Habitando el umbral: una mirada a la adolescencia
Detrás de cada conducta preocupante hay una persona que hace lo mejor que puede con los recursos emocionales disponibles.
Natalia Mudarra*/ Mariana Cura de Dodds**
Hay un período de la vida en la que el ser humano experimenta transformaciones, comprometiendo diversos planos de su existencia, lo biológico, emocional, intelectual y lo social. Es un momento de transición, de interrogantes y oposiciones en el cual el adolescente pareciera que habita dos mundos al mismo tiempo, sin pertenecer enteramente a ninguno. No es completamente un niño, pero tampoco es adulto. Su cuerpo cambia, más rápido de lo que puede nombrar y comprender, sus emociones desbordan cualquier recipiente que intente contenerlas y las preguntas que lo habitan —¿quién soy?, ¿a dónde pertenezco?, ¿qué quieren de mí?, ¿qué quiero yo?— no tienen respuesta fácil ni inmediata. Es un periodo de crisis, en el que se interpelan modelos parentales y sociales, implicando la posibilidad de elaboración y construcción de un propio “proyecto identificatorio”.
Invisible, pero determinante
Desde el Psicoanálisis entendemos que la adolescencia es, ante todo, un trabajo psíquico. No es solo un periodo de cambios físicos —aunque esos cambios son enormes y a veces desconcertantes, generando nuevas representaciones y esquemas mentales de las situaciones externas y de sí mismo— sino una labor profunda e invisible que el joven realiza por dentro, una construcción que muchas veces ni siquiera él mismo lo nota.
¿En qué consiste ese trabajo? Arminda Aberastury, psicoanalista argentina pionera en el trabajo con adolescentes, describió con precisión este momento como una etapa de duelos, describiendo tres: el duelo por el cuerpo infantil perdido, el duelo por la identidad y los roles infantiles, y el duelo por los padres de la infancia.
Es imperante el tener que desprenderse de la imagen que tenía de sí mismo siendo niño.
El niño que fue ya no cabe en el cuerpo ni en el mundo que ahora habita, y soltar esa versión anterior de sí mismo implica un duelo genuino, tiene que aprender a tolerar más frustraciones, las esperas y contar cada vez más con su propia autogestión.
La segunda es la de abandonar, también con dolor, la imagen idealizada de sus padres: esos seres que antes lo sabían todo, que lo protegían de todo, que eran grandes y fuertes, ahora comienzan a mostrarse como personas comunes, con limitaciones reales. Ahora los padres ya no saben tanto, están desfasados y pueden ser molestos.
La tercera, y quizás la más exigente, es la de comenzar a construir una nueva manera de ser, una identidad propia, una manera de estar en el mundo que sea genuinamente suya y no solo un reflejo de lo que otros esperan de él. Es decir, esta transición está marcada por duelos por lo que va quedando atrás, por las certezas del mundo infantil que el adolescente debe abandonar, y esto lo sumerge en una crisis que puede llevar al sufrimiento y dolor. Los cambios y nuevas formas pueden ser vividas como pérdidas, pueden dar cabida a síntomas, malestares y sufrimientos que se evidencian en conductas o inhibiciones, así como en ideas, emociones y sensaciones que pueden llegar a reflejar incomodidad y malestar, afectando en algunas situaciones, su salud mental.
Lo que el síntoma intenta decir
Cuando un adolescente se encierra en su cuarto, cuando pierde el interés por situaciones que antes disfrutaba, cuando responde con monosílabos o estalla en rabia, cuando duerme demasiado o no puede dormir, cuando deja de comer o no puede parar de hacerlo… hay una tendencia en los adultos a interpretar todo esto como un problema de conducta o de actitud. Pero el Psicoanálisis nos invita a detenernos y preguntar algo diferente: ¿qué está intentando decir este joven con lo que hace?
Los síntomas son son la manera en que el psiquismo encuentra una salida cuando las palabras no alcanzan o cuando el mundo no ofrece el espacio suficiente para metabolizarlas. Un adolescente que se encierra puede estar diciéndonos que el mundo externo se siente demasiado amenazante cuando el mundo interno todavía está demasiado frágil. Un adolescente que desafía constantemente puede estar poniendo a prueba si el vínculo con sus figuras cercanas sobrevive al conflicto, es decir, si puede separarse sin que todo se rompa.
No hay un manual para entender cada conducta o cada situación, lo cual tampoco significa permanecer pasivos ante el sufrimiento. Significa recordar que detrás de cada conducta preocupante hay una persona que está haciendo lo mejor que puede con los recursos emocionales que tiene disponibles en este momento de su vida.
Algunas palabra para los adultos
A quienes acompañamos adolescentes —padres, docentes, terapeutas, coaches deportivos— este día nos convoca. Porque el bienestar mental de los jóvenes no ocurre en el vacío: ocurre en relación. Y esa relación depende, en gran medida, de nuestra disposición a estar presentes sin necesidad de tenerlo todo resuelto. A veces lo mejor que podemos ofrecer no es una respuesta, sino una pregunta genuina: ¿cómo estás? Hecha con tiempo, con silencio después, con verdadero interés en la respuesta. Sin el ímpetu de corregir, enmendar, redireccionar o sancionar.
Cuidar la salud mental de nuestros adolescentes no es protegerlos de la vida ni el otro extremo, dejarlos solos mientras la descubren. Es acompañarlos a habitarla con mayor plenitud, con mayor conciencia de sí mismos, con la certeza de que su mundo interior tiene valor y merece ser escuchado. El trabajo psíquico que realizan en estos años —silencioso, invisible, agotador— es uno de los actos más valientes que un ser humano puede llevar a cabo. Acompañarlo bien es, quizás, uno de los mayores regalos que podemos darles como sociedad.
* Psicoanalista de niños, adolescentes y adultos (APAP – ASOVEP)
** Psicoanalista, Miembro de la Asociación psicoanalítica de Buenos Aires, APdeBA. Directora del Departamento de Niños y Adolescentes APdeBA
Comentarios
Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.
Gracias y disculpas por las molestias.
Comentar