Invap arrancó la construcción de Sabiamar, su último satélite

Tendrá como misión la observación del mar desde una órbita ubicada a más de 650 kilómetros de la Tierra.





El Satélite Argentino-Brasileño para Información del Ambiente Marino, Sabiamar, comenzó a tomar forma en el cuarto limpio que la empresa rionegrina Invap tiene en su planta de Bariloche. Por ahora, es un bastidor vacío pero a medida que se vaya integrando con sus componentes y su carga útil, será un aparato de 700 kilos que girará alrededor de la tierra a más de 650 kilómetros de distancia y a una velocidad tal que tardará dos días para pasar por el mismo sitio.

La empresa, que según la gobernadora Arabela Carreras, está en el mejor momento de sus 46 años de historia, enfrenta por estos días un reto porque la virtualidad hizo del mundo un mercado laboral global en ciertas disciplinas y le cuesta retener personal de ciertas especializaciones.

El cuarto limpio de Invap es un ambiente tan grande como impoluto, con sumo cuidado de lo que entra y sale de él, filtrado de aire y medidas contra la estática. Alguna vez hubo en ese ambiente dos satélites en construcción, las estructuras de un tercero y hasta el prototipo de uno de ellos, que se usa para ensayos.

Gabriel Achtig, jefe del proyecto, observa el esqueleto de lo que será el satélite Sabiamar (Foto: Chino Leiva)

El freno al desarrollo espacial argentino de 2016 se siente ahora: luego de la puesta en órbita del Saocom 1B, en 2020, se produjo un bache. Por ahora, el Sabiamar, que esperan que esté en órbita en 2023, es el único proyecto espacial en construcción. Y el tercero de los Arsat, llamado SG1 (por “segunda generación”), recién atraviesa etapas de diseño.

En ambos casos, el cliente es una agencia del Estado argentino (la Comisión Nacional de Actividades Espaciales en el del Sabiamar y la empresa estatal Arsat, en el segundo), pero avanza otro desarrollo, con aspiraciones internacionales, para vender satélites geoestacionarios de comunicaciones pequeños (“smallgeos”, les llaman) junto con una empresa de Turquía.

Invap factura unos 200 millones de dólares por año. La mitad proviene de exportaciones y el otro 50% es fruto de ventas dentro de Argentina. Para cumplir con estos contratos, la empresa importa el 20% de sus insumos.


Mientras miro las nuevas olas


El Sabiamar tendrá dos cámaras principales que permitirán observar el océano Atlántico. En la costa argentina tendrá una definición de 200 metros por píxel y en el resto de 800.

Pero además tendrá una tercera cámara de alta sensibilidad, con gran funcionalidad en la oscuridad de la noche, según explicó Gabriel Achtig, jefe del proyecto Sabiamar por parte de Invap.

Este satélite puede llegar a ser clave para combatir la pesca ilegal en el mar Argentino, especialmente la que se hace de noche, con potentes reflectores, que atraen cardúmenes de calamares.

El tamaño final, sin instrumentos desplegados, es de 2 metros por 1,5, con un peso de 700 kilos, lo que incluye el combustible líquido que se usa esencialmente en el momento de entrada en su órbita y, a lo largo de su vida útil, para realizar maniobras de corrección de posición y para eludir alguno de los tantos objetos que conforman una cada vez más grande basura espacial.

En una recorrida de la sede central, que organizó la empresa para la prensa, hicieron además un repaso de las actividades en las áreas de defensa y seguridad (radares), nuclear y medicina.

El contrato de exportación más importante es hoy la construcción de un reactor nuclear de investigación en Países Bajos, de acuerdo con lo que dijeron los subgerentes Felipe Albornoz (área nuclear) y Pablo Abbate (desarrollo de negocios). Pero en lo que estrictamente nuclear hay varios desarrollos, como el reactor argentino RA10.

La venta de radares a Nigeria y la provisión más o menos sistemática de aparatos para el control aéreo a la Fuerza Aérea  o la autoridad regulatoria de vuelos son otros de los proyectos en ejecución.


La competencia en el mundo del trabajo se hizo global


“Hay gente que quiere desarrollar tecnología aplicada en Argentina para Argentina”. El CEO de Invap, Vicente Campenni, explicó que este es uno de los principios que guían a los especialistas que se quedan en la empresa a pesar de las ofertas que reciben desde todo el mundo.

“Estamos compitiendo por el talento argentino”, añadió en un contacto con periodistas.

Lo que ocurre es que hay áreas (la ingeniería que se escribe antes de que se ejecute, la programación de software) que no obligan a la presencialidad que durante los tiempos duros de la pandemia se desarrollaron con normalidad de manera remota y que hoy son un recurso global, sin fronteras.

Vicente Campenni, el CEO de Invap, en una charla con periodistas (Foto: Chino Leiva)

-La gobernadora dijo que Invap pasa por su mejor momento –le hizo notar RÍO NEGRO.

-Tenemos muchísimo trabajo. Nos cuesta pelear con otras empresas que buscan captar el talento. La estamos peleando -respondió antes de dar detalles sobre esta encrucijada laboral.

La empresa tiene unos 1.400 trabajadores; la inmensa mayoría cumple funciones en la ciudad de Bariloche, pero hay núcleos más pequeños en Buenos Aires, Córdoba , pero también en Países Bajos, donde Invap construye un reactor nuclear de producción de radioisótopos.

En esa zona de Petten, al norte de Amsterdam, en la costa del Atlántico norte, hay un horizonte de trabajo tal de los especialistas argentinos que los empleados de Invap se mudan con sus familias.

Están acostumbrados. Desde hace más de 20 años, cuando vendieron el reactor a Australia, el trabajo en el exterior es una constante.


Los radares y la seguridad


Invap detectó sus propias habilidades en materia de radares cuando tuvo que desarrollar los dos satélites Saocom 1, que mediante un sistema de microondas, puede observar la superficie de la Tierra y algunos metros por debajo de ella inclusive.

Hizo radares de seguimiento de vuelos colaborativos (aerocomerciales) y de control de las fronteras, además de meteorológicos.

Cuando nuestro país fue sede temporal del G20, del que participan las naciones occidentales más desarrolladas, la Fuerza Aérea Argentina y el ministerio de Defensa contrató a Invap para actualizar viejos radares de su planta.

La empresa desarrolló incluso para esa cumbre radares primarios móviles y les dio a varios equipos casi obsoletos una vida útil de décadas y un abanico mayor de prestaciones.

Este trabajo le permitió competir y ganar la licitación para exportar dos radares primarios a Nigeria, con un contrato que está en plena ejecución.


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