Radicales de Chubut, en un laberinto en el que pueden romperse o doblarse

El partido se desmorona entre las peleas internas, las fugas y los que cambian ideología por cargos. Diputados que deberán dar explicaciones en un plenario.

Por Carlos Guajardo

Ignacio Torres, gobernador de Chubut. Foto: gentileza

Ignacio Torres, gobernador de Chubut. Foto: gentileza

Fue dueño del poder absoluto a principios de los 2000 y poseía un poder político que hasta entonces parecía inquebrantable. Incluso, el último gobernador de la Unión Cívica Radical, Carlos Maestro, llegó a decir en uno de sus discursos más celebrados que en Chubut, hay radicalismo por 100 años”. Niño mimado del expresidente Carlos Menem, pese a pertenecer a polos políticos opuestos, estuvo a punto de ir por la re-reelección. Unos pocos votos en la Legislatura lo privaron de ser el primero en lograr ese privilegio. Pero pasaron cosas.

Radicales de Chubut, en un laberinto


Algo más de 20 años después, la UCR no solo fue perdiendo fuerza electoral. También fuerza interna. Y hoy se debate entre los que se cruzan de vereda detrás de un cargo, los que ven un mejor horizonte en otros partidos y los que buscan alguna alianza cercana para sostener con alfileres lo que hoy pasó a ser un sello que se va quedando sin tinta.

El último cachetazo lo dieron los diputados radicales que forman parte del bloque oficialista de la Legislatura como producto de la alianza electoral del 2023 que llevó a Ignacio Torres a la gobernación de la provincia y que terminó con 20 años de dominio peronista.

Votaron a favor de la reelección indefinida de intendentes y jefes comunales, modificando una ley que surgió del propio seno del partido porque fue impulsada dos años antes por una diputada ucerreísta. Fue un golpe al corazón del partido porque hay quienes entienden que el tema pertenece a otras ideologías y está lejos de la historia que empezó a escribirse hace más de cien años.

La votación de la ley, impulsada por el oficialismo que responde a Torres, fue aprobada por simple mayoría. De los 27 diputados presentes en la sesión (estuvieron todos los que conforman la cámara), 16 votaron a favor, 10 en contra y hubo una abstención. En el bloque de los 16 hay 6 que pertenecen al radicalismo como producto de aquella alianza del 2023. Si esos 6 no hubiesen levantado la mano en favor de la sanción, la reforma se hubiese caído y los intendentes se quedaban sin el privilegio de la reelección indefinida.

Los primeros que alzaron la voz fueron los comités del interior. Sobre todo, de la cordillera. Pareció solo un grito en el desierto hasta que comenzaron a alzarse voces más potentes como la del intendente de Rawson, Damián Biss, expresidente de la UCR y hombre clave para forjar la alianza con Torres. Biss cuestionó el acompañamiento a una modificación que derriba el espíritu de una norma originalmente impulsada por el propio radicalismo a través de una dirigente que hasta hace muy poco tiempo funcionaba como una compañera de trabajo en la estructura partidaria. Se trata de Jacqueline Caminoa, quien no hace mucho renunció a su banca por motivos personales, pero continúa apoyando al actual gobierno.

Pero además, Biss anticipó que “los diputados radicales que votaron la reelección indefinida deberán dar explicaciones en el próximo plenario. Votaron en contra de las convicciones de nuestro partido”. Un dardo al corazón de la conducción que, tras el plenario, quedará en manos del intendente de Trelew, Gerardo Merino, de acuerdo con lo que se votó, y una de las espadas más afiladas del gobernador Ignacio Torres. Se espera un plenario caliente. Biss tuvo idas y vueltas en su relación con Torres. Parece que volvieron.

La UCR lleva un largo proceso con heridas profundas que van desangrando su estructura. La pelea constante entre los principales dirigentes la aleja cada vez más de la confianza ciudadana y eso se ve en los sucesivos resultados electorales adversos. Además, las versiones que van y vienen no le hacen nada bien. El acercamiento a La Libertad Avanza del sector ortodoxo del partido representa un mensaje. El desbarajuste en el ala más joven que no sabe para dónde girar y el “levantamiento” de la dirigencia del interior profundo representan demasiado para un partido que pretende resucitar de sus propias cenizas.

En lo que se denomina su testamento político y poco antes de suicidarse, el fundador de la UCR, Leandro N. Alem, inmortalizó la frase “que se rompa, pero que no se doble”.

El valor de esas 8 palabras no fue solo para el bronce, sino que significó un símbolo de resistencia y firmeza inquebrantable en sus convicciones. Alem fue más claro de lo que se supone: es preferible enfrentar consecuencias drásticas o la derrota (romperse) antes que ceder, traicionar los propios principios o someterse a la voluntad de otros (doblarse).

Pueden pasar dos cosas en la UCR de Chubut: o lo olvidaron o es lo mismo lo uno que lo otro.


Fue dueño del poder absoluto a principios de los 2000 y poseía un poder político que hasta entonces parecía inquebrantable. Incluso, el último gobernador de la Unión Cívica Radical, Carlos Maestro, llegó a decir en uno de sus discursos más celebrados que en Chubut, hay radicalismo por 100 años”. Niño mimado del expresidente Carlos Menem, pese a pertenecer a polos políticos opuestos, estuvo a punto de ir por la re-reelección. Unos pocos votos en la Legislatura lo privaron de ser el primero en lograr ese privilegio. Pero pasaron cosas.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios