Álvaro superstar: compraron tres vacas de pedigree en liquidación hace 20 años, y ahora vendieron el 50% de un toro Angus colorado en 300 millones de pesos

Desde Indio Rico, la familia Bellocq construyó durante dos décadas un proyecto genético que empezó casi de manera accidental y terminó convertido en una cabaña reconocida dentro de la raza Angus. En el último remate realizado en Tres Arroyos, el 50% de Álvaro, un destacado toro colorado, fue vendido en $300 millones a un grupo de productores pampeanos. Detrás del número hay una historia familiar, selección genética y una mirada productiva que busca animales funcionales para el campo real.

Álvaro, el toro récord de cabaña Santa Rosa.

Cabaña Santa Rosa, ubicada en la zona de Indio Rico cercana a Tres Arroyos, no comenzó con una gran inversión ni con un ambicioso plan de negocios. Todo lo contrario. Fue, según cuenta Maximiliano Bellocq, una consecuencia casi inesperada de una compra que hizo su padre junto con un socio entre 2004 y 2005.

“La cabaña fue medio un sin querer, porque arrancó como algo muy improvisado”, recuerda Bellocq. En aquel momento compraron apenas tres vacas de pedigree en el remate de liquidación de La Legua, una cabaña reconocida de la zona. Con ese puñado de madres, la genética todavía estaba lejos de ocupar el lugar central que tiene actualmente dentro de la empresa.

La familia ya llevaba varias generaciones vinculada a la producción ganadera. Bellocq es la cuarta generación paterna dedicada a la actividad y ya se habla de una quinta generación en crecimiento relacionada con el campo. Sin embargo, la genética Angus no estaba originalmente en los planes.

“Mi tatarabuelo ya tenía campo acá en la zona. Nos dedicamos prácticamente toda la familia durante cuatro generaciones a esto”, señala. Pero durante muchos años el perfil fue el de un productor ganadero comercial, combinado con agricultura. La genética apareció después, casi como un hobby.

Aquellas tres vacas fueron el punto de partida. La actividad fue creciendo de manera progresiva, mientras el proyecto familiar comenzaba a ganar espacio. En 2008 llegaron las primeras participaciones en la Exposición Rural de Palermo y, dos años después, Maximiliano se incorporó de lleno al trabajo.

Maxi Bellocq y su familia en la Expo Rural de Palermo 2026.


“En 2010 fui a trabajar con mi viejo todos los días y allí nace un poco mi amor total por esto”, cuenta.

Ese momento terminó de definir su camino profesional. Maxi estudió Veterinaria, al igual que su padre Alfredo y su hermano Ezequiel, aunque reconoce que su verdadera vocación estaba en otro lugar: las vacas, la genética y especialmente la selección de los animales.

“Yo estudié Veterinaria para dedicarme a esto, ya que nunca tuve alma de veterinario”, se confiesa el productor.

Una empresa familiar



Hoy Santa Rosa es un proyecto en el que participa toda la familia. Alfredo Bellocq continúa ligado a la actividad; Ezequiel, veterinario, trabaja principalmente en sanidad animal; y Agustina, contadora, está al frente de la administración junto con su madre Liliana.

Santa Rosa es un proyecto de la familia Bellocq.


La esposa de Maximiliano también tiene un papel definido: lleva los registros, trabaja con la fotografía y el marketing de la empresa. Y otros integrantes de la familia colaboran cuando la actividad lo requiere.

El crecimiento de la cabaña también fue paulatino. Bellocq destaca que nunca hubo detrás una estructura de grandes capitales o una disponibilidad enorme de tierra. El camino fue comprar oportunidades, seleccionar y reinvertir. “No somos terratenientes. Tenemos el campo y siempre trabajamos para esto”, explica a Río Negro Rural.

«Nos dedicamos a hacer toros bien potentes, musculosos, de tamaño intermedio, bien correctos de estructura y con mucha clase y estilo”.

Maximiliano Bellocq, de cabaña Santa Rosa.

Esa característica también marcó la evolución del programa. Durante años la genética representó un complemento de la actividad ganadera. Desde 2018, en cambio, la familia decidió dedicarse completamente a la cabaña.

Hoy trabajan alrededor de 900 hectáreas, aunque solamente 220 son propias y el resto alquiladas. A eso se suma la administración de un establecimiento vecino de unas 1.700 hectáreas, que pertenecía al antiguo socio del padre de Maximiliano. Ambos campos se trabajan con una estructura común.

El rodeo ronda las 700 vacas, con unas 400 madres de pedigree y el resto corresponde al rodeo general.

