Pagar para trabajar
DISCUSIÓN SALARIAL
Y se está batiendo el récord, nomás: nunca en estos últimos años se tardó tanto en acordar salarios en paritarias.
Pero como cada día hay una nueva presión surgida desde el propio gobierno, ahora aparece la intención de convertir en irrisorio el porcentaje de aumento para el ciclo 2015, el de su inevitable despedida.
Dicen que la presidenta Cristina Fernández pretendería un guarismo inferior al 30%, aunque sea una décima por debajo, cosa de que el número 3 no aparezca como un fatídico fantasma que recuerde la inflación galopante.
Pensamiento de almacenero, con respeto absoluto con reverencia incluida por los almaceneros y su estrategia barrial que buenos frutos les dio históricamente.
Jamás se aconseja poner en la pizarra de los precios un número redondo: si el valor de un producto es de 10 pesos, la idea consiste en resignar unos centavos y poner bien grande 9 y, tras la coma, en tamaño mucho menor, colocar 90 ó 99.
El impacto visual y psicológico es más moderado y la tentación de ir por ese producto se genera de manera inversamente proporcional.
Lo mismo parece ocurrirles a Cristina Fernández y sus cuates con el tema de la inflación. Creen que poniendo menos de 30, la gente, ingenua como se la considera desde la cúspide del poder, va a convencerse de que el índice de precios está en el nivel que ellos pretenden.
Porque, claro está, la administración sabe perfectamente que la inflación real el año pasado superó ese límite, aunque quiera convencer a todo el mundo de que el Indec tiene razón.
¿El año pasado? Claro, hay que recordar que lo que se está discutiendo es la recuperación salarial del ciclo que venció en diciembre.
Desde hace largo tiempo en materia salarial lo que se debate es el parche sobre la herida y no la prevención, de allí lo dificultoso de las negociaciones. Hablando en plata y resumiendo, los bolsillos de los asalariados están padeciendo la pérdida del 2014 y ya un cuatrimestre del 2015.
En lo que va de este año, el aumento en los precios pareció morigerarse respecto del período anterior pero, en definitiva, entre lo que pasó y lo que está pasando no es un desatino pensar que el impacto inflacionario está en derredor del 45/50%.
Así no hay economía que resista, y menos las personales, a pesar de que en algunas actividades la dirigencia sindical ha logrado anticipos a cuenta que, obviamente, son pan para hoy y hambre para mañana.
Ya cada vez hay más seguridad de que el gobierno actual quiere terminar su larga etapa como lo dicta su ADN: imponiendo.
Por ello ministros, funcionarios y otros asalariados gubernamentales (mejor dicho, del pueblo que paga sus impuestos) recitan la cantinela que les ordenan desde Balcarce 50, incluso aquellos que han percibido jugosos honorarios de los sindicatos y se presume deberían al menos conservar un mínimo de recuerdo, lealtad y consideración por quienes, en definitiva, han contribuido a su bienestar. Claro, es mucho pedir. Se sabe cómo funcionan las cosas cuando se cambia de lado en el mostrador del poder.
Pero como todo tiene retorno en la vida, ya son varios los gremialistas que están pasando o confeccionando la factura a aquellos olvidadizos.
No obstante, como para los reproches y las represalias políticas siempre hay tiempo y oportunidad, los dirigentes sindicales están hoy más preocupados por calmar a sus bases, que les reclaman cada día en voz más alta. Y en esa tarea incluyen la posibilidad de salir a la calle con las garras afiladas.
Es que a este ritmo sus representados empiezan a preguntarse, con esta morosidad en el aumento de sus sueldos, la inflación que no cesa y la influencia de otras minucias -como el Impuesto a las Ganancias-, si se está acercando el día en que habrá que pagar para trabajar.
Luis Tarullo
Analista DyN
Luis Tarullo