Para seguir jugando
Marisol Misenta, Isol para los conocidos, es ilustradora y autora de adorables cuentos para grandes chicos y chicos que ya son grandes.
La multipremiada ilustradora y escritora para chicos Isol, que rompió el récord de ventas en la última Feria del Libro de Buenos Aires con su novedoso libro álbum “Nocturno”, desmonta los lugares comunes de los textos infantiles: “Lo que hago puede ser para chicos sin dejar afuera a los adultos”, explica. Influenciada por la terrible “enfant” argentina Mafalda, que cuestionaba lo establecido, y por la tradición historietística de Fontanarrosa, Caloi y Oski, Isol –observadora sensible de la cultura actual– critica la rigidez establecida en el universo adulto con un estilo único de dibujo, con nuevas técnicas y con diálogos “para nada inocentes” entre imagen y texto. “Critico lo institucionalizado, lo que no cambia, lo rígido, lo que no se puede cuestionar”, dice sobre la construcción de sus obras para chicos (y no tanto). Marisol Misenta, alias Isol (Buenos Aires, 1972), hace un libro por año. Sus trabajos fueron publicados en varios países y traducidos a ocho idiomas e incluso ilustró “El cuento de Auggie Wren” de Paul Auster. Fue reconocida en todo el mundo con el Premio Golden Apple en el 2003 y finalista del Premio Hans Christian Andersen en el 2006 y el 2007 y quedó seleccionada entre los cinco ilustradores más destacados internacionalmente. Esta autora, madre primeriza hace seis meses, admite tener a su propia niña interna “muy fresca”. “Uno tiene que seguir jugando, si no no puede crear. Hay que salir de lo que uno ya conoce, mirar lo que ya vimos cien veces como si uno fuera un extraterrestre y chocarse más con las cosas”. –¿Qué lugar ocupan los niños en la sociedad actual occidental? –Los chicos –dice la artista– conviven con lo mismo que nosotros, comparten este mundo, entonces es raro pensarlos en un lugar diferente; perciben muchas cosas antes que uno y sobre uno. Con esta concepción con la que Isol supo construir su pequeño imperio ya creó más de 20 libros objetos que se distinguen no sólo porque divierten a los más chicos sino porque también los lectores grandes son inducidos a encontrarse con ese ser curioso, inocente y desprejuiciado. Ejemplo de ese encanto ilustrado, divertido y movilizador es “La bella Griselda” (2010), donde Isol “extrañó y literalizó” un lugar común, ese de “la gente pierde la cabeza por esa chica”. Y dice: “Me divierte trabajar con citas que se dicen sin pensar. Aunque parezcan inocentes, son construcciones que tienen una carga”. La mochila cultural, en este caso, es que “todas las nenas quieren ser princesas, todas quisimos y yo también. Esta idea de que la princesa siempre es la más bella, no se sabe a qué se dedica pero todos mueren por ella, en realidad ¿qué tipo de poder es? ¿Qué hacés con eso?”, cuestiona. Su princesa, entonces, hace que los hombres pierdan la cabeza pero “literalmente”, y mientras los reinos se van quedando acéfalos Griselda empieza a sentir la soledad hasta que llega el príncipe más miope de la comarca. En “Petit, el monstruo” (2007) Isol le da una vuelta de tuerca a “lo que está bien y lo que está mal”. Allí su pequeño protagonista “se da cuenta de qué está mal por lo que le dicen los demás. Entonces, si dice una mentira está mal, pero si inventa un cuento está bien”. “Secreto de familia” (2003) muestra el estupor de la niña ante la hipótesis de “ser rara, de que su familia sea diferente y de no ser como se debe” y de forma sutil plantea en este relato que los adultos “vivimos encerrados en ese deber ser. La publicidad trabaja sobre la inseguridad de uno por no entrar en un target determinado. Y eso se construye”, reflexiona. Con sus cuentos, dice Isol, los chicos “se mueren de risa y los padres se liberan mucho. Propongo que nos riamos un poco más. Es mejor convivir con todas estas realidades y conflictos que negarlos. Cuando los padres me dicen ‘Me morí de risa con tu libro’ al nene eso le llega. Si se comparte de manera divertida, los chicos lo pasan bomba”. Los dobleces de lo consciente y de lo inconsciente como una dualidad narrativa es lo que la autora explota en su último libro álbum “Nocturno” (Fondo de Cultura Económica), que no sólo irá por la segunda edición sino que fue uno de los más vendidos en la Feria del Libro de este año. Este “recetario de sueños” está fabricado para brillar en la oscuridad. Simplemente hay que exponer alguna de sus hojas a la luz solar o de una lámpara eléctrica para que la tinta fosforescente “se cargue” y devuelva a oscuras el ingenio que Isol dejó entre sus páginas. “Fue hacer un poco de magia”, dice sobre esta novedosa técnica donde las narraciones de dos niveles conviven lúdicamente. Isol –que de niña adoraba las estrellitas y a la virgencita de su abuela que brillaba por las noches– ofrece ahora una lista de sueños posibles, como visiones y deseos que guían las horas nocturnas. Este libro trabaja con otra acepción, la del deseo. “Como el sueño de crecer, el de ser otro y el de irse lejos, porque los sueños de la noche hablan de los deseos diurnos, de los temores y de las inquietudes”, explica. ¿Cómo vincula los sueños con la creación? “Creo que el sueño y la creatividad se articulan con el hecho de dejar salir las cosas que uno no termina de conocer. Tiene que quedar esa inquietud en la obra, porque no hago libros didácticos sino que te enseñan lo que vos quieras, son polisémicos”, dice.