“¿Quo vadis, papa Francisco?”
Como católico portador de todos los sacramentos (salvo la extremaunción, ningún apuro), no puedo menos que preguntarme, con todo respeto: ¿qué le pasa al papa?, ¿es o se hace? ¿Puede un argentino bien informado y mayor de 70 años desconocer quién es Milagro Sala o Guillermo Moreno? ¿Está su santidad padeciendo de amnesia vaticana? ¿O deberá también esto asignarse a la infalibilidad papal? Todos sabemos que la Argentina es, desde hace décadas, un polvorín. Solo hace falta una chispita, y hay muchos dispuestos a encenderla. Independientemente de la ideología que cada cual profese (o de la cual se disfrace), resulta al menos extraño el obsequio de un rosario bendecido a una “dirigente social” que veranea lujosamente en Punta del Este con plata de sus “dirigidos”, alegando, con cara de bigornia: “¿Qué? ¿No podemos porque somos negros?”. Con más: el antecedente personal de haber incendiado la Casa de Gobierno de Jujuy (monumento histórico) y de cien delitos más (autos “obsequiados”, propiedades, etc.), cuyo juzgamiento está en pleno proceso. Todo lo cual luce como una provocación y una invitación a la violencia piquetera de parte de quienes se sintieron avalados por S.S., perpetrando los 200 cortes de ruta de hace pocos días. Muchas filmaciones de la propia Tupac certifican su extrema violencia, incluso contra un luchador social como el Perro Santillán; sin analizar que la Sra. Milagro no es cristiana sino (lo dice ella) adoradora de la Pachamama. ¿No hubiera sido más prudente de parte de S.S. una oración “para que enderece sus torcidos caminos” o “por la salvación de su alma”? No conforme con este desatino, el prologarle el libro a un exfuncionario señalado y acusado por múltiples actitudes facho gangsteriles no habla precisamente de la ponderación y el equilibrio esperables de tan relevante figura. Si sumamos el extraño silencio del papa con respecto al reconocimiento del nuevo gobierno (que parece no gustarle pero es lo que hay por el voto) y la reciente entrevista de ¡22 minutos! en Roma, la actitud de su santidad asume a mi juicio rasgos al menos desestabilizadores. El piqueterismo cortarrutas (que no porta banderas de Belgrano sino banderolas de otras patrias) es un invento argentino de siniestras características (uno más) no tolerado en ningún país del mundo, tanto menos en los gobernados por la izquierda a la que dicen pertenecer sus cultores habituales (Cuba, China, Corea del Norte, Venezuela, etc.). Como médico he escuchado testimonios de severos daños a la salud e incluso muertes en personas de poblaciones secuestradas (que no otra cosa es este delito sino un secuestro masivo y un sitiamiento al país, al que toman como rehén). Hecho este que no puede compararse al de marchar, hacer huelga, ocupar una plaza o una banquina, o cortar una cuadra, lo que siempre da alternativas. Se obtiene así de la sociedad (con violencia y extorsión) lo que debió conseguirse con el diálogo. Y a estos daños deben sumarse los económicos y (lo más trágico) las víctimas de la represión del ilícito, y aquellas otras que (desesperadas) perdieron la vida buscando inútilmente rutas opcionales. A esto lo llaman (parece una burla) “derecho a la protesta”, “ocupación pacífica”, etc. Cabe la pregunta, entonces: ¿puede un piquetero representarse la angustia de un matrimonio de trabajadores retenido por horas en la ruta desértica a 50 grados, sin agua ni medicamentos, con sus dos lactantes deshidratados por diarrea tóxica? (y luego, al llegar el “luchador” a casa, besar a sus hijos sin culpa alguna). ¿O el drama de un anciano a quien se le está reventando la aorta, sin poder pasar porque le apalean el auto? Difícilmente, si no es él la víctima. En cualquier caso, lo que es seguro, se victimizará llegado el momento, aullando: “criminalización de la protesta social”, “represión”, “judicialización” y otras frases del manual de la patria piquetera, mientras se defeca en la patria (que es el otro, en palabras de Cristina F. de Kirchner, discurso del 10/12/15 y anteriores). No ignoran, obviamente, que lo criminal no es el juzgamiento sino el acto que lo provoca, ¿no? Pero tranquilos, el nuevo Código de la ministra Bullrich prohíbe a todo uniformado el uso de armas letales. No así a encapuchados y Cía., que seguirán portando palos, cadenas, “fierros” y destornilladores (siempre “no letales” para nuestras leyes y muchos jueces). Amoroso país, bendecido por derechos humanos tuertos, que dejan con su silencio cómplice a la mayoría del pueblo (K y no K) a merced de minorías tan impiadosas como llenas de privilegios. Horacio Vorraso DNI 5.664.057 – Roca
Horacio Vorraso, DNI 5.664.057 Roca
