Rehenes hirieron al ladrón mientras hablaba por tevé
Un dramático asalto con rehenes en el corazón de la Capital Federal tuvo una resolución tragicómica. La televisión cumplió un papel fundamental. El solitario asaltante fue herido de bala.
BUENOS AIRES (DyN).- Un delincuente resultó herido ayer, luego de mantener durante más de cinco horas a seis personas como rehenes en una céntrica oficina del Conicet, cuando una de las víctimas aprovechó que el asaltante era entrevistado por un canal de noticias para dispararle con su propia arma.
El hecho se inició minutos después de las 15, en el cuarto piso del edificio ubicado en Bartolomé Mitre 1970, a pocas cuadras del Congreso Nacional, cuando un solo asaltante ingresó al lugar para robar, tras lo cual tomó como rehenes a seis empleados del organismo científico y se generó una tensa situación que se derivó en una negociación mediática entre el delincuente, la Policía Federal y Crónica TV.
En tanto, según la versión policial, uno de los rehenes facilitó la detención del delincuente, que se identificó como «Toqui», al aprovechar un descuido del asaltante -quien mantenía una tragicómica entrevista en vivo con el canal de noticias- para arrebatarle el arma y dispararle.
Asimismo, se indicó que ninguno de los rehenes resultó herido, y que «Toqui» recibió «un disparo en la ingle derecha», por lo que fue asistido médicamente.
En rigor, el desenlace se produjo cuando «Toqui», que mantenía una conversación cruzada con el periodista que lo entrevistaba al aire, el mediador policial y una mujer que había llegado al lugar y que decía ser la hermana del asaltante, se descuidó y dejó su arma al alcance de uno de los rehenes, quien la tomó, le disparó y logró reducirlo, según la versión policial.
El episodio había tomado ribetes tragicómicos a raíz del diálogo que mantuvo el delincuente con el periodista Claudio Orellano y el conductor televisivo Roberto González Rivero («Riverito»), ambos de Crónica TV, quienes trataban infructuosamente de convencerlo de que dejara entrar un televisor al piso donde estaba con los rehenes para demostrarle que estaba saliendo al aire.
Pero «Toqui», quien desconfiaba de que se tratara efectivamente de «Riverito», el popular lector de resultados de juegos de azar, imitó, también al aire, la voz del conductor con su célebre pronunciación del número «oooocho», como forma de sostener su argumento por el cual cualquiera podía hacerse pasar por él.
Toqui -quien había solicitado y recibido de la policía pizza, bebidas y psicofármacos- reclamó que los camarógrafos del canal ingresaran al despacho «en short y en cueros», porque temía que fueran policías disfrazados.
Durante varios momentos, el control de la negociación pasó a manos de los periodistas, que se comunicaban vía telefónica con el delincuente y con una mujer que decía ser también hermana de éste; en tanto, los oficiales de policía discutían con los hombres de prensa por la forma en que continuarían la situación.
«Soy el comisario, te doy garantías, no hiciste ninguna cagada grande», se escuchó decir por TV a un jefe policial, mientras otro le proponía que se pusiera un chaleco antibalas «en la cabeza» y saliera «mezclado» con los rehenes. Un tercer oficial se dirigió al ladrón con términos como «papi» o «pichón».
Mientras se mantenía una negociación a través de la puerta, se escucharon los disparos y sobrevino la detención del hombre.
Se trató de no repetir los errores cometidos en Ramallo
«El tiempo es lo más barato que tenemos, vamos a privilegiar la vida ante todo, tanto de los rehenes como de los delincuentes», advertía desde temprano el comisario mayor Roberto Galvarino, director de Orden Urbano de la Policía Federal.
Galvarino fue uno de los policías que concurrió hasta el viejo edificio de Bartolomé Mitre 1970, del barrio porteño Congreso, donde un delincuente tomó a seis personas como rehenes en oficinas del Conicet, en el cuarto piso.
Inicialmente -el episodio comenzó pasadas las 15- no se sabía con exactitud cuántos delincuentes había adentro y cuántos eran los rehenes.
Incluso algunas personas dijeron a los periodistas que uno de los rehenes había golpeado con un arma de fuego y está herido, pero el ladrón «Toqui» o «Claudio» -como dijo llamarse- lo desmintió terminantemente.
«Están mintiendo, me están chamullando», se enojó varias veces el delincuente en los diálogos que mantuvo con cronistas de TV. A medida que pasaba el tiempo descreía de que los periodistas eran periodistas y decía no tener una hermana Eva.
La mujer, en cambio, habló con periodistas de un canal de televisión y pidió que a su hermano «no le hagan nada», y resueltamente se dirigió hacia el edificio de Congreso para dialogar con el delincuente.
En ese momento se registró la resolución del conflicto cuando en una distracción suya, un rehén le arrebató el arma de fuego y le disparó a las piernas.
Eran las 20.21. Ahí ingresó la policía y lo maniató rápidamente. En un momento se había pensado lo peor, pero luego se supo que «Toqui» estaba herido pero que su vida no corría peligro y que los rehenes estaban todos bien.
La cruenta resolución del asalto con toma de rehenes al banco Nación de Villa Ramallo estuvo permanentemente presente en la opinión pública mientras se registraba el hecho en oficinas del Conicet.
Eva le advirtió a un periodista de Crónica TV que el delincuente tenía miedo de que ocurriera «otro Villa Ramallo».
Ese episodio también lo tuvo en cuenta la Policía Federal, que fue utilizando distintos medios de negociación para no hacer fracasar las conversaciones con «Toqui». (Télam)