Decisiones tardías, ayudas intermitentes

No será para siempre la inexistencia de opositores competitivos. En algún momento, como en 2023 con el candidato Milei, las fuerzas opositoras tienden a encontrar un cauce. La lógica indicaría que sólo tres objetivos centrales debería perseguir el Gobierno a partir de ahora, con el horizonte electoral en marcha. Uno político y dos económicos.

Tras quitar el apartado de extranjerización de tierras, La Libertad Avanza tuvo que desistir de derogar parte de la Ley de Manejo del Fuego. (Foto: prensa Senado)

Hay por lo menos dos lecturas posibles del ensayo histórico que hizo el escritor austríaco Stefan Zweig sobre la derrota de Napoleón Bonaparte en Waterloo.


Para Zweig, el final de esa batalla que selló por un instante fugaz de indecisión. Un minuto universal que cambió el rumbo de Occidente.


El protagonista de ese instante es el mariscal Emmanuel Grouchy, que tenía la orden estricta de perseguir a las tropas prusianas hasta alejarlas de la escena principal de la batalla.


Grouchy oye con aflicción el rumor cercano de los cañones que atacan a Napoleón y vacila.
Finalmente opta por la obediencia ciega. Napoleón es vencido para siempre.


La lectura más frecuente sobre ese momento decisivo enfatiza en el carácter entre celoso y perplejo de Grouchy.


La mirada menos habitual es otra: Grouchy sólo tiene un minuto para decidir.

Javier Milei dispone de muy poco tiempo para encaminar su proyecto de reelección. Poco tiempo y recursos políticos también escasos. Algunos de estos recursos parecen permanentes, pero es algo ilusorio. No lo son.


No será para siempre la inexistencia de opositores competitivos. En algún momento, como ocurrió en 2023 con el candidato Milei, las fuerzas opositoras tienden a encontrar un cauce, si el Gobierno no ordena su gestión para despojar a sus adversarios de un programa creíble. Y si no opera en la escena electoral para construir una nueva legitimación.


El respaldo de Trump puede continuar, claro está. Pero también es posible que después del primer martes de noviembre el propio Donald Trump ya no sea el mismo.


La volatilidad de las condiciones políticas de la coyuntura azotó al Gobierno en estos días. Milei hizo un cálculo erróneo de las fuerzas que tenía para pedirle al Congreso -al mismo tiempo- nuevas reformas económicas y un acuerdo de reforma política que es clave para su reelección: la suspensión de las PASO.
Fiel a su estilo, Milei decidió ir por todo.


La derrota del proyecto que terminó siendo bautizado (batalla simbólica exitosa para la oposición) como la “ley de tierras” fue sintetizada por Patricia Bullrich con una reflexión cruda que merece ser leída con atención: el Gobierno tuvo su minuto fugaz para aprobar el proyecto y lo desperdició.


No faltó una decisión, sino una exacta dimensión del tiempo disponible para ejecutarla.


Bullrich detalló: los votos estaban listos cuando el Gobierno perdía el tiempo defendiendo a Adorni. Para evitar que lo interpelen, se pospuso la oportunidad. Lo que acaso quiso decir Bullrich es que por segunda vez la Casa Rosada -es decir: el presidente Milei- llega tarde a la pelota.


Lo que ocurrió en la Casa Rosada es que ahora todos critican a Sturzenegger por lo bajo, para no cuestionar el desacierto táctico del Presidente. Porque a la secuencia de reformas requeridas al Congreso la define el Presidente.


La lógica indicaría que sólo tres objetivos centrales debería perseguir el Gobierno a partir de ahora, con el horizonte electoral en marcha.


Un objetivo central de carácter político: la reforma electoral. Y dos de carácter económico: el blindaje al Banco Central, como reforma estructural clave, de largo plazo; y el Presupuesto 2027, como señal imprescindible para la coyuntura preelectoral.


Pero la ventana de oportunidad para las tratativas de Milei con el Congreso es muy angosta. La confirmación de la visita del papa León XIV la estrechó todavía más.


En tres meses, el país estará envuelto en la conmoción (inevitablemente política) de esa visita.
Las primeras declaraciones de los obispos argentinos, tras la ratificación del viaje de Prevost, anticipan ese debate: el modelo político y económico de Milei estará en el centro de una posible impugnación religiosa de primera magnitud global. Nada menos.


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