Perón, el impuesto al salario y el paro
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La huelga que algunos gremios pusieron en marcha el martes encontró dos cuestiones que la explican y hasta podrían justificarla.
La primera, un pedido de actualización de la base imponible para calcular el tributo sobre las ganancias surgidas de los salarios, un impuesto que, según recordó en los últimos días el ministro de Economía, Axel Kicillof, fue implementado en su momento por el expresidente Juan Domingo Perón. La reticencia mostrada por el kirchnerismo para acceder a este reclamo sindical, formulado en un contexto inflacionario, significa una postura que somete a los asalariados a descuentos ridículos que hacen mella en su calidad de vida.
Ese colectivo de trabajadores afectado por los descuentos en sus haberes y compuesto en su mayoría por empleados formales que cuentan con sindicatos fuertes a la hora de negociar buenos salarios, pone a sus dirigentes en posiciones incómodas frente al deber de elegir entre dos lealtades: el gobierno o sus representados.
Por ese motivo, varios líderes gremiales cercanos a la Casa Rosada resolvieron dar “libertad de acción” a sus afiliados ante la jornada de huelga debido a que no pudieron contener el descontento.
La segunda cuestión que podría explicar el movimiento sindical ante la medida de fuerza tiene que ver con el modelo gremial, el otro “impuesto” aplicado por Perón.
El sindicalismo argentino se caracteriza por tener fortaleza para enfrentar el conflicto, su ejercicio de negociación y la elevada tasa de afiliación. También se puede resaltar que el juego político del gremialismo implicó siempre un ejercicio pendular que de un lado propone el alejamiento y el rechazo al gobierno y, por otro, su adhesión y defensa, respondiendo a esa promiscua relación con el Estado tan aceptada en nuestro país. Dicho vínculo se explica ante un activo accionar estatal que desde temprano (el primer gobierno peronista, en 1945) configuró un tipo de sindicalismo al que le otorgó un rol político relevante y lo benefició -a decir de Adrián Goldin, presidente de la Sociedad Internacional de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social- con “compensaciones mediante recursos ‘organizacionales’”, lo que implicó, en ocasiones, favorecer más a los sindicatos y sus dirigencias que a los trabajadores por éstos representados.
Ello puede explicar la ductilidad en el acompañamiento sindical de políticas laborales tan disímiles como las implementadas en los años 90 en clave de flexibilización y otras más protectorias dispuestas en los últimos años y siempre por gobiernos peronistas.
Del mismo modo, ayudará a comprender la hiperquinesia acomodaticia (o la otrora confrontativa) que ante el poder estatal padecen hoy las distintas asociaciones sindicales en un contexto en el cual ya comenzó el proceso electoral para reemplazar la actual conducción del Estado.
Así, pues, ya sea por el impuesto a las Ganancias o bien en virtud del modelo sindical impuesto por ley y promocionado desde el gobierno, una vez más el paro fue, para seguir con el juego de palabras, impuesto por Perón.
JUAN CARLOS MUGNOLO
Doctor en Derecho del Trabajo y profesor de Derecho de la Universidad de San Andrés
JUAN CARLOS MUGNOLO
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