«No son de otro planeta»

Redacción

Por Redacción

La información que recibimos sobre la inseguridad en nuestra región parece ocultar una parte de la verdad y como tal transita por el terreno de la superficialidad.

La falta de un conocimiento profundo sobre las causas de esta problemática no nos permite lograr que la experiencia nos sirva como medio para pensar los cambios y poder elegir las soluciones convenientes.

La temática que más espacio ocupa en la opinión pública es la inseguridad producida, fundamentalmente por los ataques que pequeños delincuentes ocasionan a la propiedad y los bienes de las personas. Sobre este eje giran los discursos a tal punto de formarse agrupaciones políticas que enarbolan como única bandera la lucha contra la inseguridad. Pocos son los que abordan el problema desde la causa. ¿Por qué un hombre bueno se convierte, de pronto, en un delincuente?

Es de destacar que la literatura argentina está llena de gauchos que se volvieron criminales por circunstancias similares. Gran parte de la literatura gauchesca entre ellas obras como «El gaucho Martín Fierro», «Hormiga negra», «Mate cocido», «Don Segundo sombra» y otros tantos nos cuentan esta fantástica circunstancia que lleva a un hombre común a convertirse en un criminal.

Positivamente bravos estos gauchos no creían en la traición de los hombres, la lealtad era para ellos, el más alto de los valores.

El gaucho tal cual lo pintan estas obras no es fácil encontrarlo en los centros urbanos, pero hoy descubrimos el rostro del gaucho argentino en los jóvenes, desorientados por no encontrar su lugar en la sociedad, frustrados, sobre todo, de las zonas rurales y urbanas marginales por falta de oportunidades y ocupación.

En el rostro de los indígenas. En el rostro de los campesinos. En el rostro de los obreros mal pagos y con dificultades para organizarse por la excesiva politización de los gremios que distorsionan la finalidad de su sentido. En el rostro de los subempleados y desempleados. En el rostro de los marginados.

Las cárceles y penales de la zona nos reflejan la imagen de estos rostros tras las rejas. Las personas privadas de la libertad, pertenecen a nuestra comunidad, no son de otro planeta, deben tener una oportunidad para acceder al conocimiento y a la cultura. No puede ser la cárcel un espacio para la reproducción de malas conductas. Por el contrario, se deben emplear los recursos para dignificar a la persona. Es el conocimiento y el desarrollo de la inteligencia el móvil que puede cambiar una conducta. La persona debe encontrarle un fin útil a su existencia. La inteligencia es el medio para encontrar la verdad y es ésta en definitiva, quién podrá hacernos libres.

El primer deber del gobierno es dar educación a su pueblo y hasta ahora nadie ha podido comprobar que la inteligencia es un don hereditario.

 

Milton Darío Steiner, DNI 13.989.681

Bariloche


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