“Va, pensiero”, una canción, un pueblo




Sergio Barotto

Abogado, presidente del Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Río Negro .

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El pueblo italiano, que en la época vivía bajo el dominio austríaco, se manifestó identificado con la referencia histórica presentada en Nabucco


El 9 de marzo de 1842, es decir, hace hoy 180 años, se estrenaba en la Scala de Milán la ópera Nabucco, con música y letra de Giuseppe Verdi, junto a Temistocle Solera.

Al unísono, comenzaba a convertirse en un canto universal una de sus canciones: “Va, pensiero”, cuyo incipt completo es: “Va, pensiero, sull’ali dorate”, que significa “Ve, pensamiento, sobre alas de oro”. El tema también es conocido como “Coro de los esclavos hebreos”.

Esa ópera convirtió a Verdi en un compositor de sumo prestigio en el siglo XIX y, temáticamente, rememora, bajo inspiración del Salmo 137 del Viejo Testamento, el exilio de los hebreos en Babilonia después de la pérdida del Primer Templo en Jerusalén, en el año 586 a.C..

El pueblo italiano, que en la época vivía bajo el dominio austríaco, se manifestó identificado con aquella referencia histórica presentada en Nabucco, en tanto ambos pueblos anhelaban la soberanía y unidad nacional. Va, pensiero trata sobre el exilio y la nostalgia por la tierra natal. Una de sus frases, “¡Oh mia patria sì bella e perduta!” (en español “ ¡Oh patria mía, tan bella y perdida!”) anidó fuertemente en los corazones de los patriotas italianos. Tales palabras, y otras del poema musicalizado, parecían fabricadas a la medida para que el pueblo nacionalista italiano se reconociera en el sentimiento de opresión del pueblo hebreo y, consecuentemente, para que vinculara la invasión babilónica sufrida por aquellos, a la del imperio austríaco respecto de Italia.

Desde algunas corrientes de la historiografía se afirma que “Va, pensiero” debe ser considerada una suerte de grito de guerra de los italianos contra diferentes dominios extranjeros, conflictos que culminaron en 1861, donde Italia se formalizó como país unificado frente al resto de Europa, tras haber estado dividida desde la caída del Imperio Romano de Occidente. Tal proceso de reunificación es conocido como el Risorgimento.

La influencia cultural, política y social del coro del tercer acto de Nabucco se ha mantenido vigente a lo largo de estos 180 años. Así, en 1981 un grupo intelectual propuso sustituir el himno nacional de Italia por “Va, pensiero”, idea que fue discutida en la sociedad del país, aunque no prosperó. Un partido político italiano la entona en todos sus actos.

Hay miles de versiones del tema; la ha cantado Pavarotti y también Fito Páez; instrumentalmente, la han tocado grupos de cumbia y la London Philharmonic Orchestra.

Muerto Verdi en 1901, a lo largo del cortejo funeral en las calles de Milán, los transeúntes formaron espontáneos coros al son de “Va, pensiero”. Un mes después, cuando fue enterrado junto a su esposa, un joven Arturo Toscanini dirigió a ochocientas personas que entonaron el himno.

La canción original es vocalizada solo por un coro; sin soprano ni tenor destacados de aquel; “senza stelle” (sin estrellas); solo pueblo, unido por una melodía magistral y versos motivadores. ¿Característica solo artística?, ¿mensaje político implícito?. Las respuestas anidaban en la mente de Verdi; nunca se sabrán; por suerte, en tanto esas dudas potencian la valía de la obra.

Desafío lúdico al lector: hágase de una versión acorde a su preferencia musical -el abanico de posibilidades disponibles es casi ilimitado-, escúchela con buen sonido, y trate de no emocionarse. Le apuesto a que le costará esfuerzo el lograrlo.

Ahora, si su pecho se estruja o alguna lágrima pugna por brotar (aún cuando no entienda la letra), sepa que esas sensaciones lo hermanan con millones de seres humanos que, durante 180 años, han experimentado igual brisa en su alma gracias a “Va, pensiero”, hija dilecta del talento imperecedero del gran Giuseppe Verdi.


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