Punto muerto

La crisis del Frente deprime cualquier gestión.

Por Redacción

ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar

Se habla más de conspiración que de respuesta estatal. Es el conflicto del Frente que atenúa cualquier acierto gubernamental y, en cambio, ilumina el desacierto. Sólo un mes transcurrió desde la asunción del nuevo gabinete y el recambio lanzado por el gobernador Alberto Weretilneck. Poco y nada se sabe del aporte incorporado. Algunos cuadros no han sido concluidos y ya están desdibujados en semejante bullicio político-institucional. Ocurre que Weretilneck, pese a su esfuerzo personal, no puede salir de la encerrona del ahogo interno. Nada pacificador aparece –por ahora– en el terreno de la disputa del gobernador y el senador Miguel Pichetto. Cada sector mantiene enfrente al otro. La votación parlamentaria para ampliar el STJ acentuó esa trama. El rechazo sufrido por el oficialismo tuvo su esencia en el bloque pichettista. “Allí está la verdadera oposición”, expresan en el gobierno tras el recuento perdido. Existía más bronca frente a esa negativa que hurgar en su propia impericia. Nada explica por qué Weretilneck arriesgó tanto por tan poco con un proyecto apurado e innecesario en las urgencias actuales. Sólo aceleró los plazos en la creencia de su segura aprobación y concluir en diciembre con la elección de los tres nuevos jueces en el STJ (el reemplazo de Víctor Sodero Nievas y las dos nuevas vacantes). Disponía de información errónea, propia y ajena. Esa celeridad sorprendió hasta a los colegios de abogados partícipes en la comisión especial porque quedó pendiente una tercera reunión de evaluación con los actuales vocales del STJ. Se obvió ese contacto y se cedió un fuerte argumento opositor. En su acceso parlamentario, el gobierno subestimó el frente del PJ crítico, que luego se combinó con la interna del radicalismo. Reapareció el exgobernador Saiz para aprovechar esa debilidad al modificar el voto de tres legisladores que acompañaban aquel proyecto hasta dos días antes. El exmandatario los apartó de la postura de la bancada que preside Bautista Mendioroz y desarticuló el logro oficialista. Su actitud final recordó su estilo obcecado cuando se negó a cualquier diálogo después de la votación. No aceptó ninguna llamada. Su objetivo prioritario era desnudar la fragilidad oficial. El contacto más directo lo recibió Francisco González –uno de los tres mudados– del oficialista Ricardo Arroyo, con el gobernador al lado. “Ya es tarde”, fue la respuesta repetida. Eran las horas finales y aturdidas del jueves cuando el oficialismo vaticinaba la derrota del otro día. Por entonces nada se había intentado en dirección al justicialismo más allá de un tardío llamado de Pedro Pesatti a Ariel Rivero que tampoco prosperó. En la desazón, el foro de Cipolletti operó fuertemente, consciente de que el aumento del STJ daría mejores posibilidades para introducir a un abogado suyo en el máximo tribunal. Saiz sintió –por un rato– volver a su pasado de eje político. Desestimó indirectas promesas inverosímiles para apoyar mientras garantizó al colegio roquense que sus legisladores frustrarían el proyecto. Casi asegurada la derrota, Weretilneck instruyó seguir con el tratamiento para adjudicarles la responsabilidad del fracaso institucional a Pichetto y Saiz. Así ocurrió. A las pocas horas, el gobernador los culpó y los enlazó en Sierra Grande cuando compartía con el senador el aniversario de esa localidad. La reprimenda sólo fue pública, como otro ejemplo de que el diálogo existente entre ellos es intrascendente. El gobernador siempre contó 20 legisladores suyos, pero mostró 18 diputados con trabajosos apoyos, como el del gremialista Héctor López y el de Martín Doñate, de La Cámpora. Ese número es insuficiente para disponer de cualquier mayoría simple. Hay otro desafío inmediato con el tratamiento de la reforma educativa. Educación milita, con razón, para disponer de un fuerte consenso legislativo, pero esa meta aún es remota. La oposición del PJ y del radicalismo acumula observaciones suficientes para exigir un tiempo algo mayor a noviembre, planteado por el gobierno como su fecha en el