Podemos, de las sentadas de protesta al gobierno español



Thomas Perroteau


Casi diez años después de eclosionar el movimiento social de los Indignados en la Puerta del Sol de Madrid y otros lugares de España, hoy integra el consejo de ministros. El desafío de gestionar.


El partido de izquierda radical Podemos se sentó el martes por primera vez en el consejo de ministros en España, casi diez años después de eclosionar el movimiento social de los Indignados, en el que se fraguó.

Su secretario general, el exprofesor de Ciencias Políticas Pablo Iglesias, es uno de los cuatro vicepresidentes del gobierno encabezado por el socialista Pedro Sánchez.

Ocupa la cartera de Derechos Sociales. Es una de las cinco en manos de su grupo parlamentario, Unidas Podemos, dentro de un ejecutivo de coalición inédito en cuatro décadas de democracia en España, y donde los socialistas se reservaron los puestos claves, como Exteriores, Interior, Defensa, Hacienda o Justicia.

En la primavera de 2011, centenares de miles de jóvenes “indignados” acamparon en la Puerta del Sol de Madrid y otros lugares de España para denunciar la corrupción política y las duras medidas de austeridad aplicadas en respuesta a la crisis económica. Recogiendo sus aspiraciones, un puñado de profesores de Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, entre ellos Pablo Iglesias, fundaron Podemos en 2014.

“Era una especie de utopía, que entonces necesitábamos”, recuerda en una conversación con AFP Nacho Peláez, un simpatizante del partido sentado en un bar del madrileño barrio de Lavapiés, feudo de Podemos.

Meses más tarde, la formación dio la campanada en las elecciones europeas de mayo de 2014, con casi un 8% de votos. Recién electo eurodiputado, con 35 años, Iglesias llamó a “frenar a la gran coalición que impone la austeridad y el totalitarismo financiero” en Europa.

Espoleado por la victoria en Grecia de su aliado, el partido de Syriza, Podemos se convirtió en la tercera fuerza política en el Parlamento español en las legislativas de 2015 y 2016.

Con lenguaje y formas renovadas, cargando contra la corrupción, el clientelismo y “la vieja política”, sus diputados pusieron fin, junto a los liberales de Ciudadanos, a casi 40 años de bipartidismo protagonizado por los conservadores del Partido Popular y los socialistas. También en 2015, Podemos obtuvo las alcaldías de Madrid y Barcelona.

La formación fracasó no obstante en su objetivo de superar al PSOE, y se vio minada por una cascada de luchas intestinas, que se resolvieron en dimisiones y en una reducción considerable del núcleo fundador. Una deriva que se tradujo también en pérdidas de electores.

En el 2016 Pablo Iglesias despidió a Sergio Pascual, el número tres, y luego entró en conflicto con su “amigo” y número dos, Íñigo Errejón, quien el año pasado creó una escisión, Más País.

Iglesias también protagonizó una polémica cuando en el 2018 compró con su pareja Irene Montero -actual número dos del partido y ministra de Igualdad- un chalet con piscina a las afueras de Madrid.

Por el camino, la formación tuvo además que lidiar con sospechas de financiación irregular procedente de Venezuela, país donde Iglesias y otros dirigentes asesoraron al chavismo.

Todas las demandas presentadas fueron archivadas por la justicia, y según se descubrió luego fueron promovidas por una estructura policial corrupta bajo gobierno del Partido Popular, que habría fabricado pruebas falsas.

Matrimonio sin amor

Podemos se negó en 2016 a apoyar un gobierno de coalición entre Sánchez y Ciudadanos. Sin embargo, dos años más tarde prestó un apoyo decisivo al socialista para que ganara la moción de censura y echara del poder a Mariano Rajoy y su gobierno del PP.

Aquel fue el primer paso de una relación con muchas idas y venidas. El pasado verano se vinieron a pique las negociaciones PSOE-Podemos para acordar un gobierno de coalición, y en septiembre, el propio Sánchez sostenía que con la izquierda radical en su gabinete “no dormiría por la noche”.

Sin embargo, en las legislativas de noviembre ambos partidos salieron debilitados, e incluso Podemos se vio superado por la extrema derecha de Vox, ahora la tercera fuerza política. Condenados a entenderse, Sánchez e Iglesias anunciaron rápidamente un acuerdo de marcado acento social. En Podemos “necesitan estar en el gobierno para parar la hemorragia de votos”, comentó José Ignacio Torreblanca, del think tank European Council on Foreign Relations.

La entrada en el gobierno tiene algo divididos a los militantes de los inicios. “Es decepcionante (…) el fondo del proyecto se ha perdido”, piensa Ramón Alonso, en el café de Lavapiés.

Algunas mesas más allá, Nacho Peláez prefiere ver el vaso medio lleno: “Entiendo que muchos critiquen a Podemos” por su alianza con el PSOE, “pero creo que es la única solución real que tenemos en este momento”.


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