Los ayatolás se burlan de Trump 

A menos que el régimen yihadista iraní sea reemplazado por uno laico y democrático, la existencia de Israel corre peligro.

Por James Neilson

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el mandatario estadounidense Donald Trump.
Fotos: Gentileza.

Ted Cruz, el senador republicano de Texas, resumió muy bien lo que muchos piensan del pre-acuerdo con Irán de Donald Trump cuando dijo que “la historia nos enseña que entregar miles de millones de dólares a lunáticos teocráticos que quieren asesinarnos es una idea profundamente insensata”. Es que, como muchos de sus compatriotas, Trump cree que en todas partes la gente piensa del mismo modo. Por eso dio por sentado que, luego de destrozar la economía iraní, podría obligar a los ayatolás y a los líderes de la Guardia Revolucionaria a firmar un acuerdo en los términos estadounidenses.

Sin embargo, para la evidente perplejidad de Trump, los iraníes están hablando como si estuvieran convencidos de que, a pesar de la destrucción de la mayor parte de sus activos militares y de que sus enemigos apenas sufrieron bajas, ganaron la breve guerra contra Estados Unidos e Israel y ahora tienen derecho a cosechar los frutos de su victoria.

A menos que Trump decida que no le conviene permitir que los teócratas iraníes conviertan una derrota militar contundente en un triunfo geopolítico, gran parte del mundo seguirá aceptando la interpretación iraní de los hechos. Dará por descontado que el régimen ha tomado control de la economía mundial y que por lo tanto se ha vuelto más poderoso de lo que había sido antes de la última ronda de combates.

Israel es el país más perjudicado por la negativa de Trump a terminar el trabajo que empezó. Al insistir en que cualquier acuerdo de paz debe incluir a Hezbolá, Hamas y otras organizaciones yihadistas, los ayatolás han creado una profunda brecha entre Estados Unidos y su principal aliado en Oriente Medio. También han logrado explotar la vanidad de Trump al afirmar públicamente que se dejó engañar por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Como fue de prever, Trump cayó en la trampa que le tendieron y acusó a su antiguo amigo de conspirar contra él para deshacer el «acuerdo de paz» que a su entender le permitirá concentrarse en las próximas elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos.

Huelga decir que Netanyahu, que enfrenta elecciones en su propio país, no es el único israelí que piensa que Trump acaba de cometer un grave error estratégico. Incluso quienes desean la salida del poder de “Bibi” coinciden en que, a menos que el régimen yihadista iraní sea reemplazado por uno laico de convicciones más democráticas, la existencia de Israel correrá peligro.

A los ayatolás les gusta decir que Israel es un país “de una sola bomba” que difícilmente sobreviviría a un ataque nuclear, a diferencia de Irán, que es lo suficientemente grande como para mantenerse intacto, como sucedió con Japón tras Hiroshima y Nagasaki.

Para los occidentales, entre ellos Trump y la mayoría de los miembros de su círculo íntimo, es francamente inconcebible que los líderes iraníes crean que les valdría la pena arriesgarse a un devastador contraataque israelí para librar al mundo de un enemigo al que odian por motivos teológicos. En Europa y América del Norte, la mayoría se resiste a entender que los fanáticos religiosos que han gobernado Irán durante casi cincuenta años no comparten el sistema de valores que los occidentales dan por universal, en el que el bienestar de las personas debe primar sobre todo lo demás.

La incapacidad para comprender este hecho fundamental, sumada a la ignorancia histórica, podría tener consecuencias desastrosas para nuestra civilización. El antisemitismo militante se está intensificando entre políticos occidentales que creen que sin Israel les resultaría mucho más fácil coexistir con las crecientes comunidades musulmanas que existen actualmente en la mayoría de los países europeos y en algunas partes de Estados Unidos.

Pasan por alto el hecho de que, si bien la hostilidad hacia Israel en el mundo musulmán tiene sus raíces en lo ocurrido hace 1400 años en la península arábiga, en su forma actual se basa en la percepción de que el Estado judío es simplemente un puesto avanzado occidental que los islamistas deberán superar antes de atacar las partes más vulnerables de Europa y, finalmente, Estados Unidos.

Para la mayoría de los occidentales, todo esto puede parecer ridículamente descabellado, pero hay millones de hombres y mujeres inteligentes y capaces que piensan así y están plenamente dispuestos a actuar en consecuencia. Para ellos, lo que ven como la rendición de Trump ante los teócratas iraníes es una señal de que están ganando la larga guerra, que por ahora es en gran medida psicológica, contra el Occidente que, a pesar de su inmenso poder militar y económico y sus notables recursos intelectuales, propende a tener una visión tan pesimista de su propio destino colectivo que, en ocasiones, parece resuelto a suicidarse.


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