Perros de la calle

La carta destacada

Uno los ve por la calle, famélicos y sedientos, llevando un muestrario de parásitos, pestes y tristezas. Tienen el andar de los desposeídos, de vulnerables; mirada temerosa, sigiloso desplazamiento y rabo entre las patas, atentos a los ladridos furiosos de los que, a diferencia de ellos, tienen amo, casa y protección, que quizás por esos motivos se vuelven agresivos y territoriales. Uno por ahí les brinda su empatía, les regala una caricia como si de una graciosa dádiva se tratase, tal vez hasta les dé agua y comida. Ellos agradecen con frenético movimiento de sus colas, mientras una luz de esperanza se enciende en sus miradas. Se transforma en decepción cuando uno les explica que no puede adoptarlos porque no tiene lugar en su casa. Luego se alejan con paso cansino, en incesante búsqueda de un alma caritativa que transforme sus vidas miserables, otrora lobos domesticados por el hombre, hoy patéticos reflejos de la mezquindad humana. Son los perros de la calle, que esperan, desean y merecen una vida mejor.

Albérico Martín Cáceres

DNI 11.047.612

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