Como católico portador de todos los sacramentos (salvo la extremaunción, ningún apuro), no puedo menos que preguntarme, con todo respeto: ¿qué le pasa al papa?, ¿es o se hace? ¿Puede un argentino bien informado y mayor de 70 años desconocer quién es Milagro Sala o Guillermo Moreno? ¿Está su santidad padeciendo de amnesia vaticana? ¿O deberá también esto asignarse a la infalibilidad papal? Todos sabemos que la Argentina es, desde hace décadas, un polvorín. Solo hace falta una chispita, y hay muchos dispuestos a encenderla. Independientemente de la ideología que cada cual profese (o de la cual se disfrace), resulta al menos extraño el obsequio de un rosario bendecido a una “dirigente social” que veranea lujosamente en Punta del Este con plata de sus “dirigidos”, alegando, con cara de bigornia: “¿Qué? ¿No podemos porque somos negros?”. Con más: el antecedente personal de haber incendiado la Casa de Gobierno de Jujuy (monumento histórico) y de cien delitos más (autos “obsequiados”, propiedades, etc.), cuyo juzgamiento está en pleno proceso. Todo lo cual luce como una provocación y una invitación a la violencia piquetera de parte de quienes se sintieron avalados por S.S., perpetrando los 200 cortes de ruta de hace pocos días. Muchas filmaciones de la propia Tupac certifican su extrema violencia, incluso contra un luchador social como el Perro Santillán; sin analizar que la Sra. Milagro no es cristiana sino (lo dice ella) adoradora de la Pachamama. ¿No hubiera sido más prudente de parte de S.S. una oración “para que enderece sus torcidos caminos” o “por la salvación de su alma”? No conforme con este desatino, el prologarle el libro a un exfuncionario señalado y acusado por múltiples actitudes facho gangsteriles no habla precisamente de la ponderación y el equilibrio esperables de tan relevante figura. Si sumamos el extraño silencio del papa con respecto al reconocimiento del nuevo gobierno (que parece no gustarle pero es lo que hay por el voto) y la reciente entrevista de ¡22 minutos! en Roma, la actitud de su santidad asume a mi juicio rasgos al menos desestabilizadores. El piqueterismo cortarrutas (que no porta banderas de Belgrano sino banderolas de otras patrias) es un invento argentino de siniestras características (uno más) no tolerado en ningún país del mundo, tanto menos en los gobernados por la izquierda a la que dicen pertenecer sus cultores habituales (Cuba, China, Corea del Norte, Venezuela, etc.). Como médico he escuchado testimonios de severos daños a la salud e incluso muertes en personas de poblaciones secuestradas (que no otra cosa es este delito sino un secuestro masivo y un sitiamiento al país, al que toman como rehén). Hecho este que no puede compararse al de marchar, hacer huelga, ocupar una plaza o una banquina, o cortar una cuadra, lo que siempre da alternativas. Se obtiene así de la sociedad (con violencia y extorsión) lo que debió conseguirse con el diálogo. Y a estos daños deben sumarse los económicos y (lo más trágico) las víctimas de la represión del ilícito, y aquellas otras que (desesperadas) perdieron la vida buscando inútilmente rutas opcionales. A esto lo llaman (parece una burla) “derecho a la protesta”, “ocupación pacífica”, etc. Cabe la pregunta, entonces: ¿puede un piquetero representarse la angustia de un matrimonio de trabajadores retenido por horas en la ruta desértica a 50 grados, sin agua ni medicamentos, con sus dos lactantes deshidratados por diarrea tóxica? (y luego, al llegar el “luchador” a casa, besar a sus hijos sin culpa alguna). ¿O el drama de un anciano a quien se le está reventando la aorta, sin poder pasar porque le apalean el auto? Difícilmente, si no es él la víctima. En cualquier caso, lo que es seguro, se victimizará llegado el momento, aullando: “criminalización de la protesta social”, “represión”, “judicialización” y otras frases del manual de la patria piquetera, mientras se defeca en la patria (que es el otro, en palabras de Cristina F. de Kirchner, discurso del 10/12/15 y anteriores). No ignoran, obviamente, que lo criminal no es el juzgamiento sino el acto que lo provoca, ¿no? Pero tranquilos, el nuevo Código de la ministra Bullrich prohíbe a todo uniformado el uso de armas letales. No así a encapuchados y Cía., que seguirán portando palos, cadenas, “fierros” y destornilladores (siempre “no letales” para nuestras leyes y muchos jueces). Amoroso país, bendecido por derechos humanos tuertos, que dejan con su silencio cómplice a la mayoría del pueblo (K y no K) a merced de minorías tan impiadosas como llenas de privilegios. Horacio Vorraso DNI 5.664.057 - Roca
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