Otra vez sopa
El deterioro creciente de la educación pública conlleva una profundización de la desigualdad social.
Neuquén
Héctor mauriño vasco@rionegro.com.ar
Otra vez sopa. La historia de los paros docentes que impiden el inicio de las clases o la de los problemas edilicios que entorpecen el normal funcionamiento de las escuelas son un lugar común en el calendario local. Tan común que en la última década la mitad de los ciclos lectivos comenzaron con dificultades o, mejor dicho, no lo hicieron en tiempo y forma. En el 2004 el inicio de clases se vio obstaculizado por problemas edilicios en las escuelas. En el 2006 y el 2007 se demoró por paros de ATEN (fue el año del asesinato de Fuentealba). En 2008, el ciclo empezó normalmente pero en el año hubo 20 días perdidos por medidas de fuerza. En el 2009 no pudo comenzar a tiempo por los paros. En el 2010, el 2011 y el 2012 las clases se iniciaron normalmente, pero luego hubo medidas de fuerza de los auxiliares de servicio primero y de los docentes después. El paro del 2005 duró 40 días; el del 2006, 38; el del 2007, 37; el del 2010 y el del año pasado, 39 días cada uno. La estadística arroja prácticamente un ciclo lectivo perdido en una década. Este año el inicio se ve otra vez demorado por un conflicto salarial. Esta semana ya se perdieron dos días y la próxima se sumará otro. El fracaso de la mesa de negociación del viernes por intransigencia de las partes no deja muchas esperanzas en lo inmediato. El resultado de este cuadro crónico es conocido: pérdida irrecuperable de contenidos, desilusión y desencanto creciente de los chicos; padres sumidos en la impotencia por un problema que no les está dado resolver; deterioro creciente de la educación pública y profundización de la brecha social. En este estado de cosas no parece haber inocentes. Embarcado en una defensa a ultranza de un interés sectorial y embargado por cierto tremendismo ideológico, el gremio exhibe un descompromiso creciente con la educación pública que dice defender. Si a través del tiempo su accionar no ha logrado mejorar de manera duradera la situación de los docentes, tampoco ha contribuido a sostener una educación igualitaria, aunque se haya propuesto lo contrario. Frente a la intransigencia miope de la conducción gremial está el desinterés también creciente de los gobiernos, que con malos o buenos modales han terminado por renunciar a la búsqueda de una solución duradera y han optado una y otra vez por jugar al desgaste del sindicato docente. Todo con consecuencias negativas para los chicos y sus familias. En el 2013 el gremio tensó la cuerda al límite y se quedó con las manos vacías, y este año parece ir por la revancha. El gobierno, que el año pasado obtuvo una victoria pírrica –se perdieron dos meses de clases–, está convencido de que el sindicato le quiere “correr el arco” y parece jugar a un nuevo desgaste. En este esquema, donde imperan formas solapadas de extorsión y un culto soterrado al imperio de la fuerza, pareciera que no existiera interés común. Al no haber límites para hacer daño, los propios protagonistas terminan siendo víctimas de las consecuencias. En este círculo vicioso, las familias que pueden costear una educación privada lo hacen aun con grandes sacrificios y las que no pueden hacerlo tienen que conformarse con una educación de segunda. Así, en lugar de conservar su sentido igualador, hondamente democrático, la enseñanza tiende cada vez más a producir ciudadanos de primera y de segunda. En suma, a profundizar las diferencias sociales. “Ya que no podemos cambiar el mundo, cambiemos de tema”, decía Mafalda. Quien se ofreció esta semana como ‘prenda de paz’ para la transición en el interior del MPN fue Jorge Sobisch. Los mandatos de las autoridades partidarias caducan en septiembre próximo y en poco tiempo más habrá que fijar fecha para la interna, de ahí el desinteresado ofrecimiento del exgobernador para seguir al frente del partido, “si hay consenso”. Sapag ya ha dado a entender que irá por la presidencia del partido y Pereyra, hoy por hoy el gran retador, insinuó que no se quedará de brazos cruzados. Pero teniendo en cuenta que ninguno de los dos dio aún el primer paso, y dando por hecho que Sapag tiene demasiados frentes abiertos y el petrolero mucho trabajo con su nuevo chiche en el Senado, el ofrecimiento de Sobisch despertó la sospecha de un gran acuerdo tripartito para que todo siga igual. No se sabe cómo recibió la oferta Pereyra, aunque se descarta que está dispuesto a dar todas las batallas. Pero las consultas en el entorno de Sapag dieron cuenta de un rechazo total. “El partido es importante para el 2015 y no se lo vamos a regalar ni a Pereyra ni a Sobisch”, dijeron, allá en las alturas. Reiteraron que el candidato “puede ser el propio Sapag”. El proyecto de endurecer la prisión preventiva anunciado por Sapag en su discurso legislativo levantó cierto oleaje en el Poder Judicial. El presidente del Tribunal de Impugnación, Richard Trincheri, acusó al gobernador de “estar tratando de influir sobre los jueces para que sean más severos”. Eso y decirle que es partidario de la mano dura, si no lo mismo, es parecido. Para mayor disgusto del mandamás provincial, Trincheri rescató la propuesta con aroma garantista de Ana Pechen: requerir más políticas públicas por parte del Estado para contener el delito. Luego, para colmo, el titular del bloque oficialista, José Russo, sembró más dudas. El hombre del círculo exclusivo explicó que Sapag rescata el nuevo Código Procesal Penal y sólo piensa que es necesario “dar más herramientas a los jueces” para que sean más severos con los autores de crímenes violentos. “Seamos garantistas con los que delinquen y también con las víctimas”, razonó. No son pocas las veces que el ciudadano común tiene la impresión de que entre los funcionarios del Ejecutivo y los jueces se tiran la pelota.
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