Preocupación entre las mujeres tunecinas

Por Redacción

EMILIO J. CÁRDENAS (*)

Las libertades de la mujer tunecina han gozado, en las últimas décadas, de una protección legal sin par en el mundo árabe. Desde 1956, cuando se sancionaron varias leyes que apuntan a igualar la situación de la mujer con la del hombre y evitaron así postergaciones y limitantes que en otros rincones del mundo árabe son evidentes. De ello son bien conscientes las mujeres de Túnez, razón por la cual son siempre celosas al tiempo de tratar de preservar su particular situación legal. Porque en su país pueden divorciarse; saben que la poligamia está prohibida y que para casarse es necesario que ambos cónyuges manifiesten libremente su consenso, esto es también la mujer, a la que, en consecuencia, no se puede obligar a contraer matrimonio. Por esa razón, uno de los artículos (el 28º) de la reforma constitucional que está en marcha y que consagrará la carta magna futura del país que debería entrar en vigencia en octubre próximo, ha generado notorios temores. Me refiero a aquel que textualmente dice: “El Estado asegura la protección de los derechos de las mujeres, de sus conquistas, sobre la base del principio de la complementariedad con el hombre en el seno de la familia”. Obviamente la frase que se destaca con la bastardilla es la que genera los profundos recelos. Porque en rigor supone que, salvo las mujeres casadas, las demás no tendrían la referida protección legal. No existirían entonces. Lo que sería grave y obviamente representaría una clara marcha atrás para las mujeres tunecinas. De allí la efervescencia que ese proyecto ha provocado, que se ha manifestado en forma de protestas ruidosas de las organizaciones femeninistas y de derechos humanos locales, frente al edificio del Congreso y en las principales avenidas del centro de la capital del país. Con razón, por cierto. (*) Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas