Pionero en DD. HH., mediático y polémico
Perfil
De cabello cano, finas gafas y trajes impecables, el juez español Baltasar Garzón polariza a buena parte de la sociedad española, y también juristas internacionales, entre partidarios y detractores. Mientras los primeros defienden a capa y espada su dedicación y su compromiso con los derechos humanos al punto de establecer fallos emblemáticos que son tomado como modelo en buena parte del mundo, los segundos lo describen como un juez estrella, más preocupado por salir en los medios de comunicación que por el buen fundamento jurídico de sus instrucciones y ahora con propensión al abuso de sus facultades. Con 56 años, fue expulsado de la carrera judicial en España tras una brillante trayectoria en la que ordenó detener al ex dictador chileno Augusto Pinochet, arremetió contra el grupo armado vasco ETA y osó investigar los crímenes del franquismo. Diez años después de hacerse mundialmente famoso con la detención en Londres del ex dictador chileno Augusto Pinochet por crímenes de lesa humanidad, Garzón decidió el 17 de octubre de 2008 abrir una instrucción sobre los cerca de 114.000 desaparecidos del franquismo que acabó volviéndose contra él. Su intento fue coherente con la trayectoria profesional de un juez que con el caso Pinochet desató un efecto dominó en Chile, Argentina y Guatemala . Hijo de un empleado de estación de servicios que creció en la España rural de los años 1950, Garzón se forjó una carrera a base de esfuerzo: tras ser becario en secundaria pasó por el seminario antes de encontrar su vocación, el derecho. Nombrado en 1988 en la Audiencia Nacional este juez de apariencia tímida, casado y con tres hijos, coleccionó los casos delicados . Además de haber investigado los crímenes de varias dictaduras logrando incluso enjuiciar al ex represor argentino Adolfo Scilingo -condenado en 2005 a 1.084 años de cárcel- Garzón logró grandes éxitos en 20 años de lucha contra la organización armada vasca ETA. Pero, pese a su simpatía con el socialismo, también investigó a los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), grupo secreto e ilegal creado por el gobierno de Felipe González en los 80 para eliminar físicamente a miembros de ETA. (AFP/DPA)
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