Precariedad policial en la investigación del homicidio
Testimonios de policías en el juicio por crimen de Atahualpa revelaron las escasas herramientas con las que trabajaban para esclarecer un hecho tan grave.
Caso Atahualpa
Testimonios de policías revelaron las precarias condiciones con las que trabajaban, por lo menos en 2008, cuando ocurrió el homicidio del joven Atahualpa Martínez en Viedma.
“Andábamos a pie o en bicicleta” relató Héctor Linares, quien en ese momento cumplía funciones en la Brigada de Investigaciones de Viedma.
No obstante recordó que el auto con el que contaron durante unos años fue entregado por el entonces juez de Instrucción Juan Bernardi -actual presidente del Tribunal- producto de un secuestro. Dijo que en la causa trabajó desde que fue encontrado el cuerpo del joven asesinado, que se entrevistó con todo el mundo, varias veces con Juan Pablo Guaquinchai el amigo con el que salió Atahualpa aquella noche, que se manejaba con informantes pero que “en concreto nunca llegué a ninguna hipótesis”, incluída la que vinculó a Leandro Mildenberger, a quien se cruzó en el barrio Lavalle el día que encontraron a Atahualpa.
El policía José Alcarraz que trabaja hace unos 10 años con el perro rastreador “Sureño” recordó que luego del hallazgo del cuerpo fue convocado para realizar con el animal una prueba odorífica para tratar de establecer el recorrido seguido por el joven hasta el lugar donde fue encontrado. Para ello fueron utilizadas las zapatillas de la víctima a los efectos de orientar al can el rastro a identificar. Dijo que el animal partió del camino vecinal cercano a la planta transformadora de electricidad donde fue encontrado el cuerpo y recorrió unos 3.000 metros hasta llegar a la calle 30 del barrio Lavalle. Recordó que en tramos el recorrido del animal fue zigzagueante, concluyendo que ello se debió a que ese reconocimiento animal no fue sobre un camino que pisó la víctima sino que fue trasladado.
En ese aspecto aclaró que “Sureño” está adiestrado para rastrear una huella humana que no quedó marcada en el piso pero que sí el olor de esa persona en el ambiente al ser trasladado, por ejemplo, en una moto o en un vehículo con alguna de sus partes descubiertas.
El licenciado en Criminalística Edgar Castro recordó que aquella mañana de domingo de junio de 2008 recolectó indicios en el lugar donde fue encontrado el cuerpo del joven, fotografió todo lo que había en esa escena incluidos los rastros de neumáticos que habían quedado marcados en la calle mojada por la lluvia. También intervino en algunos allanamientos y admitió que el policía Hernán Toloy que trabajaba en el área de Informaciones de la Policía le consultó al principio de la investigación sobre algunas pericias y que le mencionó a Mildenberger.
Dos testigos fueron desestimados en la audiencia de ayer y el Tribunal integrado por Juan Bernardi, Eduardo Roumec y Rolando Gaitán también escuchó a Diego Candia, otro testigo propuesto por las defensas que basó su testimonio en el comentario formulado por un comerciante en relación a que una mujer le había comentado estar conmovida porque había sido testigo de una riña que terminó afectando a una persona que luego la mujer asoció que se trataba de Atahualpa por las informaciones en los medios y el lugar donde había aparecido el cuerpo. Esa testigo mencionada por Candia declaró ante los jueces en la audiencia anterior y nada de eso señaló.
DeViedma
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