Predicadores del odio

Por Redacción

En comparación con muchos otros países, sobre todo los de mayoría musulmana en que matanzas atroces suceden todos los días, la Argentina siempre ha sido relativamente libre de intolerancia religiosa, una enfermedad que, de agravarse, puede culminar en genocidio. Con todo, últimamente se han producido muchos episodios alarmantes que han motivado la viva preocupación no sólo de quienes practican cultos minoritarios sino también de las autoridades católicas, incluyendo al papa Francisco. Mientras que jóvenes anticlericales han profanado catedrales e iglesias católicas en diversas partes del país, otros, es de suponer de ideas muy distintas, han atacado templos metodistas y evangélicos. Por lo demás, hace apenas una semana una banda de integristas católicos irrumpió en la Catedral metropolitana de Buenos Aires para protestar contra una ceremonia ecuménica, en la que participaban rabinos y pastores, convocada para recordar la infame “Noche de los cristales rotos” con la que, hacía tres cuartos de siglo, los nazis redoblaron su ofensiva contra el pueblo judío, iniciando de tal modo el holocausto en el que serían vilmente asesinados aproximadamente seis millones de hombres, mujeres y niños. Según los integristas, celebrar la ceremonia recordatoria en la catedral porteña equivalía a “profanar la casa de Dios”, ya que a su entender los únicos con derecho a celebrar ritos religiosos en ella son quienes comparten su propias opiniones. Parecería que, a pesar de su conducta, los intrusos no eran nazis decididos a reivindicar uno de los crímenes colectivos más cruentos del sanguinario siglo XX, sino fanáticos indignados por la voluntad de los líderes de una iglesia antes hegemónica a adaptarse al mundo moderno, abandonando posturas que durante muchos años había mantenido. Tales personajes no quieren al papa Jorge Bergoglio por creerlo un reformista que, sin decirlo, se ha resignado a que el catolicismo sea una corriente religiosa entre otras, acaso la mejor desde su punto de vista pero nada más. Los integristas, que militan en la fracción muy conservadora fundada por el arzobispo galo Marcel Lefebvre que se rebeló contra las reformas que puso en marcha el Concilio Vaticano II, lo que le mereció la excomunión, se asemejan mucho a los extremistas que tanto estragos están causando en el mundo musulmán. Como ellos, se aferran a doctrinas que en el pasado eran consideradas indiscutibles pero que son incompatibles con la tolerancia mutua que es tan necesaria en la actualidad. Cuando Bergoglio fue elegido papa, muchos esperaron que, además de renovar la fe de sus compatriotas, contribuiría a hacer menos rencorosas las disputas políticas que estaban agitando el país, de ahí el “clima de crispación” que tantos habían denunciado. Aunque parecería que Francisco sí ha logrado dar un nuevo impulso a la religiosidad popular, sus intentos de adecuar el mensaje de la Iglesia Católica a los tiempos que corren, brindando la impresión de estar dispuesto a modificar la actitud de la institución que encabeza frente a los homosexuales y esforzarse aún más que sus antecesores por purgarla de los paidófilos cuya conducta la ha privado de autoridad moral, han molestado sumamente a los tradicionalistas. Éstos insisten en que son los únicos católicos genuinos –conforme a las pautas de un pasado cada vez más remoto, tendrán razón–, pero sólo se trata de una pequeña minoría aislada cuyos miembros, lo mismo que los activistas de sectas políticas igualmente dogmáticas, exteriorizan su descontento atacando e insultando a quienes se niegan a acompañarlos en su guerra quijotesca contra el tiempo. Que hayan elegido una ocasión tan sensible como la supuesta por el aniversario de la “Noche de los cristales rotos” para llamar la atención a su hostilidad hacia el catolicismo actual fue lamentable. Por cierto, hacer causa común con los nazis no los ayudará a convencer a muchos de que el papa Francisco es un heresiarca, enemigo de la fe verdadera que, en palabras de su líder Christian Bouchacourt, “hace cosas que no podemos aceptar”. Por el contrario, sólo servirá para confirmar la opinión generalizada de que son integrantes de una secta conformada por individuos parecidos a los que, durante los años de la dictadura militar, colaboraron activamente con la represión ilegal.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 17 de noviembre de 2013


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