La vaca es la clave



En Santa Rosa, la selección genética no comienza en el toro. Para Bellocq, la base está en las madres. “La clave de esto es tener muy buenas vacas, buenas madres”, resume.

Animales sueltos en el campo, parte de la filosofía de trabajo de cabaña Santa Rosa.


La filosofía productiva de la cabaña apunta a que las vacas de pedigree tengan una vida lo más parecida posible a la de cualquier vientre comercial. No se trata de sostenerlas artificialmente para que expresen un determinado fenotipo, sino de evaluar cómo responden bajo condiciones productivas concretas. “Las vacas funcionan como vacas comunes, andan sueltas en el campo”, explica.

Esa definición resulta central para entender el tipo de Angus que busca Santa Rosa. El objetivo es construir un rodeo maternal y, a partir de allí, utilizar los toros para corregir características y sumar atributos.

La búsqueda fenotípica apunta a animales de tamaño intermedio, musculosos, anchos, correctos de estructura y con características raciales marcadas. “Nos dedicamos a hacer toros bien potentes, musculosos, de tamaño intermedio, bien correctos de estructura y con mucha clase y estilo”, describe en detalle.

“Nos dedicamos a hacer toros bien potentes, musculosos, de tamaño intermedio, bien correctos de estructura y con mucha clase y estilo”.

Maximiliano Bellocq, de cabaña Santa Rosa.

La palabra “intermedio” aparece varias veces en la explicación de Bellocq. Es una definición productiva antes que estética. La raza Angus atravesó distintas etapas en la búsqueda del tamaño y del tipo de animal adecuado, desde ejemplares muy chicos hasta los llamados “new type”, de gran tamaño, que luego demostraron dificultades reproductivas y productivas. La tendencia posterior fue moderar esos extremos.

Para Bellocq, actualmente la raza atraviesa un momento de gran desarrollo porque se logró combinar estructura, carne, fertilidad y funcionalidad con una expresión fenotípica atractiva.

El salto de Álvaro



Ese trabajo encontró en Álvaro una expresión particularmente destacada. El toro colorado nació en agosto de 2024 y, con dos años, alcanzó un peso de 920 kilos. Tiene 43 centímetros de circunferencia escrotal y, de acuerdo con la descripción de Bellocq, reúne las características que Santa Rosa intenta fijar en su programa: tamaño intermedio, mucha musculatura, amplitud, costilla, clase y buenas características raciales.

El toro Álvaro en todo su esplendor en la pista de Palermo.


Pero Álvaro no es solamente un toro de exposición. Su importancia está también en el potencial genético que puede aportar a otros rodeos.

El animal ya tenía antecedentes destacados antes de llegar al remate. En la expo de Palermo 2026 fue tercer mejor macho, mientras que Santa Rosa obtuvo además el Gran Campeón Colorado en la exposición de otoño realizada en el mismo predio rural. Y como otro detalle de lo que hace Santa Rosa, un hijo de un toro de la cabaña fue el Gran Campeón Angus de la reciente Exposición Rural de Palermo, obtenido por Cabaña San José, de Maximiliano Mammoliti. Ese recorrido ayuda a explicar por qué Álvaro llegó al remate con una fuerte expectativa.

En el remate realizado en Tres Arroyos, la expectativa terminó superada. La cabaña vendió el 50% del toro en $300 millones, adquirido por un grupo de productores de La Pampa que se asociaron para quedarse con parte del animal.

Bellocq estaba junto al martillero cuando comenzó la puja. La primera cifra marcó el tono de lo que vendría. “Sabíamos que iba a haber una gran puja, no nos imaginamos tanto como lo que fue”, reconoce.

“Está muy de moda el Angus Colorado últimamente. Muchas cabañas empezaron a invertir y a crecer en esta línea”.

Maximiliano Bellocq, de cabaña Santa Rosa.

El rematador arrancó directamente haciendo una referencia de $300 millones por el toro que salía a subasta y, contra lo que podría esperarse, el valor terminó convalidándose. El toro ni siquiera estuvo físicamente en el remate ya que fue presentado mediante un video.

El resultado convirtió a Álvaro en el toro más caro vendido hasta ahora por la cabaña y en una referencia histórica para el Angus Colorado argentino y del mundo.

El dato también adquiere relevancia por el creciente interés que existe por el pelaje colorado dentro de la raza. Bellocq observa que en los últimos años muchas cabañas comenzaron a invertir con mayor intensidad en esa línea genética. “Está muy de moda el Angus Colorado últimamente. Muchas cabañas empezaron a invertir y a crecer en esta línea”, advierte.

