“No me quemen el cadáver”
–Sí, sí, tengo una vida andariega –dice Mark Healey–. Nací en lo que fue Alemania Occidental durante la Guerra Fría. En Estados Unidos fue donde me formé en Ingeniería, con derivación a arquitectura en la Universidad de Pricenton, y soy doctor en Historia Latinoamericana por la Universidad de Duke. Hoy tengo cátedra en la Universidad de Connecticut. Siempre me impactó la Argentina. –¿Por qué? –Por lo intensa. Argentina me persigue; su peronismo también. –¿Por qué? –Por proceso convulsivo, cualquiera sea la opinión que tengamos sobre su paso por la historia. –Usted trató con fuentes que fueron testigos del terremoto y fuentes escritas. ¿Qué imágenes lo impresionaron fuertemente de lo sucedido en las últimas horas del 15 de enero del 44 en San Juan? –Muchas… todas. Un terremoto de esa magnitud desencadena de todo. ¿De lo que supe? Ese hombre que jugaba al ajedrez con su amigo y de golpe éste desapareció por el derrumbe del techo y él se salvó, sentadito en un lado del tablero. No sé… las familias que escondían el cadáver de uno de sus miembros muerto para que no lo quemara el Ejército. Un político escondió el cadáver de su madre en un camión. Otros los enterraban furtivamente por aquí o por allá. El obispo de San Juan, que estaba en Córdoba y volvió a la ciudad una semana después diciendo que se había enterado del terremoto 24 horas después de sucedido… En el libro sólo he puesto parte de todo lo que coseché por fuentes directas, escritas.