El ruido político nunca es cosa del pasado
¿Qué hay por detrás del rebrote inflacionario? ¿Nuevas expectativas políticas o inconsistencias propias del modelo económico?
Para explicar el rebrote inflacionario que le disgusta, el presidente Milei suele acudir a un argumento central: el proceso de estabilización económica venía a un ritmo adecuado desde el inicio de su mandato hasta que se topó con la primera campaña electoral.
De allí -según Milei- provino la crisis de confianza que generó una gigantesca corrida contra el peso, que se potenció con el triunfo del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires y sólo pudo ser coagulada con la intervención directa del Tesoro norteamericano y el triunfo del oficialismo en octubre pasado.
En otras palabras: el rebrote inflacionario de hoy es la consecuencia diferida de haber interrumpido con ruido político de alta toxicidad la velocidad crucero del proceso de estabilización.
La interpretación de Milei da por supuestas dos premisas. La primera es que el rebrote inflacionario se debe sobre todo a un ruido político de consecuencias larvadas, que hoy emergen. La segunda premisa que el Presidente da por sobreentendida es que el ruido tóxico es algo que ocurrió el año pasado.
¿Es así? ¿El ruido político que genera inestabilidad económica es sólo el que ya pasó? ¿Si fue dañino el de entonces, por qué sería inocuo el desorden de hoy?
Tras las elecciones de octubre, el Gobierno ocupó el centro de la escena y es la interna del oficialismo la que más desconfianza genera. La Casa Rosada niega esas tensiones del presente, contra toda evidencia.
Pero aun así: ¿y si el ruido y la desconfianza provienen de las expectativas futuras? Porque hay una nueva campaña en marcha, más decisiva que la de 2025. La anticipó el propio Milei al lanzarse dos años antes a la reelección. Incluso le avisó a los gobernadores: eviten desdoblar los comicios provinciales.
Axel Kicillof viajó a Europa para presentarse como candidato presidencial en un foro del progresismo residual convocado por el español Pedro Sánchez. Hubo dos hechos previos que le despejaron la ruta: Cristina Kirchner desnudó en su última comparecencia judicial la lenta degradación de su liderazgo político; su hijo Máximo desertó en la aventura de continuar al frente del PJ bonaerense.
Kicillof cree que el programa económico de Milei fracasará en lo político por su impacto recesivo en los grandes conglomerados urbanos y que la alianza del presidente con Trump declinará tras las elecciones norteamericanas de noviembre.
Mauricio Macri se ha lanzado a reposicionar el PRO. Su hipótesis de partida es diferente a la de Kicillof: cree que el programa de estabilización puede consolidarse, pero no con el estilo de gestión política de Milei.
Una segunda línea de dirigentes, en la que orbitan actores de distintas cepas de origen, se está moviendo para la construcción de un frente único contra la reelección de Milei.
Es una actividad con intrigantes conocidos: Miguel Pichetto, Guillermo Moreno, Emilio Monzó, entre otros.
Se reúnen en tertulias a imaginar algún candidato outsider en condiciones de emular aquel experimento que auspició Sergio Massa en 2023, con un panelista televisivo iracundo que luego se le volvió en contra.
Hay, para Milei, otra muestra nítida de cómo las expectativas para 2027 influyen hoy. El frente judicial se volvió tumultuoso desde el laudo a favor de su hermana Karina en el ministerio de Justicia. La Casa Rosada disfrutaba con las noticias sobre Claudio Tapia y Pablo Toviggino, pero ahora padece las referidas a Diego Spagnuolo, Mauricio Novelli y sobre todo, Manuel Adorni.
Son disgustos menos graves que otros de efecto estructural: la paralización judicial de la reforma laboral o la urgencia de un per saltum por el financiamiento a las universidades.
Doble velocidad
Ahora bien: además del ruido político, ¿hay que descartar cualquier tipo de inconsistencia endógena del programa económico?
El economista Ricardo Arriazu acaba de advertir que la transformación estructural de la economía puede destruir empleo más rápido que los esfuerzos para activarlo. En los grandes conglomerados urbanos residen empresas que crecieron al calor de incentivos que ya no están y migrantes internos que se trasladaron a donde existía ese empleo.
Arriazu no discute las cifras de consumo agregado en valores históricos, pero impulsado por rubros que no son los de consumo masivo. Hay un nudo, además, en la política monetaria: ese gasto se financió con crédito. La suba de tasas combinada con la estabilización del ingreso estranguló la capacidad de pago.
Asoma un debate que para Milei es urticante: el de la mitigación de los efectos negativos por la doble velocidad del modelo económico. Expansivo en energía, minería y agro; contractivo en industria, comercio y servicios no financieros.
Mitigación, remediación, compensación. Cualquiera fuese el nombre que se le ponga, para Milei sería intervención sobre el mercado. Arriazu sugiere revisar políticas activas. Resta saber si para el Presidente esas sugerencias son cantos de sirena y si para el mercado pesan más las expectativas políticas.
Parte de esas expectativas también provienen de la política exterior. De visita en Israel, Milei renovó señales de alineamiento nítido en el polo opuesto a Kicillof. La elección presidencial argentina muy probablemente se desarrolle con un resultado ya definido de la guerra actual en Medio Oriente y su efecto político en el electorado estadounidense.
Como si estas variables inciertas fueran pocas, el arzobispo de Buenos Aires, Ignacio García Cuerva, agregó en estas horas una más. Anunció: “Hay una gran posibilidad de que el papa León XIV llegue a la Argentina antes de fin de año”.
Para explicar el rebrote inflacionario que le disgusta, el presidente Milei suele acudir a un argumento central: el proceso de estabilización económica venía a un ritmo adecuado desde el inicio de su mandato hasta que se topó con la primera campaña electoral.
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