París en cinco días

Hoja de ruta para disfrutar de diez lugares imperdibles en la capital francesa. Y, para desmentir que es una ciudad cara, consejos para gastar lo menos posible. Dos claves: alquilar departamentos y comprar en supermercados.

Redacción

Por Redacción

Se cumplen 850 años del inicio de las obras de Notre Dame.

Montmartre es un barrio ideal para perderse y caminar entre sus callecitas, sentarse a tomar algo o almorzar. Por ejemplo en la Maison Rose, con exquisitos menúes a 15 euros.

El famoso Arco del Triunfo, ícono de la ciudad

Los Campos Elíseos, punto de encuentro

Comer y beber. La vida en París no es barata, pero no difiere tanto de la de Argentina. Un café puede costar entre dos y tres euros en un sitio standard (hasta se puede encontrar a uno) y llegar a los cinco en lugares más sofisticados. Lo mismo ocurre con la cerveza: parte de los tres o cuatro euros (dos en algunos casos) y llega a los ocho en bares más top. Los almuerzos y cenas corren la misma suerte: se puede almorzar (dos personas con bebida) por menos de 25 euros y de noche, en un restaurante medio, con un vino normal se paga unos 75 euros para dos personas. Para pagar más (mucho más) los sitios abundan, pero esta propuesta apunta a visitar la ciudad privándose de poco y dándose los placeres de la forma más económica posible: es momento de hablar de las compras en supermercados. Dispuestos en toda la ciudad, los hay de todos los tamaños, colores y precios, pero en general son accesibles. Por ejemplo, las cervezas que en un bar se pagan tres euros en promedio, en los súper con tres euros se puede comprar el pack de seis porrones de primera marca. ¿Vinos? Por cuatro o cinco euros, o menos, hay productos deliciosos. Además, en los supermercados abundan, a precios muy accesibles delicias como los hongos, las pastas frescas y secas (un euro el paquete de 500 g), las salsas, las mermeladas (desde un euro). También, claro, los pâté, los quesos (un camembert 250 g 1,80 euros), los fiambres y las baguettes (buenas en los súper a 0,80, mejores en las panaderías a unos centavos más). Ejemplos para el desayuno: un litro de leche 1,50 euros, un litro de yogur 2 euros, un litro de jugo de naranja 2 euros y los cereales 2 euros (la caja de 500 g).

Dormir. Si se compra en el súper, es necesario contar con un lugar donde cocinar. Es tiempo de referirse a los departamentos en alquiler para turistas: más baratos que los hoteles, permite también ahorrar en desayuno, almuerzo y cena. Están amueblados y cuentan con ropa de blanco, vajilla, utensilios de cocina y heladera. Dependiendo del barrio, parten de los 100 euros para dos o tres personas. Otra aclaración: París es enorme, pero bella en casi toda su extensión. Entonces, en barrios céntricos, los departamentos de buen precio son mínimos (15 m² por ejemplo). En cambio, eligiendo barrios más alejados (Gare Du Nord y Gare de l’Est, la zona de la estaciones de trenes, o Montmartre) por la misma tarifa se pueden encontrar alternativas de 30 ó 40 m². Es una ciudad muy segura en líneas generales, sin problemas durante el día aunque dependiendo del barrio hay que tener ciertos reparos durante la noche. El tema de las distancias se soluciona fácil: hay estaciones de metro casi en todas partes. Respecto del subterráneo y los colectivos la primera sugerencia es… caminar: es mágico en París. Luego, los boletos del metro (que también sirven para los buses) cuestan 1,70 euros por viaje, por tramo. La opción más recomendable es comprar 10 tickets por 12,70 euros. A continuación, una hoja de ruta para disfrutar de la ciudad en cinco días.

Montmartre, donde vivían los impresionistas. La iglesia del Sagrado Corazón en el Monte de los Mártires (o Sacré Coeur) es una postal parisina. En dicha colina, según la leyenda, fue decapitado Saint Denis –el primer obispo de París– y el sitio tiene una gran historia relacionada con las misiones jesuíticas. La basílica, ubicada en la cima del monte (a unos 130 metros sobre el nivel del Sena) se construyó a fines del siglo XIX y cuenta con el campanario más grande de Francia. Visitar el monte y la iglesia, vale la pena, por supuesto (como el emblemático Moulin Rouge), pero además es clave recorrer el barrio de Montmartre por las callecitas empedradas empinadas en las que transcurría la vida de Amélie y por las que antes caminaron artistas (escritores, pintores impresionistas) en una época en la que a más de uno le hubiese gustado vivir, incluido Woody Allen, tal como lo contó en su reciente “Medianoche en París”.

