“Nivel de estudios y política”
Durante varios años me desempeñé en establecimientos educativos mayoritariamente de la provincia de Río Negro y conocí a muchos profesionales preocupados por la educación. Hablaban de calidad educativa, de evaluación, de inclusión, de seguimiento, del famoso proceso de enseñanza-aprendizaje. A la par conocí a muchos políticos que en el discurso intentaban expresar lo mismo, pero en la práctica ni siquiera se acercaban. ¿Por qué digo esto? Porque observo muchos concejos deliberantes, gabinetes, asesores, que en varios casos ostentan como título “el certificado de haber concluido la primaria”. Muchos miran ese espejo y no son pocos los alumnos que plantean para qué estudio si aquel político hizo hasta 7º nada más y gana como 23.000, 30.000 o 50.000 pesos. Los docentes ensayan explicaciones que hablan de herramientas para el futuro, variantes de análisis, posibilidad de arribar a soluciones en situaciones complejas y otras respuestas que intentan convencer al alumno de por qué debe estudiar; eso sí en la cabeza del educador, sin salir al exterior, hay una bronca contenida porque ese alumno planteó o dio a conocer una realidad triste, palpable. Esto lo he charlado con políticos y no tienen problema en admitir que a veces esa persona sin estudio es mejor aliada, ya que no cuestiona, toma la palabra de su superior como sagrada y en ocasiones con carácter divino. Cuando se les inquiere si eso “no es nivelar hacia abajo”, te responden: “Mirá cuántas macanas se mandó Menem –abogado–, los errores de Cavallo –economista–, los problemas de Cámpora –dentista–” y así una sucesión interminable de profesionales que utilizaron su educación en forma errónea, por decirlo de alguna manera. ¿Qué tema no? En lugar de elevar la calidad educativa y por ende de funcionarios se buscan excusas; en eso los argentinos parecemos tener un posgrado. Por eso no es raro que cuándo se habla de producto bruto interno, circuito económico, economías alternativas, planes integrales de seguridad, salud, vivienda y etc., etc., varios sean los que ¡oh, casualidad! faltan a la sesión. Qué difícil elevar, nivelar hacia arriba, explicar al ciudadano que el trabajo digno es mejor que un subsidio y que a mayor educación mayor posibilidad laboral. Disculpen si estoy equivocado. Creo, lamentablemente, no estarlo. Javier Aníbal Navarro, DNI 18.502.198 Centenario
Javier Aníbal Navarro, DNI 18.502.198 Centenario
Durante varios años me desempeñé en establecimientos educativos mayoritariamente de la provincia de Río Negro y conocí a muchos profesionales preocupados por la educación. Hablaban de calidad educativa, de evaluación, de inclusión, de seguimiento, del famoso proceso de enseñanza-aprendizaje. A la par conocí a muchos políticos que en el discurso intentaban expresar lo mismo, pero en la práctica ni siquiera se acercaban. ¿Por qué digo esto? Porque observo muchos concejos deliberantes, gabinetes, asesores, que en varios casos ostentan como título “el certificado de haber concluido la primaria”. Muchos miran ese espejo y no son pocos los alumnos que plantean para qué estudio si aquel político hizo hasta 7º nada más y gana como 23.000, 30.000 o 50.000 pesos. Los docentes ensayan explicaciones que hablan de herramientas para el futuro, variantes de análisis, posibilidad de arribar a soluciones en situaciones complejas y otras respuestas que intentan convencer al alumno de por qué debe estudiar; eso sí en la cabeza del educador, sin salir al exterior, hay una bronca contenida porque ese alumno planteó o dio a conocer una realidad triste, palpable. Esto lo he charlado con políticos y no tienen problema en admitir que a veces esa persona sin estudio es mejor aliada, ya que no cuestiona, toma la palabra de su superior como sagrada y en ocasiones con carácter divino. Cuando se les inquiere si eso “no es nivelar hacia abajo”, te responden: “Mirá cuántas macanas se mandó Menem –abogado–, los errores de Cavallo –economista–, los problemas de Cámpora –dentista–” y así una sucesión interminable de profesionales que utilizaron su educación en forma errónea, por decirlo de alguna manera. ¿Qué tema no? En lugar de elevar la calidad educativa y por ende de funcionarios se buscan excusas; en eso los argentinos parecemos tener un posgrado. Por eso no es raro que cuándo se habla de producto bruto interno, circuito económico, economías alternativas, planes integrales de seguridad, salud, vivienda y etc., etc., varios sean los que ¡oh, casualidad! faltan a la sesión. Qué difícil elevar, nivelar hacia arriba, explicar al ciudadano que el trabajo digno es mejor que un subsidio y que a mayor educación mayor posibilidad laboral. Disculpen si estoy equivocado. Creo, lamentablemente, no estarlo. Javier Aníbal Navarro, DNI 18.502.198 Centenario
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