“Planificación vs. improvisación-impunidad”

Por Redacción

La ciencia política es bastardeada y se está desprestigiando progresivamente, pues sus cultores hacen de ella un medio para adquirir poder y no un fin loable a sus principios y premisas, desoyéndose el clamor popular que exige responsabilidad, idoneidad, solvencia ética, planificación reglada y consenso en la toma de decisiones. Éstas deberían planificarse a mediano y largo plazo conforme premisas de esa técnica, no ser algo discrecional o antojadizo para satisfacer la demanda ciudadana y lograr el beneplácito de las generaciones venideras. Caso contrario, la improvisación las hará destinatarias de un futuro incierto o nefasto, máxime que el mundo nos está mirando y su intelecto no entiende cómo con tanto potencial sólo somos reconocidos por la viveza criolla o peyorativamente como sudacas. Desconcepto increíble, ¿no? Es tiempo de una reformulación social integral. Más que nada profundizar mediante coloquios públicos. Si las instituciones municipales, provinciales y nacionales cumplen acabadamente el rol para el cual fueron creadas, seguramente algunas cosas habrá que reorientar, cambiar u optimizar estructuralmente. En cosmovisión, se requiere audacia, voluntad política y sentido común en busca de la tan ansiada gobernabilidad, la que debe emanar sustancialmente desde el vínculo jurídico, elemento primordial de un Estado republicano, representativo y federal. Claro está , ¿quién sería el audaz y calificado para convocar eficazmente a ese fin? El que a partir del próximo período, si no antes, haga vislumbrar en los candidatos valores ciudadanos elevados, su sentir patriótico y no su ambición insaciable de poder que pareciera ser una adicción a ello, ameritando un interés particular y relegando el bienestar general, transformando inmunidades en torpe impunidad por comisión u omisión, poniendo de relieve abiertamente la teoría criminológica del delito de cuello blanco en que no se sabe si el Estado es víctima o responsable del acontecer disfuncional que tanto mal le hace al país. Existen muchos y sobrados ejemplos de desmanejos estatales, ocasionados por funcionarios con un predicamento repudiable que, munidos de superpoderes, hacen de las instituciones (Indec, Planificación, Comercio) y de los dineros públicos un accionar discrecional sin el control del Congreso o del ente anticorrupción o antiimpunidad, como ha ocurrido con el vaciamiento de las AFJP, que perjudicó a una gran cantidad de jubilados o en vías de serlo. El sobre de dinero hallado en un baño de un ministerio o la Fundación de las Madres Plaza de Mayo para construcción de viviendas. En otros gobiernos fueron los “guardapolvos de Bauzá” o los “pollos de Mazzorín”, o anuncios de reforma constitucional para la “re”, “re” y “re”, que se han tornado una constante; ¿o cómo comprender que una simple resolución de un director de tercera o cuarta línea deje sin efecto una legislación o una resolución fundada y emanada de juez competente? Y qué decir de los millones de la provincia de Santa Cruz depositados en el exterior. ¿ Cuánto se habrá depositado de fondos de Nación? Por lo pronto, nuevamente se está hablando de candidaturas testimoniales o virtuales. ¿Es que nos toman por parias, además de sindicársenos como buitres u otras agresiones gratuitas? Me pregunto: ¿por qué la sociedad tiene que soportar estas situaciones anómalas, inconstitucionales e ilícitas, repudiadas socialmente y condenables en muchos casos? ¿Por qué este sistema estruc- tural y corporativo entre los poderes, y no un vínculo jurídico superador? Éste nos haría desarrollarnos y crecer armónicamente, es decir progresar, que es el fin del Estado, así como el bien común y brindar a sus ciudadanos bienestar y felicidad. Carlos Rodríguez, DNI 7.578.269 Las Grutas

Carlos Rodríguez, DNI 7.578.269 Las Grutas