Montmartre es ideal para enamorarse en primavera tomando un trago al atardecer en algún bar con terraza o almorzando en un restaurante pequeño pero repleto de encanto, como la Maision Rose, donde un menú simple y delicioso se consigue a 15 euros por persona (omellete de hongos y mix de quesos y hierbas con una rica cerveza).

Torre Eiffel, el sello. Construida en 1889, tiene una majestuosidad cautivante, además de un estilo y un glamour que le aportaron a la ciudad un sello indiscutible. Es muy recomendable subir al menos hasta el segundo nivel. Las filas suelen ser muy largas por lo que es mejor llegar temprano en la mañana (en primavera y verano abren a las 9), aunque subir al anochecer, cuando comienzan a encenderse las luces de la ciudad, es impagable y justifica hacer una cola más larga. Muchos sugieren comprar la entrada por Internet para evitar la primera fila, pero la verdad es que parece imposible hacerlo: piden cargar un número de teléfono y el sistema rechaza los de Argentina. ¿Las tarifas?: adultos hasta el segundo piso 8,10 euros y 13,10 euros hasta la cima, para la que hay que hacer una tercera cola en el segundo nivel. Una vez arriba, el Sena, el distrito financiero, el Palacio de los Inválidos, Sacré Coeur a lo lejos y mucho, mucho más, para apreciar una ciudad inigualable tanto desde la tierra como del cielo. La torre se deja ver desde muchos lugares y ofrece instantáneas fascinantes. Caminar por los barrios contiguos y verla aparecer detrás de un edificio o al cruzar una calle es un regalo para la vista, lo mismo que descubrirla perdida entre los techos al mirar desde una ventana.

Notre Dame, historia, arte y diseño. Ubicada entre dos brazos del Sena (en la isla de la Cité) la Catedral de Notre Dame (Nuestra Dama) es otro de los grandes clásicos. Edificada entre 1163 –se cumplen 850 años de aquel inicio de obras– y 1345, es un gran exponente del estilo gótico de la primera etapa. Como parte de este periodo inicial (con dejos del reciente romántico), tiene una proporcionalidad en la fachada que le aporta un encanto especial, además de las arcadas de las tres puertas del frente con esas esculturas tan típicas de la corriente. Muchas fueron destruidas durante las protestas de la Revolución Francesa de 1789 y hoy lucen restauradas. Más allá de su belleza inigualable, implica pararse frente a un verdadero monumento histórico: allí –a principios del siglo XVII– Napoleón Bonaparte y Josefina fueron coronados emperadores de Francia ante la presencia del Papa Pío VII; en 1909 Juana de Arco fue beatificada y en 1944, tras la liberación de París de los nazis, Charles de Gaulle desfiló delante del templo antes de iniciar su triunfal paseo por Champs-Élysées.

La iglesia de Notre Dame abre sus puertas todos los días y aunque la fila de ingreso parece larga, es rapidísima. El ingreso es libre y súper recomendable recorrerla. También vale la pena subir ya que las vistas son fascinantes (hasta el tope, uno de los campanarios, 8.50 euros). Esta propuesta está planificada como un paseo de dos horas, pero subiendo a la catedral hay dedicar media jornada o más: para hacer los 200 escalones las filas son más bien lentas.

Arco del Triunfo y Campos Elíseos. Los dos sitios en los que los franceses, desde la época de Napoleón, se juntan para festejar los triunfos sociales, políticos e incluso deportivos. El monumento es el más famoso del mundo, aunque no el único en París. Construido entre 1806 y 1836 a pedido de Napoleón luego del triunfo en la batalla de Austerlitz (1805), está situado en la plaza Charles de Gaulle. De esta plaza nace la avenida Champs-Élysées que, aunque colmada de turistas, es preciosa. Como todo en París, la avenida de los Campos Elíseos tiene un diseño que enamora, con sus árboles siempre podados de manera impecable que fueron plantados en 1640 como parte de un plan de paisajismo y en continuidad con el Louvre y el desaparecido Palacio de las Tullerías. En Champs-Élysées abundan los locales de ropa, joyas y comida más selectos de Francia, aunque muchos de ellos se están mudando a la muy cercana avenida Montaigne.

