Recicló una combi y viaja con su perro hacia Alaska

El joven cordobés de 27 años estuvo tres meses en Viedma, pasó por Roca y va rumbo a chile. “Viajo sin tener el control de nada. Que todo fluya en el camino”, dice.



Recicló una combi y viaja con su perro hacia Alaska. (Gonzalo Maldonado)

“Me ayudas a sumar kilómetros” dice el cartel pegado a una combi de techo alto con el mapamundi en uno de sus costados. El que lo pide es Martín Sánchez, un joven de 27 años, cordobés, que viene viajando desde Viedma.

Por estos días estará en Roca, para continuar luego a Bariloche, seguir hacia a Chile, el norte argentino, Brasil, Bolivia y así hasta llegar a su destino, Alaska.

“La idea no es llegar a Alaska, sino conocer en el camino lo más que pueda”, dice mientras muestra los llaveros que vende por $50 para costear los gastos.

Asegura que quiere conocer lugares, personas, culturas y comidas.

En principio su novia lo iba a acompañar, pero al ver la dimensión de la locura de Martín, desistió y su copiloto es su cachorro “apu” (personaje de los Simpson).

“Cuando uno hace lo que ama, la gente que suma, siempre ayuda”, dice mientras una señora mayor se acerca con un billete para ayudar a Martín.


“Me ayudas a sumar kilómetros” dice el cartel pegado a su combi. (Gonzalo Maldonado)

El joven estudió dos años de ingeniería, luego abandonó y se dedicó al trabajo de la fibra de vidrio. Ese aprendizaje le valió otros trabajos de construcción de casillas rodantes. La última la hizo en Viedma. “Si bien voy viajando, soy libre de quedarme, si surge algún trabajo”, cuenta.

La combi en la que viaja es una carroceria de Volkswagen, aunque con adaptaciones mecánicas. “El motor es de una cupe Fiat, diferencia de Ranger, elásticos de Toyota, etc. Es un rejunte de varios vehículos, por eso le llama “franki. Está preparada con cama y baño, además”, explica.

Martín se define como un autodidacta y puede trabajar de lo que sea, por eso carga con varias herramientas que no sólo le permiten reparar a “franki”, sino realizar trabajos varios para conseguir los fondos que le permitan seguir viaje.

En cuanto a la comida, asegura saber de comidas, aunque la mayoría de las veces lo invitan a asados o a almorzar en alguna casa. “Cuando me invitan no puedo decir que no. Vengo haciendo amigos desde el primer día que salí, en febrero de este año”, cuenta el joven que espera continuar con su sueño, pero sin apuros.

“Salgo con la intención de no tener el control absoluto de nada y dejar fluir. Si da para quedarse en algún lugar lo haré, sino seguiré mi viaje”, dice Martín quien tiene un sitio en Internet, donde cuenta su viaje por el mundo.


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