Una sociedad para multiplicar genética



La operación no significa que Santa Rosa se desprenda completamente de Álvaro. La cabaña vendió el 50% y conserva la otra mitad junto con los nuevos propietarios.

Angus negro en cabaña Santa Rosa.


El toro está bajo un convenio con Select Debernardi, una de las empresas más importantes del mercado argentino en lo relacionado con genética bovina. El ejemplar ya se encuentra congelando semen y, durante este período inicial, será utilizado por sus propietarios. Luego estará disponible para el resto de los productores.

El objetivo final es que la genética de Álvaro pueda multiplicarse y llegar a rodeos comerciales. Ese es, en definitiva, el sentido del negocio de los toros padres. Un reproductor destacado puede transformar su valor individual en miles de dosis de semen y, a través de la inseminación artificial, llegar a establecimientos que nunca tendrían la posibilidad de incorporar físicamente un animal de ese nivel.

“La clave de esto es tener muy buenas vacas, buenas madres”.

Maximiliano Bellocq, de cabaña Santa Rosa.

Bellocq explica que un toro puede producir, según su capacidad y condiciones, entre 20.000 y 30.000 dosis anuales, y que algunos ejemplares pueden superar las 30.000 o 40.000. “Después de esa genética se disemina por los rodeos comerciales, donde hay muchas vacas que se inseminan con un solo toro”, señala.

Es allí donde los $300 millones dejan de ser solamente el precio de un animal. El verdadero valor está en la capacidad de multiplicar una genética que puede mejorar rodeos mucho más grandes.

Un campo pensado para producir



La selección genética de Santa Rosa
está estrechamente vinculada con las características del ambiente donde se producen los animales.

La zona de Indio Rico, próxima a Tres Arroyos, combina agricultura y ganadería. Hay sectores de lomas y bajos dulces, aptos para distintas alternativas forrajeras. La calidad del agua es buena y las precipitaciones se ubican, según Bellocq, entre los 500 y 600 milímetros anuales.

La agricultura está fundamentalmente al servicio de la ganadería. Se producen alimentos y pasturas, con una presencia importante de alfalfa. “Hacemos agricultura para la ganadería”, sintetiza. Es una definición que vuelve a conectar la genética con la producción. La búsqueda no consiste solamente en obtener animales visualmente impactantes, sino en producir reproductores capaces de funcionar en establecimientos donde la eficiencia, la fertilidad, el crecimiento y la facilidad de parto tienen tanto peso como la estética.

Por eso Bellocq observa con interés la evolución que también está teniendo la genética Angus en Patagonia. A partir de su relación con productores y cabañeros de esa región, reconoce un proceso de crecimiento importante. “Hasta hace no muchos años era toda genética traída del norte y ahora se está manejando con genética más propia”, sostiene.

Santa Rosa ya tiene relación comercial con productores patagónicos. Ha enviado embriones y vendido semen, y Bellocq también mantiene vínculos profesionales con Debernardi en el asesoramiento genético de rodeos de la región.

La genética no tiene techo



La dimensión internacional también forma parte del camino recorrido por la cabaña. En 2022, un padre de Álvaro obtuvo un campeonato mundial virtual y la familia viajó a Canadá para recibir el reconocimiento.

Pero la mirada de Bellocq no está centrada en los premios. La genética, sostiene, exige una búsqueda permanente.

La familia cuenta incluso con unas 12 vacas en Estados Unidos y viaja aproximadamente dos veces por año para trabajar con esa genética. Recientemente incorporaron tres terneras en pie y utilizan embriones provenientes de esas madres.

“En genética nunca hay que quedarse, siempre hay que ir avanzando. Nunca se llega al techo de esto, siempre hay algo para mejorar”, plantea.

“En genética nunca hay que quedarse, siempre hay que ir avanzando. Nunca se llega al techo de esto, siempre hay algo para mejorar”.

Maximiliano Bellocq, de cabaña Santa Rosa.

Esa idea resume buena parte de la trayectoria de Santa Rosa. De aquellas tres vacas compradas casi como una prueba, la cabaña llegó a producir animales capaces de competir en las principales pistas del país y generar buenas ventas. Pero el objetivo de la cabaña no se mueve del objetivo: mejorar las vacas, encontrar los toros adecuados y multiplicar esa genética.

El último remate puso una cifra extraordinaria a ese proceso. $300 millones por la mitad de Álvaro fue el número que quedó en los titulares. Para la familia Bellocq, sin embargo, el verdadero resultado está en lo que viene después: que ese toro colorado pueda convertir una genética seleccionada durante años en nuevos vientres, nuevos terneros y mejores rodeos.

Y en Santa Rosa saben que la próxima selección ya está en marcha.


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