Paco Ignacio Taibo: «México pone la sangre para que Estados Unidos
Pasó por Buenos Aires en el marco del Foro por la Emancipación e Igualdad y debido a su reconocida formación intelectual se convirtió en una de las figuras excluyentes del encuentro incluso para quienes no comulgan con su ideario de izquierda.
Entrevista al ensayista mexicano
-Sangra su México…
-Y sangra mucho. Un horror, sí, sí.
-¿Cómo salir de ese lugar, de ese charco?
-No depende del pueblo mexicano. Si aceptamos que este río de sangre está directamente relacionado con el narcotráfico, bueno… la respuesta no es compleja. Comienza por mirar a Estados Unidos. Ahí está el grueso, el todo de la tanta sangre mexicana que hoy hace de México tanta tragedia. No hay mucha vuelta que dar para explicar esto: Estados Unidos es el mayor consumidor de droga del mundo, ¡el mercado de los mercados! Como Estado, se asumen como excluyente estandarte en la lucha contra la droga; por debajo, como realidad socioeconómica, consumen y consumen. Y, al consumir, alientan la producción… fuera de su frontera, claro. Hoy México pone su sangre para que Estados Unidos tenga su droga. Hay mucha hipocresía en Estados Unidos a la hora de reflexionar esto, porque está claro que el narcotráfico alimenta otros negocios, no ya el lavado, sino en términos de exportaciones norteamericanas.
-¿Cuál negocio?
-Las armas, por darle un caso. Las armas con las que son asesinados cientos de miles de mexicanos por año son americanas, de los sistemas más modernos que genera la industria bélica de Estados Unidos. Tampoco en esto hay misterios para poder explicar con qué se mata en México. Y hablo de armas de última generación, no de rifles remanentes de la Revolución Mexicana. Y en México, claro, la complicidad política, estatal, policial. Hay toda una burocracia, poderosa, que se conjuga en la práctica para favorecer el narcotráfico. Un esquema de poder al cual no es ajeno, por supuesto, el poder económico. Insisto: ¡no hay ningún velo denso, muy tramado, que impida saber cómo funciona el narcotráfico!
-¿Esa insistencia dice que si el año próximo le volvemos a preguntar sobre el tema usted nos volvería a responder en estos términos?
-Claro. Eso. Porque no es dable esperar que esto se modifique si no hay, fundamentalmente por parte de Estados Unidos, un cambio en cómo está situado, en tanto poder, ante el narcotráfico como negocio.
-México, como el grueso de América Latina, es, desde una mirada larga y sincera de su historia, historia recorrida por mucha sangre. La Revolución Mexicana, por caso y con los largos coletazos que tuvo en el tiempo, costó un millón de muertos. La masacre de estudiantes en Tlatelolco -1968- son tumbas que hablan y siguen hablando, como la desaparición de miles de cientos de campesinos en el último medio siglo. Ahora, la desaparición de estudiantes de Ayotzinapa. Y la violencia narco, además. ¿Qué dato -si es que lo hay- habla de cambio de percepciones, de miradas de la sociedad mexicana sobre toda esa historia?
-No puedo hablar de la sociedad como tal. Pero sí del inmenso México, su mayor porción, que es blanco predilecto de tanta violencia. O sea de los sectores populares, que siempre son los más expuestos por la pobreza, por la precariedad en que transitan sus vidas, la ausencia de posibilidades de cara al futuro… y todos los etcéteras imaginables. Ese México está reaccionando. La desaparición de los estudiantes activó un protagonismo creciente y creciente en el conjunto del país. Hemos salido a la calle y digo «hemos» porque yo también salí y salgo, bajo un único grito o, si se quiere, consigna nacida desde abajo: «basta, basta»…
-Me recuerda a la última homilía de monseñor Romero, en El Salvador, en la capilla de un hospital…
-Sí, sí, minutos antes de que lo asesinaran… «¡Basta de matar, basta de matar!». Así es ahora en México.
-¿Por qué desaparecer o asesinar a estudiantes normalistas?
-Porque molestaban a poderes locales.
-¿No está implicado el gobierno federal de Peña Nieto?
-No directamente; es decir, no en la práctica. Pero esta historia recién comienza en términos de investigar, desmalezar lo ocurrido.
-¿Y qué quiere decir, en relación con el gobierno federal, que recién comienza?
-Que no sabemos con qué se encontrará la historia. Vale sí la sospecha de que hubo inacción de algunos factores de poder; el ejército, por caso. Porque, de hecho, los normalistas venían sufriendo presiones, persecuciones, violencias de distinto tipo, desde mucho tiempo atrás.
-Se nos quedó una pregunta: ¿por qué a los estudiantes normalistas?
-Porque trabajaban con un sector muy rezagado de la sociedad mexicana: los campesinos. Los estudiantes normales rurales expresan toda una política de los tiempos del presidente Lázaro Cárdenas destinada a ayudar a la formación de los campesinos. Política que irritaba a muchos factores de poder, como al alcalde y su mujer, que están acusados del secuestro de los estudiantes y de las bandas que hicieron el trabajo sucio. Tampoco en este caso hay que encarar mucha complejidad para saber de responsabilidades…
-Al «basta de matar», en tren de calle la gente reclama «¡aclarar, aclarar!». ¿Ese reclamo va directo a Peña Nieto?
-Y va con mirada dura, dolorosa pero firme.
-Qué tema intenso es México en la historia de nuestro continente. Hubo un intelectual argentino muy digno, valiente, que decía que quizá «México sea más un relato que un país». Se llamó Silvio Frondizi. No era hombre de lo peyorativo…
-¡Claro, claro! ¡Cómo no voy a saber de él!
-Entonces, ¿relato o país?
-En tren de ironía, las dos cosas juntas. Inseparables. Como lo es cada uno de los países del continente.
-¿Exuberancia en materia de realidades, contradicciones, extremos?
-¡Pueblos, pueblos con lo suyo, con historias abiertas, cerradas, con desgarros, dolores, luchas, décadas abiertas al relato, a escribir, a contar!
-Usted ha escrito toneladas sobre estas sociedades. ¿Abruma el cómo comenzar a contar?
-Arrancar, arrancar. No hay otro método que arrancar. Parar. Leerse. Seguir. El método es uno y uno. No hay nada mágico: arrancar. Entrar en el tema tampoco es nada complejo. Está en la calle, en el día a día, en la mirada inquieta que se posa en ese día a día. Todos los días hay historias, todos. Así voy por mis novelas, de esa manera. Como también por la historia… así.
carlos torrengo
carlostorrengo@hotmail.com