Alemania en peligro… y la guerra

Dario Tropeano

* Abogado. Docente de la Facultad de Economía UNco

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El proceso de acople que venía construyendo con Rusia y China la ex canciller Ángela Merkel fue detonado por la guerra, arrastrando al pueblo alemán y europeo a una contracción económica.


La primera potencia industrial de Europa y la quinta del mundo por PBI, con más de 8 millones de trabajadores en ese sector está siendo víctima de un acelerado proceso de deterioro. El 30/5/22 escribimos en estas páginas (¿Europa es Puerto Rico?) en torno a la dependencia europea de los anglosajones y el deterioro económico que estaba sufriendo por la imposición de sanciones a Rusia a raíz de la guerra con Ucrania… (¿apenas comenzada?).

La industria alemana cayó solo agosto un 2,1% (worldenergytrade.com ) manteniendo la inflación más alta en los últimos 70 años, a pesar de que el desempleo mejoró por efecto de las ayudas estatales. El semanario más importante de Alemania y del continente, Der Spigel, tituló en su portada de la segunda semana de septiembre: “Explosión de precios, quiebra de empresas y miedo a la caída social”, para dar marco a la situación que se vive.

El proceso de acople que venía construyendo con Rusia y China la ex canciller Ángela Merkel fue detonado luego de la guerra, arrastrando al pueblo alemán y europeo a una contracción económica desconocida desde hace más siete décadas.

La energía rusa con contratos a largo plazo y precios bajos, insumo esencial para el desarrollo industrial alemán, está siendo sustituida por el gas norteamericano (GNL) cuyo valor es cinco veces superior.

Durante los últimos años, ambos países eslavos construyeron los dos más grandes gasoductos existentes: Nord Stream 1 y recientemente Nord Stream 2 sobre el Mar Báltico, financiado principalmente por ellos, con una inversión superior a los U$S 5.000 millones. En el año 2021, antes de finalizar el gasoducto -el cual se efectivizó- los EEUU impusieron sanciones al consorcio de empresas que lo ejecutaba y a su director alemán. Iniciado el conflicto con Ucrania, Alemania suspendió la puesta en funcionamiento del mismo, manteniendo su caudal de gas a través del Nord Strem 1, que luego se fue discontinuando hasta cesar la provisión con motivo del conflicto bélico.

El sabotaje de ambos gasoductos sobre aguas de Dinamarca (miembro de la OTAN) y de Suecia (próximo a ingresar en la alianza militar occidental anglosajona) es un atentado contra los pueblos europeos y directamente contra Alemania, que mantenía conversaciones secretas con Rusia para restablecer la provisión de gas del Nord Strem 1.

Un avión de EEUU (PS8 Poseidón) ha sobrevolado junto a aviones espía de Inglaterra ambos gasoductos antes del atentado, e incluso el día que se produjeron las explosiones (Reuters.com). Días después, el secretario de defensa de los EEUU en una conferencia de prensa en Canadá manifestó que la situación representaba una tremenda oportunidad para acabar con la dependencia energética de Europa con Rusia, y que los EEUU iban a proveer toda la emergía que aquélla necesite.

El ex ministro de Defensa de Polonia tuiteó luego del incidente: “Gracias EEUU”. Hay empresas alemanas multinacionales y bancos globales comprometidos con el funcionamiento y el repago del gasoducto Nord Stream 2, que ven con desesperación la pérdida de su inversión; a pesar de que una de las dos tuberías se mantiene intacta tras la explosión, lo cual evidencia la calidad en la ingeniería y construcción de la obra. El episodio de guerra híbrida en el Mar Báltico, utilizando explosivos colocados por personal de elite sobre dos gasoductos construidos a baja profundidad, es una manifestación más del sometimiento europeo a las elites anglosajonas, que están dispuestas a llevarla a una retracción económica sustancial, recordándoles a los políticos que la barrera de integración es China y Rusia; caso contrario serán castigados. En pocas semanas veremos las revueltas populares en las principales ciudades europeas por los impagables precios de la energía, la inflación y la recesión. Y no es la guerra inducida utilizando a Ucrania, es un grupúsculo ultraderechista que anida en el estado profundo de los EEUU (pocos pueden creer que Biden sea el presidente) que está conduciendo al mundo al borde de la tercera guerra mundial.

La pérdida de hegemonía lleva a extremar a los seguidores de la doctrina de Leo Strauss (filósofo político fallecido) a considerar que los EEUU deben impedir el desarrollo de cualquier competidor potencial, incluido Alemania y Japón (Defense Planning Guidance, 1992).

Como hemos explicado anteriormente, está pariendo un nuevo mundo basado en el comercio más justo, en transacciones relacionadas a las monedas nacionales, en la ausencia de chantajes, embargos, robo de activos y, finalmente, en el alejamiento al financiamiento gratis a los EEUU a través del dólar.

Comprendido y aceptado como irremediable esta situación, solo queda la guerra mundial para intentar mantener la hegemonía. No debemos permitir que eso suceda, mientras el nuevo mundo termina de constituirse.

* Abogado. Docente de la Facultad de Economía UNco


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