“No fue una metáfora”
El ensayista mexicano Enrique Krauze destaca que el paso de Chávez por la historia venezolana marcó a fuego a su país con su visión heroica del poder y de su liderazgo como “salvador de la patria”.
Carlos torrengo
carlostorrengo@hotmail.com
–Ahora que todo indica que, como mínimo, resulta complejo imaginarlo nuevamente en el poder, ¿qué no ha sido Chávez desde la política?
–No fue una metáfora, que en todo es como se lo ha reflexionado durante años desde distintos espacios académicos, intelectuales, políticos –responde a este diario vía telefónica el historiador mexicano Enrique Krauze. Hace una pausa para ordenar sus ideas y acota:
–Y digo que no fue una metáfora con autonomía de cómo asume uno los gobiernos de Chávez, las formas en que construyó poder, lo aumentó, su populismo, todo un estilo del que soy crítico.
–Tanto en su libro sobre Chávez –“El poder y el delirio”– como en su ensayo sobre él publicado en “Redentores” usted recurre a la categoría “imaginería histórica” para explicar cómo apeló a la historia para construir su poder.
–Eso está señalado en relación con Bolívar…
–A eso iba. En su imaginario, ¿Chávez se siente encarnando a Simón Bolívar?
–Esa relación es un tema muy central, muy importante a la hora de trabajar el pensamiento de Chávez, que es inquieto pero no creativo en tanto que él abreva en lugares, pensamientos, ya conocidos. Chávez busca aquí y allá y de ahí rescata esto o aquello en función de sus objetivos. Pero, volviendo a la pregunta, yo digo en mis trabajos sobre Chávez que él toma apasionadamente a Bolívar, lo hace suyo. Habla en primera persona de la relación que mantiene con él, construye una cierta intimidad, lo involucra en el tiempo presente en que él gobierna, en sus decisiones. Tras el golpe (N. de la R.: de Estado que lideró en Venezuela en 1992) que da y con el cual va directo a la política, él llega a decir en una entrevista desde la cárcel: “Bolívar y yo dimos un golpe de Estado. Bolívar y yo queremos que el país cambie”. Él fue juntando admiración por Bolívar a través de los años. Y, como he escrito, esa admiración, esa entrega entera al pensamiento de Bolívar… sus máximas, de hecho, se convirtieron en biblia de lectura y reflexión diaria para Chávez. Y el hecho de situar a Bolívar en calidad de mito excluyente para luchar por el poder fue para Chávez una determinación definidamente racionalizada dirigida a dotarse de una base ideológica “doctrinaria”. Está claro, también, que él pivotea en Bolívar porque sabe que camina sobre terreno muy abonado, dado que los venezolanos sienten al prócer desde muy pequeños en términos de un semidiós.
–Siempre siguiendo en lo que hace a la formación de Chávez, con independencia de su calidad, profundidad, esa formación parece forjada en un aluvión intenso de lecturas bajo presión de eso que usted define como la necesidad de darse una base ideológica doctrinaria rápida, a mano para seguir construyendo poder. ¿Es así?
–Puede verse ese proceso desde esa perspectiva. Lee, saca de aquí y de allá… Puede apelar a los románticos, a Pléjanov, ir por Marx o Carlyle. Y cuando uno escarba profundo en esta acumulación de ideas, su eventual articulación, tiene que estar abierto a encontrarse con, si no sorpresas, digamos que no sé…
–¿Inesperados?
–Bueno, sí, eso. Entonces se da cuenta de que, en tanto hacedor de lo que yo suelo llamar política práctica, con autonomía de que estemos o no de acuerdo con lo que se hace, Chávez abreva en historiadores muertos más que en otros pensadores. Es lo que lamo el “autor inadvertido”.
–¿Ahí es donde aparece Carlyle?
–Sí, Thomas Carlyle.
–Esa aseveración suya suele generar cierta polémica en el mundo académico. ¿Chávez lo leyó?
–Sí, en tanto que Carlyle admiró profundamente a Bolívar. Y si uno sigue la obra de Carlyle, especialmente “De los héroes y el culto de los héroes”, encuentra en cuánto encaja la mirada que Chávez tiene de lo que es el poder, su ejercicio. Porque Carlyle avala, legitima, la construcción de poder vía el carisma, algo que sin lugar a dudas expresa muy acabadamente Chávez. Es decir, él se ve como guía de una sociedad, el héroe que la rescata y la conduce.
–Pero eso nos conduce a la arquitectura esencial del fascismo y Chávez no parece serlo…
–Es cierto, es así. Pero está en la cultura política de Chávez el héroe como centralidad del hacer la historia, el personalismo que da sentido a la historia, donde lo colectivo tiene al héroe como referencia.
–Una cultura inquietante por todo lo que libera, especialmente en América Latina…
–Muy inquietante…
(Enrique Krauze es doctor en Historia por el Colegio de México, uno de los espacios intelectuales más importantes del continente. Dedicado a estudiar el poder y su ejercicio, ha publicado, entre otras obras, “Siglo de caudillos”, “Biografía del poder”, “La presidencia imperial” y “Travesía liberal”.