recinto. Reaparece el dilema de reunión de Weretilneck. Abandonar su apariencia culposa y consolidar un claro entendimiento con sectores del radicalismo o recuperar y reparar lazos con el PJ de Pichetto. No habrá nada sólido, pero persistirá en cierto resguardo parlamentario del radicalismo. Sufre cualquier junta radical pero, hoy por hoy, nada quiere con aquellos exsocios justicialistas aunque escucha planes para sostener canales con Pichetto. Esta idea está orientada a un pasaje mínimo que no siga deteriorando más aún esa compleja relación. Ambos tienen un preciso punto en común: su ligazón al kirchnerismo. Ese vértice nacional se abordó en una reciente audiencia del vicepresidente Amado Boudou con Fernando Vaca Narvaja. El ministro se fue entusiasmado porque la Nación sigue el proceso rionegrino, no convalida ninguna disputa y creyó detectar espacios para otra mediación, aunque no inmediata. El jueves, Mendioroz anunció en Cipolletti que, con la legisladora Marta Milesi, insistiría en un proyecto de cinco miembros del STJ. Reeditó la esperanza cipoleña por su integración en el tribunal, cuya presión Weretilneck registra bien. Acordado o no, el radical renovaba obscenamente la oportunidad del proyecto oficialista pero ocultaba un apuro doméstico: respaldar a las autoridades del colegio cipoleño que al otro día, el viernes, ponían en juego su continuidad. Y Marcelo Lizzi logró su reelección, a pesar del impacto del fracaso parlamentario. Confianzas renovadas para un racimo de candidatos al STJ, empezando con Ricardo Apcarian –exasesor legal en la gestión municipal de Weretilneck– hasta los camaristas Edgardo Albrieu y Pablo Repetto, pasando por la jueza federal Carolina Pandolfi y tampoco desechando al reelecto Lizzi. Esta tracción valletana podría darse ya con la vacante de Sodero Nievas, incluso cuando el colegio viedmense entiende que esa vacante corresponde a su jurisdicción. Igualmente, Weretilneck se concentrará ahora en una reacción gubernamental, consolidando y alentando a su flamante equipo. Arengó al gabinete el viernes porque en su revalorización se asienta la gestión. Sabe que hay estados desparejos y áreas puntualmente cesadas. Entre los noveles hay desproporción entre la autonomía e ímpetu de Vaca Narvaja y el sosiego estatal de Alfredo Palmieri, quien recién está completando su gabinete. El ministro ubicó como segundo a Carlos Rivas pero, otra vez, Weretilneck introdujo a su nexo de confianza: la abogada cipoleña Andrea Confini en el Ministerio de Agricultura (ex-Producción). La próxima inclusión albertista será la concejal viedmense Liliana Andaloro como segunda de Salud y su vacante parlamentaria será ocupada por el vecinalista Lorenzo Córdoba. El equilibrio funcional atañe al mandatario, aunque varía su creencia hacia sus ministros. Fue y arengó al equipo de Obras Públicas mientras permite cercanos recelos críticos contra Ernesto Paillalef, el otro vínculo con el kirchnerismo. Casualmente, las suspicacias aluden a que ese funcionario no logró todavía ni mostrarse con la ministra Alicia Kirchner. Aun así, Weretilneck refuerza sus lazos con el Movimiento Evita por otra razón coyuntural: le ofrece movilización política, como ocurrió ayer en Allen por el aniversario del fallecimiento de Néstor Kirchner. Sus mayores padecimientos surgen de sus socios del Frente. Sus funcionarios tampoco colaboran a la buscada serenidad. Peligra la continuidad del exministro César del Valle en la titularidad de Vialidad, ya que habría cometido otro desvarío en el organismo al que llegó hace sólo un mes. Pero su mayor atención radica en la persistente ofensiva del sector de Pichetto. El descanso beligerante se posterga y Weretilneck advierte que no se gobierna con ese apremio permanente en su despacho. Si no se aplaca, el plan estará pensado: intentar correr la puja al seno del partido y, para eso, se evalúa la renuncia de los consejeros y así forzar un llamado a elecciones por la conducción, que lidera Pichetto. Acciones, diseños y amagos de un conflicto que se anida en los enfados por lo que se hicieron o lo que se dijeron. También alentado por pasiones movidas en las intrigas y conjuras, reales y supuestas.