Ordenan a Salud Mental que se ocupe de un joven con adicciones, sin hogar y autor de violencia de género

Dos mujeres lo denunciaron y una de ellas tiene custodia policial. El imputado padece graves problemas de salud y pide que lo internen pero sin respuesta. Representa un desafío para las instituciones.





Cuando ocurre un hecho irreparable de violencia surgen las preguntas de siempre: cómo se llegó a ese extremo, por qué no intervinieron las instituciones o fue insuficiente su trabajo, por qué no se reaccionó ante las alarmas. Por estas horas hay un caso en Neuquén que no tolera más dilaciones, y el Estado debe ocuparse de inmediato para no lamentarse luego de que «llegamos tarde».

V.L.M. tiene 25 años y padece adicciones desde los 12. Sus padres no lo quieren en la casa, de modo que duerme en la calle, donde lo sorprende la noche. Sufre problemas de salud y registra intentos de quitarse la vida en las comisarías cuando estuvo detenido.

No recibe ayuda del gobierno provincial ni del sistema de Salud Pública, reveló a Río Negro la fiscal Carolina Mauti. Este viernes, en coordinación con la defensa, le pidieron a juez Gustavo Ravizzoli que ordene a Salud Mental una intervención multidisciplinaria, para que elabore un diagnóstico que permita iniciar un tratamiento.

El magistrado hizo lugar, bajo apercibimiento de abrir una causa por incumplimiento de una orden judicial.

Mauti, quien conoce desde hace años a V.L.M., no tiene dudas de que es un peligro para sí y para terceros. «Hay muchos casos como este, y Salud Mental tiene un criterio muy restrictivo para intervenir», explicó a este diario.

Sus problemas de salud y de adicciones le hicieron perder el trabajo que tenía en una empresa de recolección de residuos.


Dos denunciantes


De todas los organismos que deberían aportar para alcanzar una solución al caso, el único que intervino es el sistema penal, la rama más violenta del Estado. Fue a partir de las denuncias de dos mujeres con las cuales el joven convivió un tiempo, hasta que cometió actos de violencia de género.

Una de ellas pidió custodia policial permanente; la otra no quiere un oficial en la puerta día y noche y reclamó que la custodia se la pongan al joven que la atacó y que le robó una suma de dinero que pudo recuperar.

Estuvo detenido en comisarías, donde protagonizó intentos de suicidio. Por eso lo excarcelaron con una tobillera electrónica, que se quitó tres veces. Un dato: a su primera pareja no volvió a acercarse en los tres años desde la separación.

Quienes lo conocen aseguran que cuando no está bajo los efectos de estupefacientes, V.L.M. es un joven agradable, consciente de su situación, y pide que lo internen. Hasta ahora su reclamo no tuvo respuesta, y sigue durmiendo en la calle.


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