Avenue Montaigne, se mira y no se toca. Avenidas o calles de compras top tienen todas las grandes ciudades del mundo: Madison Ave en New York, Maginficent Mile en Chicago, Amsterdam en Praga, Alvear en Buenos Aires o la Gran Vía en Barcelona. En París, todo parece tener más estilo. Es el caso de la Avenue Montaigne donde ellas visten para matar y matan por los vestidos más exclusivos, y ellos compran y lucen sus autos de lujo, sus trajes, sus relojes y lo último de la moda sport. Además de las grandes marcas en locales perfectamente diseñados, construidos o reciclados y decorados, hay hoteles, cafés y restaurantes en los que se recomienda no sacar la billetera durante un paseo que no debería tomar más de una hora y media.

Canal de St. Martín y Le Marais, paz y onda. Paseo ideal para cortar un poco con el ritmo frenético que puede implicar visitar París en pocos días. El canal –creado en 1825 como proveedor de agua– es una especie de arroyo que recorre parte de la ciudad. El paseo puede comenzar cerca de las estaciones de trenes Gare du Nord y Gare de l’Est recorriendo el canal hasta que, luego de un par de kilómetros, desaparece de la vista para continuar entubado. Más adelante vuelve a aparecer y desemboca en el Sena. El agua del Saint Martin es verde pero no por ello contaminada (de hecho se ve a parisinos pescando) y transcurre muy despacio, dando una sensación de paz y tranquilidad. El xanal conduce a Le Marais, un barrio ecléctico y con onda considerado una zona con alta movida gay y muy cosmopolita, con una de las comunidades judías más importantes de Europa. Es perfecto para una cerveza y picar algo en compañía de gente desprejuiciada, por lo que la recorrida por el canal debería comenzar un par de horas antes del atardecer para estar en el barrio cuando caiga la noche. Si se piensa en cenar, una buena alternativa es Au Pied de Vigne, aunque ojo: dos personas pueden gastar unos 80 euros para comer y beber. Se recomienda mirar bien la carta.

El Louvre. El museo. Es uno de los museos más importantes del mundo. Extenso (de casi 20 hectáreas) y súper intenso (más de 35.000 ítems en exhibición sobre una colección de 300.000), requiere de semanas para ser recorrido a pleno, aunque con un día completo se puede tener un buen pantallazo. Aún para los que no les interesan los museos, una pasadita frente a la Gioconda o la Venus de Milo debería considerarse obligatoria.

Como en esta propuesta el tiempo no abunda, se recomienda planificar la visita de acuerdo a gustos, intereses y prioridades y adquirir los tickets por Internet para evitar las colas. Tener en cuenta que los martes está cerrado y el resto de los días abre de 9 a 18, salvo los miércoles y viernes que permanece hasta las 21.45. Los tickets para la colección permanente (la que hay que visitar si hay poco tiempo) cuestan 12 euros. El Louvre es historia en sí mismo, ya que se erigía allí un castillo medieval (del cual se conservan y exhiben los cimientos y parte del foso). El actual edificio comenzó a construirse en el siglo XVI, con sucesivas y constantes reformas y transformaciones, hasta llegar a la joya de estos días. El Palacio del Louvre fue el aposento de los reyes hasta fines del 1600 (se mudaron a Versalles) y hasta 1789 fue la sede del gobierno… Desde entonces alberga al Museo Nacional de Francia.

Una reverencia a Napoleón. “Cuando estés delante de la tumba de Napoleón vas hacerle una reverencia”, desafió el huésped francés a su amigo turista cuando caminaban hacia el majestuoso Palacio de Los Inválidos. Ubicado en el séptimo distrito de París, este complejo cuenta con una inmensa cúpula dorada que se ve desde varios sitios de la ciudad (y de manera imponente desde arriba de la torre Eiffel). Delante del duomo dorado, el predio de Los Inválidos tiene una enorme explanada, un sitio verde ideal para un picnic de primavera con una baguette en uno de los parques más emblemáticos de la ciudad, como lo hacen miles de parisinos. El ingreso al Palacio cuesta 9 euros.

