioli, al hospital concurre un 60% de los aproximadamente 98.814 habitantes de la ciudad de los cuales unos 35.000 son menores de quince años. Este subgrupo «da una población objetiva de 20.000 aproximadamente».

Las cifras aluden a la población de la ciudad exclusivamente, sin contabilizar las derivaciones de los hospitales de El Bolsón, Ingeniero Jacobacci, Ñorquinco, Comallo y Pilcaniyeu ni algunas derivaciones de provincias vecinas que representan el 4% de la internación según estadísticas de 1999.

La jefa de Neonatología es Adriana Raineri quien trabaja junto a 7 neonatólogos y debe sortear la dificultad de contar sólo con 2 enfermeras cuando el requerimiento es de alrededor de 20. En este sentido Zalazar consideró que la cantidad de enfermeras «puede considerarse termómetro (de la situación) del sector».

Madres niñas, una tendencia en aumento

El 28% de las madres que recurrieron al servicio de Ginecología y Obstetricia para tener a sus bebés tienen entre 10 y 19 años. Una cifra que adquiere mayor significado teniendo en cuenta la cantidad: 1.210 desde 1995 a 1999.

Según los datos proporcionados por la jefa del servicio, Graciela Aguirre y parte del equipo de obstétricas que trabaja en el sector, de las chicas de entre 10 y 14 años, 40 son solteras y 22 en unión estable (con hombres mayores de 20 años) y, de entre 15 y 19 años, 602 mantienen una pareja estable, 465 son solteras y 81 casadas.

Los partos generalmente son normales: un 85.7% contra 13.9% de cesáreas en el mismo período. Las patologías más comunes son las infecciones urinarias, anemia y rotura prematura de membranas. El nivel de alfabetización es del 95,6%.

El equipo médico está integrado por siete tocoginecólogos y seis obstétricos. Además de Aguirre accedieron a la entrevista con «Río Negro» las obstétricas Mirta Giraudo, Jessie Cortez y Carina González. Todas coincidieron en señalar la falta de interés de las jóvenes en general por adoptar un método anticonceptivo a pesar de las facilidades que ofrece la cooperadora del nosocomio (pastillas a 2 pesos y colocación de DIU a 6 o gratuitamente).

Jessie mantuvo durante un tiempo un taller de Embarazo adolescente que no contó con la asistencia deseada. Señalan que «no hay consciencia del problema. El hombre tiene mucha culpa porque no quiere que su mujer use un DIU y las mujeres toman las pastillas sólo antes de la relación sexual». También han detectado dificultad para trabajar con preservativos o la educación sexual en las escuelas. «A los padres no les gusta porque creen que deja abierta la puerta de la sexualidad temprana cuando hace rato que los chicos la practican», evalúan.

Para un buen porcentaje de estas madres «el embarazo es una salida o alguien a quien brindar amor y cariño».

En general repiten historias familiares y cambian de pareja fácilmente. La mayoría asiste al colegio secundario o terminó de cursar. El embarazo adolescente aquí «no es novedad pero está en aumento. Generalmente no buscan el hijo pero llegan acompañadas por la familia y no lo dan en adopción», concluyen.


Exit mobile version