“¿Para qué marchan los veteranos de guerra?”

Redacción

Por Redacción

La distancia que separa la costa continental de las Islas Malvinas es apenas menor que la que une la capital neuquina con Villa La Angostura. Año a año sus ilegítimas autoridades nos informan que viven allí alrededor de 3.000 personas que se sienten británicas, que la mitad de ellos son militares, que la economía local se basa en la pesca y que constantemente sopla el viento sobre la turba.

Lo que los informes deliberadamente omiten es que también vive allí el pulso de una nación que desde hace más de 180 años consagra esfuerzos diplomáticos –y en algún momento también bélicos– para revertir una violenta usurpación. Tampoco nada dicen sobre la vieja y constante explotación ilegal de los recursos naturales argentinos en un mundo donde los alimentos y las energías serán cada vez más escasos.

Es por esto que Malvinas es mucho más que unas islas y una guerra. Es territorio de memoria, de palabra y silencios que desnudan las virtudes y las miserias de una nación sudamericana que avanza hacia su porvenir buscando el fruto más preciado que la diplomacia le podría dar. Es el pasado, el presente y el futuro de un país que aún no sabe que sus legítimos derechos serían justicia si se asumiera que las bases militares inglesas más grandes que tiene el hemisferio sur son las que están emplazadas dentro de la propia ignorancia nacional.

Días atrás una comitiva compuesta por Pérez Esquivel y Nora Cortiñas visitó las islas y más tarde fue recibida en Buenos Aires por representantes de la Comisión nacional de Familiares de Caídos en Malvinas. El hecho, junto con la gran marcha que hicieron veteranos y familiares de caídos hace apenas dos semanas, fue tímidamente cubierto por los medios de comunicación, más ocupados por cierto en otros temas de agenda. ¿Para qué marchan “los malvineros” hoy?

Reclaman para que el PAMI no corte las prestaciones que brinda a sus beneficiarios, entre los que se encuentran los veteranos por ser titulares de pensiones nacionales.

Solicitan que el Estado nacional defina de una vez por todas quiénes participaron –o no– en la guerra. Es inadmisible que después de tanto tiempo aparezcan y desaparezcan veteranos en los padrones oficiales como si se tratara de un número de magia circense.

Claman para que los restos de quienes están allí enterrados no sean trasladados al continente en el marco de los trabajos de identificación de personas que la Cruz Roja está comenzando a implementar.

Luchan para que los argentinos podamos viajar a las islas sin tener que usar el pasaporte, y para que la celeste y blanca por lo menos flamee en el cementerio donde yacen los caídos argentinos.

Denuncian la militarización británica del Atlántico Sur, y los vuelos que desde Brasil abastecen el archipiélago contrariando lo acordado en el marco del Mercosur y la Unasur.

Para resumirlo: luchan contra la desmalvinización… ¿y qué es eso? La confusión entre la guerra y la causa, el ocultamiento posterior al ‘82 sufrido por los protagonistas de esta historia de larga diplomacia, de batallas, perplejidad, sufrimiento, profesionalismo, improvisación y valentía.

¿Hablar de Malvinas es estar a favor de la última dictadura? ¿Los veteranos son los “chicos de la guerra”? ¿Está bien usar el pasaporte para viajar a las islas? ¿Los soldados enterrados en el cementerio de Darwin son NN? Múltiples preguntas para una sola respuesta: no.

Es por esto que hoy más que nunca debemos conocer tanto los fundamentos de nuestro legítimo reclamo de soberanía como los nombres de los eternos centinelas provinciales que el viento aún susurra sobre la turba.

Lic. Mario L. Flores Monje

Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas de Neuquén

Lic. Mario L. Flores Monje

Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas de Neuquén


La distancia que separa la costa continental de las Islas Malvinas es apenas menor que la que une la capital neuquina con Villa La Angostura. Año a año sus ilegítimas autoridades nos informan que viven allí alrededor de 3.000 personas que se sienten británicas, que la mitad de ellos son militares, que la economía local se basa en la pesca y que constantemente sopla el viento sobre la turba.

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