Les Invalides se construyó en el siglo XVII –por orden de Luis XV– como hospedaje de los soldados retirados y minusválidos, y hoy alberga uno de los museos de arte e historia militar más importante del mundo. La cúpula dorada pertenece a la iglesia Saint Louis des Invalides en cuyo interior se encuentran las cenizas de Napoleón Bonaparte quien pidió que sus restos descansaran a orillas del río Sena. Como la bóveda es una especie de fosa de varios metros de profundidad y el sarcófago se encuentra en el fondo, los visitantes al llegar deben tomarse de una baranda e inclinar levemente el cuerpo y la cabeza si quieren ver la cripta, acción muy similar a una reverencia.

Musée d’Orsay, donde viven los impresionistas. Para amantes de las artes plásticas (de la pintura sobre todo), muy cerca de Los Inválidos y del Louvre, una total y absoluta joya: el Musee d’Orsay. Considerado el olimpo del Impresionismo, también está junto al Sena y justo frente al Jardín de las Tullerías. Montado sobre una vieja estación de trenes del 1900, el edificio es otra verdadera muestra arquitectónica en sí misma. Cuenta con obras de Pisarro, Seurat, Degas, Renoir, Manet, Sisley, Gauguin, Matisse, Cézanne, Millet, Tolouse-Lautrec, Monet e incluso de varios expresionistas, Van Gogh entre ellos. Además de pinturas, ofrece muestras de fotografía y esculturas. Abre sus puertas todos los días salvo los lunes entre las 9.30 y las 18 (jueves hasta las 21.45). El precio de las entradas para adultos es de 12 euros.

Jardín de las Tullerías, una delicia. Es un inmenso parque que pertenecía al hoy desaparecido Palacio de las Tullerías. Ubicado entre el Louvre y la Plaza de la Concordia (donde termina la avenida Champs-Élysées que nace en el Arco del Triunfo) este gran jardín cuenta con fuentes de agua y amplias extensiones verdes que parecen campos de golf en los que los jóvenes parisinos se sientan en el break de los mediodías. Además, en el jardín sobresale esa magnífica hilera de árboles –plantados en continuidad con los del Louvre y los Champs-Élysées– que conviven con otro Arco de Triunfo –llamado “Del Carrusel” y un obelisco– con la torre Eiffel espiando de costado.

A dejarse llevar. Caminar por París es empalagarse de perfección: todo es bello, no hay construcciones grotescas, ni siquiera normales, todo es encantador, todo derrocha estilo. Por donde se mire habrá un edificio, una estatua, una fuente, una iglesia, un arco de triunfo o un café rico en historia o glamour. Por eso, además de las diez citadas, una atracción única –tal vez la más recomendable– es salir a caminar sin rumbo, dejarse llevar sin hoja ruta, olvidarse… Porque más allá de cualquier recomendación, París es, como dijo Julio Cortázar en Rayuela: “Un centro, una mandala que hay que recorrer sin dialéctica, un laberinto donde las fórmulas pragmáticas no sirven más que para perderse”.

El río Sena atraviesa la capital francesa y a sus orillas la ciudad late. Muchos optan por disfrutar de la belleza de París en bicicleta.

El Louvre, emplazado sobre 20 hectáreas, tiene unas 35.000 piezas en exhibición, sobre un total de 300.000. Se erigía allí un castillo medieval del cual se conservan los cimientos y parte del foso.

Avenida Montaigne: aquí se trasladaron las grandes marcas.

La iglesia del Sagrado Corazón en el Monte de los Mártires (o Sacré Coeur) es una postal parisina con una gran historia relacionada con las misiones jesuíticas. La basílica está en la cima del monte, a 130 metros sobre el nivel del Sena.

Las hermosas calles empinadas de Montmartre por las que caminaban los pintores y escritores del Impresionismo, en una época plena de arte en la que a muchos les hubiera gustado vivir, como tan bien lo imaginó el talento de Woody Allen en “Medianoche en París”.

El Moulin Rouge, uno de los clásicos de la ciudad

Detalles de señalización en la calles de la capital francesa

Estación de trenes Gare du Nord, un edificio imponente

En cualquier esquina, de día o de noche, París es única.

Francia

Laureano Gallegos

laureano@ircomunicacion.com.ar


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