¿Puede Neuquén tener su propio “Plan Marshall”?



Marina Esteves *

El Municipio neuquino presentó su “Plan Capital”, un ambicioso plan de obra pública para la ciudad de Neuquén, por el monto de $7000 millones. Incluye obras de infraestructura básica, como también grandes obras como la “Avenida Vaca Muerta”, una intervención sobre la Ruta Nacional N° 22, que será nivelada aumentando la cantidad de carriles. Todo ello, con un fuerte impulso del “Compre local”. El programa de obra pública municipal fue comparado -no por las circunstancias históricas, sino por sus resultados- con el plan de ayuda más venerado de la historia, el Plan Marshall.


Ahora bien, sin dejar de aclarar que la pandemia por el covid no podría compararse con la Segunda Guerra Mundial, corresponde preguntarse si el Plan Capital podría tener los mismos efectos que tuvo el Plan Marshall, en aquella Europa devastada por la Gran Guerra.


Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, los países que participaron del conflicto se encontraban en una situación de suma gravedad: las pérdidas de vidas humanas alcanzaron al menos a 60 millones de personas, algunas ciudades directamente se esfumaron de los mapas, las comunicaciones y la industria europeas prácticamente desaparecieron y los campos fueron devastados, la agricultura se vio resentida, todo lo que significó altísimos niveles de pobreza y hambruna para la población.


En síntesis, infraestructura diezmada, economías deprimidas, y sin reservas para comerciar con el resto del mundo. En ese contexto, el Secretario de Estado Americano George C. Marshall propuso un plan de ayuda para toda Europa, que se convirtió en ley en 1948 y tuvo una duración de cuatro años. El objetivo era evidente: la lucha contra la miseria y el atraso económico.

Sin embargo, el trasfondo político era combatir el crecimiento de los partidos comunistas europeos. En términos simples, el plan se valía de dos herramientas: por un lado, Estados Unidos asistiría con dólares principalmente a los países europeos  para la reconstrucción de su infraestructura y economías, quienes al mismo tiempo importaban bienes de Estados Unidos; y, por otro lado, los países participantes del plan debían desregular sus economías y abrirse al comercio internacional.


Ahora bien, ¿cuál fue el éxito del tan mentado Plan Marshall? Un estudio realizado por el economista Tyler Cowen de la George Mason University encontró que el rápido crecimiento económico en los países sucedió “independientemente de la duración y extensión de los fondos del Plan Marshall”. El “Milagro alemán” comenzó antes de que la ayuda empezara a llegar, y coincidió con la eliminación de varias de las amplias restricciones al comercio, producción, precios y distribución impuestas por la Comisión de Control Aliado. Al respecto, el analista alemán  Werner Abelshauser concluyó que “la ayuda extranjera no fue crucial para el inicio de la recuperación o en su mantenimiento”.

Por su parte, la recuperación de Francia, Italia y Bélgica, señala Cowen, también antecede al flujo de la ayuda norteamericana. Bélgica, el primer país en aplicar políticas económicas del libre mercado luego de su liberación en 1944, experimentó la recuperación más rápida evitando la severa escasez en vivienda y alimentos vista en el resto de Europa continental. De acuerdo a datos del economista Nicolás Cachanosky, el Plan Marshall contó con U$S 120.000 millones a valores actuales y ayudó a la reconstrucción de Europa, pero la evidencia demuestra que la recuperación no podría haber ocurrido sin la libertad económica.


El Municipio capitalino, planea endeudarse por la suma de $5.200 millones y, a través de la obra pública, reactivar la economía para producir el “Milagro neuquino”.


El éxito de la reactivación luego de una gran crisis es la reducción de impuestos, menores regulaciones a la actividad económica y el recorte del gasto público corriente.



Sin embargo, no deben perderse de vista algunos datos históricos: la Municipalidad de Neuquén se caracterizó por tener planes de obras públicas permanentes y con afectación de un importante porcentaje del presupuesto municipal -sin necesidad de recurrir al endeudamiento-; a saber: en el presupuesto 2016, el 16% se encontraba destinado a la obra pública, porcentaje que aumentó al 24% en el presupuesto 2017, al 30% en 2018 y al 35% en 2019. La principal diferencia es que, en contexto de pandemia, la recaudación municipal descendió en un 50%, y se decidió recurrir al endeudamiento para la ejecución de la obra pública, con la promesa de generar 3.000 puestos de trabajos directos e indirectos, con una fuerte aplicación del “Compre Neuquino”.


El “Plan Marshall” fue un paquete de ayuda económica no reintegrable -a excepción de Alemania-. Por el contrario, el “Plan Capital” se financiará principalmente mediante endeudamiento público. La contracara de la deuda serán mayores impuestos locales que en un futuro cercano los neuquinos pagaremos para afrontar las amortizaciones e intereses de las obligaciones contraídas.


Como lo demuestra la historia, el éxito de la reactivación económica luego de una gran crisis es la reducción de impuestos, menores regulaciones a la actividad económica y el recorte del gasto público corriente, que en este primer semestre de la nueva gestión parecería haberse descontrolado. Sólo el tiempo nos demostrará si el propósito del “Plan Capital” se logrará, o la deuda que se pretende contraer será utilizada para financiar el gasto corriente o la ejecución de obra pública de dudosa necesidad.

* Abogada


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