¿No hay dos sin tres?

Tras el retroceso de meses y el traspié en la Ciudad, Massa pretende recuperar la iniciativa. Anunció que competirá en las PASO de agosto con De la Sota por la candidatura presidencial. Macri y Scioli quieren polarizarla contienda. Lousteau y Recalde forzarán un balotaje con Larreta.

Redacción

Por Redacción

de domingo a domingo

La lógica binaria sigue vigente. Los perdedores de ayer son los ganadores de hoy, pero mañana podría darse vuelta la tortilla con el consiguiente movimiento pendular que afecta a millones de argentinos con los nervios alterados por los avatares políticos y sociales.

El largo proceso con internas provinciales previas que desembocará en la elección de las autoridades nacionales para el período 2015/2019 se va consolidando: un candidato oficialista, posiblemente Daniel Scioli, claramente alineado con el rumbo marcado por la presidenta Cristina Fernández y, según las principales encuestas, un opositor en crecimiento constante, Mauricio Macri, recostado -a partir de su supremacía porteña- en un acuerdo sellado con la mayoría del radicalismo y la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió.

El pleito tiene sombras. Es que, si bien viene en retroceso tras el resonante éxito legislativo del 2013 que frustró el intento de continuidad con la primera figura del kirchnerismo, Sergio Massa sigue empeñado en construir el cambio justo, esta vez asociado al gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, y radicales como Gerardo Morales y Luis Naidenoff. Prometió «barrer a los ñoquis» de La Cámpora y amonestó a Scioli por «repetir como un loro lo que le dicen desde la Rosada».

«Primero hay que preguntarse cuál es el próximo gobierno… ¿y si somos nosotros?», lanzó el ministro Axel Kicillof al exponer en las Naciones Unidas, en Nueva York, contra los fondos buitre, a los que denominó «parásitos», y retrucar a los que sostienen que la actual administración quiere patear el conflicto financiero a una coalición de signo opuesto al Frente para la Victoria.

Durante la semana, tras denostar nuevamente el «bombardeo mediático» y asegurar que no tiene ninguna cuenta oculta y que por eso nadie la va a «extorsionar», Cristina posó afectuosamente con Scioli y Mariano Recalde, uno de los miembros de La Cámpora, que salió tercero en las PASO de la ciudad de Buenos Aires detrás del Pro de Horacio Rodríguez Larreta y de ECO de Martín Lousteau.

En clara desventaja para forzar un balotaje, Recalde evalúa incorporar como compañero de fórmula a Gustavo Marangoni, titular del Banco Provincia, al que primero se le negó competir en la Capital Federal pero al que ahora se necesita para remontar la cuesta. A la vez, sería una señal muy fuerte hacia el excampeón de motonáutica, a quien Cristina le endulzó los oídos cuando desde Moscú proclamó que ella no tiene favoritos. «Eso es cosa de la monarquía, no de la democracia», dijo. Tal equidistancia verbal no se corresponde con la realidad, ya que su opinión en esta instancia vale como el oro y sirve para neutralizar afirmaciones de otro de los serios postulantes del FpV, el ministro Florencio Randazzo.

En la ciudad de Buenos Aires sucede algo curioso. Eliminado bochornosamente en la previa Guillermo Nielsen, representante de Massa, la sumatoria de Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti superó los 47 puntos. Luego se ubicó Lousteau, cuyos sostenes Lilita Carrió y Ernesto Sanz, de la UCR, son los que al mismo tiempo alientan el entendimiento «republicano» con Macri.

Es decir que en el plano local el Pro y ECO se sacarán los ojos y en el nacional se encolumnarán detrás de Macri. Lousteau sostiene que no se debe discutir tirándose cacharros por la cabeza. Se definió como un socialdemócrata que apunta a la evolución y señaló que el elenco de Larreta responde a un populismo conservador que tiene un pasado no desligado de Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf y la Alianza.

Tratando de no quedar fuera de la discusión, los camporistas sostienen que Lousteau y Larreta son lo mismo y que sólo ellos levantan un proyecto ideológico distinto, encarnado en Cristina, «nuestra Evita», según palabras de Recalde pronunciadas en la Feria del Libro en ocasión de la presentación de la obra póstuma de Iván Heyn «Economía callejera».

En ese encuentro el kirchnerismo anticipó que buscará la polarización con cuadros técnicos jóvenes y ampliando el poder territorial (lo mismo pretende Macri, quien ubica a Massa como parte de la interna peronista). Los expositores, entre ellos el secretario de Comercio Augusto Costa, criticaron el cruce de vereda de personajes como Lousteau y Alberto Fernández.

Precisamente, Alberto Fernández, jefe de Gabinete en los primeros años del kirchnerismo, antes del acto de Massa del viernes en la cancha de Vélez advirtió que si no se junta toda la oposición podría imponerse el kirchnerismo, que -indicó- azuza con el pánico al endilgarle a Macri ser la nave insignia de regreso a los denostados 90.

Cada uno por su lado, Macri y Massa bregan por terminar con la fractura, la división y los agravios. Justo en esto coinciden con Scioli, un abanderado del diálogo y los buenos modales, aunque en esta instancia se presente como un férreo defensor de un cristinismo que cree que la Argentina no es Disney World y que quedar bien con todos es casi imposible.

Massa, el 1 de mayo, dejó la puerta entornada para Macri al desafiarlo a firmar políticas de Estado para «cerrar la grieta» y avanzar por «la gran avenida de la celeste y blanca». El boquense, por ahora, rehúye el convite.

ARNALDO PAGANETTI

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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