La política como entretenimiento en contextos de audiencias saturadas

La oposición desgasta al oficialismo pero no construye una alternativa. El Gobierno destruye pero escucha y niega todo con soberbio cinismo

Por Lucas Arrimada*

Cartel publicitario de “Ciudadano Kane” de Orson Welles, 1941.

Las audiencias se reducen saturadas.

1. Entretenimiento sin salida

La política fue transformada con la aparición del cine, la radio y la televisión así como cambió en la década pasada con las nuevas plataformas de publicidad que llamamos redes sociales. Lo supo muy bien Orson Welles, productor del Teatro Mercury, cuyos radioteatros acercaban a las masas clásicos de la literatura. En 1938, con su versión de “La guerra de los mundos” de H.G. Wells, generó un pánico tan mítico que es parte de la historia de los medios.

Al pasar de la radio al cine con “Ciudadano Kane” (1941) Orson Welles representó magistralmente, en plena segunda guerra mundial, varios de los actores y prácticas de la vida política del siglo XX. Así retrató: los cesarismos personalistas en la política y en los negocios, a una elite que dice proteger a los ciudadanos pero los traiciona y abandona, una ética periodística llena de principios públicos y prácticas privadas, entre populismo y sensacionalismo; todo a través del narcisismo del magnate Charles Foster Kane.

Especialmente después de 1945, el mercado editorial, la prensa escrita, crecerá como las democracias con sus audiencias. Hace tiempo esa tendencia cambió. Como hemos afirmado ya en este espacio, las audiencias de la política democrática se están achicando. Hoy toda la clase política se autoengaña con sus streamings y se cree sus propios números inflados. La oposición no hace sino reforzar el clima de época que la marginaliza dado que no logra frenar ninguna de las medidas del Gobierno, incluso las más autolesivas e inconstitucionales.

La fragilidad del Gobierno es constitutiva, su naturaleza flexible y mimética. La oposición desgasta pero no se construye como alternativa. El “show anticorrupción” ya saturó a las audiencias. Simplemente cansó. Es un entretenimiento para una elite moral cada vez más pequeña, para una clase media en extinción. 

La moralización de la política en contextos de mera supervivencia empeorará todo. La oposición parece despreciar el poder y la gestión nacional. Quiere ser una minoría virtuosa, mirarse en el espejo sin ver el caos creciendo. Su única apuesta es la autoderrota del Gobierno y no ofrece un plan alternativo.

La clase judicial clásica, representada en la Corte, también está en problemas y por eso hace recomendaciones a procesos que de diferentes maneras reformó con acuerdos políticos, silencios y enfrentamientos en 2006, 2013 y 2021 respectivamente.

El poder judicial es un espacio de teatralización y distracción desde hace décadas. Mientras sus pares se reúnen con Macri sin su presencia, el Presidente de la Corte se sube a escena para llamar la atención en búsqueda de titulares. Nunca dictar una sentencia que limite al poder ejecutivo sin freno. El viejo populismo judicial que inauguró otro santafecino.

2. Rosebud y el abandono de la sociedad

La oposición no parece interesada en reconectar con las mayorías. El Gobierno destruye pero escucha, ajusta a las mayorías pero mantiene una conexión extraña con ellas, incluso con los más afectados como jubilados, jóvenes y poblaciones del interior profundo. La desconfianza con la clase política tradicional sin proyecto sigue vigente.

La confrontación ficticia con “la casta” y con “los periodistas” fortalece a un Gobierno que llegó motorizado por resentimientos sociales al poder establecido. A ese “show anticasta” la oposición le contesta con un trillado “show anticorrupción”. Justamente a un Gobierno con acuerdos judiciales cada vez más explícitos y con gimnasia en el teatro de la negación cínica. La soberbia de los humillados volvió a la escena del Congreso. Todavía no vimos la desesperación de los acorralados, el salto al vacío, el momento quizás más peligroso.

La diferencia entre dichos y hechos es un clásico de la política hipócrita. Así el protagonista de “Ciudadano Kane” sufre ser descubierto en una infidelidad matrimonial en plena campaña a Gobernador después de presentarse como un estandarte moral. Paga su error muy caro y la derrota lo jubila.

Esos son los límites del discurso moralista de la oposición. El honestismo vacío de De la Rúa y la banelco posterior. Discursos hipócritas y prácticas cínicas.

El cinismo del actual gobierno no tiene reflejo en la hipocresía del protagonista de Ciudadano Kane aunque sí en su historia personal de carencias afectivas y en la actual democracia de las emociones negativas. Tarde o temprano el pueblo se reconocerá como aquel niño abandonado por sus padres a su ego autodestructivo y vendido a las corporaciones.

* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.


Cartel publicitario de “Ciudadano Kane” de Orson Welles, 1941.

Las audiencias se reducen saturadas.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios