Cecilia de Larminat: “Hay que ser más eficientes con lo que tenemos antes de pensar en aumentar el stock ganadero”
La presidenta de la Sociedad Rural de Neuquén llega a una nueva Expo Bovinos en Junín de los Andes con un escenario climático que renovó las expectativas del sector. Las lluvias mejoraron las condiciones de los campos, pero el desafío sigue siendo producir más y mejor, incorporar genética, recuperar la eficiencia reproductiva y cuidar los recursos naturales. La muestra también será un espacio para debatir sobre el agua, la seguridad rural y el futuro de los jóvenes en el campo.
Las lluvias cambiaron el paisaje y también el ánimo de los productores neuquinos. Después de varios años marcados por la sequía, la falta de pasto y las dificultades para sostener la hacienda, el agua volvió a darle una oportunidad a la producción ganadera. Sin embargo, para Cecilia de Larminat, presidenta de la Sociedad Rural de Neuquén, la recuperación de las condiciones naturales no debe confundirse con la solución definitiva de los problemas estructurales que enfrenta la actividad.
Con esa mirada, la dirigente se prepara para una nueva edición de la Expo Bovinos de Junín de los Andes, una de las citas importantes para la ganadería provincial, que reunirá a productores, cabañeros, compradores y jóvenes vinculados con el sector. La exposición será una oportunidad para mostrar reproductores, evaluar genética, concretar negocios y analizar el presente de una actividad que necesita mejorar sus índices productivos sin comprometer la capacidad de los campos.
“Es un año que a uno le dan ganas de, si tiene algo en el bolsillo o financiamiento disponible, buscar animales y repoblar el campo”, resume De Larminat al describir las perspectivas que abren las precipitaciones. Pero inmediatamente introduce una advertencia: las decisiones de inversión deben tomarse con prudencia, porque las condiciones excepcionales de un año húmedo no garantizan que el escenario se mantenga en las próximas temporadas.
La entrevista transcurre en un contexto de recuperación de las pasturas, aunque también de preocupación por el manejo de los recursos, la rentabilidad de los establecimientos y la necesidad de mejorar la eficiencia reproductiva. Para la presidenta de la Rural neuquina, la ganadería tiene margen para crecer, pero el camino no pasa necesariamente por sumar animales, sino por conseguir que cada uno produzca más.
Las lluvias cambiaron el escenario, pero no resolvieron todos los problemas
La diferencia con el año anterior es contundente. De Larminat toma como referencia lo ocurrido en su propio campo, ubicado en la zona de Las Lajas, dentro de un ambiente de estepa donde las precipitaciones son determinantes para la disponibilidad de forraje.
“Yo estoy en una zona donde, si no riego, tengo 150 milímetros al año, con suerte. El año pasado tuvimos 68 nada más”, cuenta. En el registro que compartía durante la entrevista, las precipitaciones acumuladas ya alcanzaban los 309 milímetros, con 103 milímetros concentrados solamente en octubre.

La diferencia no es un dato menor para una región en la que el agua condiciona la producción y la capacidad de carga de los establecimientos. La humedad disponible, sumada a las temperaturas primaverales, permite que las plantas respondan con mayor rapidez y que el crecimiento del pasto empiece a traducirse en mejores condiciones para la hacienda.
“En octubre lo lindo es que no hace frío, entonces ya tenés respuesta más rápida del pasto”, explica.
La dirigente describe un paisaje que contrasta con el de los meses anteriores. Sectores que habían quedado prácticamente desnudos comenzaron a reverdecer, incluso debajo de la vegetación característica de la estepa. “Hoy vos vas caminando por lugares que el año pasado a esta fecha eran un polvaderal y hoy están verdes, por abajo de los molles, de las jarillas. Tenés ese verdín y plantas que hacía un montón que no veía con flor y ahora están florecidas”.
La recuperación de la vegetación constituye una señal alentadora, aunque sus efectos sobre la producción no son inmediatos ni homogéneos. El estado previo de cada establecimiento, la cantidad de animales que permanecieron en el campo, la condición de los suelos y el manejo realizado durante los años secos influyen en la velocidad de la recuperación.
De Larminat señala que algunos productores tuvieron que reducir sus rodeos para evitar un deterioro mayor de los recursos. En esos casos, el alivio de la carga animal puede favorecer una respuesta más rápida de las pasturas.
“Es un año que a uno le dan ganas de, si tiene algo en el bolsillo o financiamiento disponible, buscar animales y repoblar el campo”.
Cecilia de Larminat, presidenta de la Sociedad Rural de Neuquén.
Pero también advierte que hay campos degradados en los que las precipitaciones intensas pueden generar problemas adicionales. Cuando falta cobertura vegetal, el agua arrastra suelo y sedimentos, agravando los procesos de erosión.
“Esto ayuda mucho, sobre todo al pequeño criancero”, sostiene, aunque aclara que los beneficios no se distribuyen de la misma manera en todos los establecimientos.
La lluvia, por lo tanto, es una condición necesaria para recuperar la producción, pero no reemplaza las decisiones de manejo ni revierte automáticamente los daños acumulados durante años de sequía.
Más pasto, mejores madres y una oportunidad para recuperar la eficiencia
Uno de los efectos más importantes de la recuperación forrajera se espera sobre la condición corporal de las vacas y su desempeño reproductivo. En los sistemas de cría, la disponibilidad de alimento influye directamente en la capacidad de las madres para mantener su estado, criar los terneros y volver a entrar en servicio.
Durante los períodos de escasez, las vacas pierden condición y la reproducción se resiente. La falta de alimento puede traducirse en menores porcentajes de preñez y en una reducción de los terneros logrados por cada vientre.
“Este año los tactos fueron peores que en años anteriores, por esto, porque la vaca se resiente porque no tiene comida”, señala. Y agrega que, con una mejor oferta de alimento, espera una recuperación de los índices productivos.
La expectativa es que la mejora de las pasturas contribuya a recuperar la condición de las madres, favorecer la producción de leche y permitir que vuelvan a ciclar en mejores condiciones.
No obstante, la dirigente evita generalizar los resultados para toda la provincia. Hay establecimientos que sostienen porcentajes de preñez elevados gracias a un manejo sistemático, mientras que otros tienen indicadores inferiores o directamente no realizan controles que permitan conocer con precisión su situación.
En ese punto aparece una de las cuestiones centrales para mejorar la ganadería: medir para decidir. Los tactos, el seguimiento de los vientres, la selección de las madres y la identificación de los animales improductivos son herramientas fundamentales para ordenar los rodeos y aprovechar mejor los recursos disponibles.
“Este es el momento para engordar y sacar animales del campo, hay que aprovechar para sacar lo que consume y no produce”.
Cecilia de Larminat, presidenta de la Sociedad Rural de Neuquén.
La recuperación del pasto también abre una oportunidad para vender animales que no responden a los objetivos productivos del establecimiento. En vez de mantener durante otra temporada vacas que consumen forraje sin producir terneros, el mejor estado de los campos puede facilitar su terminación y salida comercial.
“Este es el momento para engordar y sacar animales del campo, hay que aprovechar para sacar lo que consume y no produce”, plantea.
La idea es aprovechar las condiciones actuales para mejorar la composición del rodeo, sin perder de vista que el agua abundante de una temporada no garantiza la disponibilidad de pasto durante los próximos años.
La genética como inversión para producir en condiciones difíciles
La Expo Bovinos de Junín de los Andes tendrá un papel central en esa búsqueda de eficiencia. La exposición de toros y vaquillonas permite a los productores comparar animales, observar características funcionales y evaluar alternativas para mejorar sus rodeos.
Para De Larminat, la incorporación de genética no debería quedar reservada exclusivamente para los años favorables. Por el contrario, considera que la selección de reproductores es especialmente importante en ambientes donde la alimentación y el clima imponen exigencias permanentes.
“Yo creo que siempre es un buen momento para meterle genética al campo, también en momentos complicados”, afirma.
La razón es productiva: los animales seleccionados durante generaciones por fertilidad, rusticidad, calidad y desempeño pueden aportar características que mejoren la respuesta del rodeo frente a condiciones adversas.
“Para lograr un ejemplar de la calidad que llega a una exposición hubo selección de generaciones por fertilidad, por rusticidad, por un montón de características que uno va seleccionando y vas dejando los mejores”, explica Cecilia de Larminat.
“En las condiciones difíciles es donde se ven los mejores animales, ahí se nota la diferencia”.
Cecilia de Larminat, presidenta de la Sociedad Rural de Neuquén.
En los sistemas ganaderos extensivos, la adaptación al ambiente tiene un valor decisivo. Un reproductor no debe evaluarse solamente por su apariencia o por su tamaño, sino también por su capacidad para transmitir características útiles al sistema en el que trabajará su descendencia.
La fertilidad, la facilidad de adaptación, el desarrollo y la capacidad de producir en condiciones variables forman parte de una estrategia que debe complementarse con un manejo adecuado. “En las condiciones difíciles es donde se ven los mejores animales, ahí se nota la diferencia”, remarca.
La exposición también representa una instancia comercial. En la entrevista, De Larminat señaló que hasta el viernes anterior había alrededor de 60 toros anotados, además de vaquillonas, aunque todavía se estaban completando las inscripciones y no contaba con la cifra definitiva.
La expectativa era contar con una participación importante y con productores interesados en reponer animales después de las ventas forzadas que algunos establecimientos debieron realizar durante los períodos más críticos.
La muestra permitirá, además, observar cómo se comporta la demanda en un escenario en el que las condiciones forrajeras mejoraron, pero los resultados económicos todavía dependen de los precios, la disponibilidad de financiamiento y la evolución del consumo.
Los negocios ganaderos, entre el optimismo y la cautela
La recuperación del pasto genera condiciones para volver a invertir, pero la decisión de comprar hacienda no depende únicamente de la disponibilidad de forraje.
De Larminat observa que las ventas y los precios constituyen variables decisivas para determinar el ritmo de recuperación de los establecimientos. En ese sentido, recuerda que durante el invierno hubo momentos de escasa actividad comercial y precios deprimidos para los animales gordos.“Hay que ver qué pasa con el mercado, qué pasa con las ventas”, advierte.
La actividad ganadera se encuentra vinculada con el consumo interno, el movimiento turístico y la capacidad de compra de los consumidores. La evolución de esos factores repercute sobre la comercialización de carne y, en consecuencia, sobre las decisiones de los productores.
En las exposiciones realizadas en Río Negro que mencionó durante la entrevista, la dirigente observaba precios firmes y una colocación superior al 90% de la hacienda ofrecida en varias muestras. Ese antecedente alimentaba las expectativas para la convocatoria neuquina, aunque sin garantizar que los resultados fueran idénticos.
Para la Expo Bovinos, el interés de quienes necesitan reponer vientres o incorporar reproductores podía favorecer los negocios. También se presentaba una oportunidad para quienes buscan animales de invernada, con el objetivo de recriarlos y terminarlos a pasto.
Sin embargo, la selectividad de los compradores sigue siendo un factor determinante. Los animales de mayor calidad y mejor presentación suelen despertar más interés, mientras que los lotes que no reúnen las condiciones buscadas pueden encontrar mayores dificultades para venderse.
En ese escenario, la genética y el manejo se convierten en herramientas que trascienden el ámbito de la cabaña y llegan a la economía cotidiana del establecimiento.
La posibilidad de producir más kilos, lograr más terneros y reducir los animales improductivos puede mejorar los resultados sin necesidad de aumentar la cantidad total de cabezas.
Para De Larminat, esa es una de las claves para que la recuperación climática se transforme en una mejora productiva sostenible.
Producir más sin sobrecargar los campos
La presidenta de la Sociedad Rural de Neuquén plantea una discusión de fondo sobre el rumbo de la ganadería provincial: ¿es necesario aumentar el stock bovino o conviene mejorar primero la eficiencia de los rodeos existentes?
Su respuesta es clara. Antes de pensar en sumar animales, considera necesario revisar qué produce cada establecimiento y cuánto recurso consume para lograrlo. “El stock está más o menos en los mismos números que años anteriores”, explica durante la entrevista.
La cuestión, para ella, no pasa por alcanzar un número mayor de cabezas como objetivo en sí mismo. El desafío es conseguir que cada vaca produzca un ternero por año y evitar que animales sin resultados reproductivos consuman el alimento que podría destinarse a vientres productivos. “Tenemos que ser más eficientes con el stock que está”, sostiene.
La dirigente recuerda que los recursos naturales de Neuquén son frágiles y que las posibilidades de aumentar la carga animal varían de acuerdo con las características de cada campo. En algunos ambientes podría existir margen para incrementar la hacienda, pero esa decisión debe estar respaldada por la disponibilidad real de pasturas, agua e infraestructura.
“No podemos seguir cargando con más animales, sino que tenemos que hacer que esos animales realmente produzcan: que cada vaca produzca un ternero por año y que no tengamos un montón de animales improductivos que lo único que hacen es comerse el recurso de otros que podrían estar produciendo”.
La selección debe ser rigurosa. Una vaca que deja de preñarse no puede mantenerse indefinidamente bajo la expectativa de que la próxima temporada será diferente. En un sistema extensivo, cada animal que permanece en el campo consume recursos y tiene un costo de oportunidad.
“Hay que ser bastante más duros a la hora de seleccionar las vacas o las ovejas o lo que sea que produzca”, plantea.
El criterio vale también para otras actividades pecuarias. La eficiencia no se limita a la cantidad de animales que se mantienen, sino a la capacidad de producir resultados con los recursos disponibles.
De Larminat considera que, una vez mejorados los índices productivos y eliminado el componente improductivo de los rodeos, será posible evaluar si cada campo cuenta con condiciones para crecer.
En ese proceso pueden intervenir la tecnología, el riego, la mejora genética y las herramientas de manejo. Pero ninguna inversión reemplaza la necesidad de conocer la capacidad productiva del ambiente.
La premisa es evitar que una recuperación temporaria del pasto termine impulsando una sobrecarga que vuelva a poner en riesgo los suelos y las pasturas cuando regresen las condiciones secas.
Una exposición que también es espacio de debate
La Expo Bovinos no se limitará a la exhibición de reproductores y la realización de negocios. La Sociedad Rural de Neuquén prepara una agenda que incluye capacitación, encuentros institucionales y actividades destinadas a abordar problemas que afectan directamente a los productores.
Entre las propuestas mencionadas por De Larminat se encuentra una nueva edición del curso teórico-práctico de inseminación artificial, una actividad que la entidad viene realizando por tercer año consecutivo y que mantiene una demanda sostenida.
La capacitación apunta a incorporar herramientas reproductivas y ampliar las posibilidades de manejo de los rodeos. En un sector que necesita elevar sus índices de eficiencia, la formación técnica constituye un componente importante de la mejora productiva.
Otro de los espacios será la Mesa del Campo Neuquino, donde se prevé abordar tres asuntos puntuales: el aprovechamiento agropecuario del agua, los daños provocados por perros sueltos y la seguridad rural.
En relación con el agua, la discusión contempla la importancia de la retención en las cuencas altas y el papel de los ambientes naturales en la regulación de los escurrimientos.
“Tenemos que hablar del uso del agua para aprovechamiento agropecuario”, explica la dirigente al detallar la agenda prevista.
El objetivo es debatir alternativas que permitan aprovechar el recurso y, al mismo tiempo, comprender el funcionamiento de las cuencas y la necesidad de conservar los ambientes que contribuyen a regular el agua.
La preocupación tiene una dimensión productiva concreta: las precipitaciones intensas pueden favorecer el crecimiento de las pasturas, pero también provocar escurrimientos, erosión y complicaciones en zonas próximas a los cursos de agua.
La experiencia de estos meses refuerza la necesidad de combinar el aprovechamiento productivo con medidas de prevención y manejo ambiental.
Perros sueltos y seguridad: problemas que preocupan al sector
La presencia de perros sueltos y los ataques a animales forman parte de los reclamos que la dirigencia rural busca instalar en la agenda pública.
De Larminat considera que se trata de un problema persistente, sobre el cual resulta difícil avanzar cuando no existe una responsabilidad clara respecto de los animales que circulan sin control.
“Es un tema que siempre se mete bajo la alfombra porque es un tema pinchudo, porque todo el mundo quiere sus perritos y nadie quiere hacerse cargo, pero es un gran problema”, afirma.
La cuestión se suma a los problemas de seguridad rural, especialmente los hechos de abigeato y la faena ilegal de animales en los establecimientos.
Según explica, la entidad pretende generar instancias de diálogo con fiscales y representantes de la Policía para analizar cómo mejorar la articulación entre los productores y las instituciones encargadas de prevenir e investigar estos delitos.
“Tenemos casos de abigeato, de carneada de animales en los campos, y después no terminan nunca en una condena de alguien”, sostiene.
La dirigente también pone el foco en la comercialización de carne sin controles sanitarios ni trazabilidad suficiente. La venta informal, incluso a través de redes sociales, puede dificultar la identificación del origen de los productos y abrir espacios para la comercialización de carne obtenida ilegalmente.
Para el sector, el problema excede la pérdida económica que sufre el propietario del animal: también involucra la seguridad alimentaria y la necesidad de garantizar condiciones adecuadas de higiene y sanidad.
La mesa prevista durante la exposición será, en ese sentido, una oportunidad para trasladar los reclamos a los organismos competentes y buscar mecanismos de trabajo conjunto.
Los jóvenes y la continuidad de la vida rural
Uno de los espacios que genera mayor expectativa en la organización es la primera Mesa del Campo Joven, impulsada por el Ateneo y los jóvenes de la Sociedad Rural.
La iniciativa reunirá a chicos y jóvenes de distintos puntos de la provincia para escuchar cómo observan la situación actual del campo, qué los motiva a permanecer vinculados con la actividad y cuáles son las dificultades que identifican para construir su futuro en el ámbito rural. “Son los chicos que van a seguir en el campo o no después que nosotros”, señala De Larminat.
La propuesta busca abrir un espacio de intercambio en el que las nuevas generaciones puedan expresar sus preocupaciones y plantear alternativas. La dirigente considera que esa mirada es necesaria para comprender qué condiciones deben mejorar para sostener el arraigo y la continuidad de las explotaciones familiares. “Hay que estar abiertos también a escuchar a ver qué tienen para decir y para criticarnos”, afirma.
La iniciativa se complementa con el concurso de jóvenes que trabajan durante meses con terneras y corderas, una actividad que la Rural impulsa por tercer año consecutivo.
Los participantes reciben los animales en otoño y durante el invierno se ocupan de su alimentación, amansamiento, preparación y seguimiento del desarrollo. El proceso requiere responsabilidad cotidiana, desde el cuidado de los animales hasta su presentación en la exposición.
“Aprenden la responsabilidad que es tener un animal a cargo, atenderlos de lunes a lunes, no hay domingo, no hay feriado”, destaca.
La experiencia permite acercar a los jóvenes a distintas etapas del trabajo ganadero y enseñarles que la producción requiere constancia, conocimientos y planificación.
También incorpora una dimensión comercial. Los animales se venden en el remate y los recursos obtenidos contribuyen a financiar los gastos del concurso, incluidos los traslados y la alimentación.
Para De Larminat, ese componente es parte del aprendizaje: el animal no es solamente una mascota o un compañero durante el proceso, sino también parte de un ciclo productivo.
La iniciativa permite transmitir conocimientos sobre manejo, preparación y selección, al mismo tiempo que pone en contacto a los jóvenes con productores, técnicos y cabañeros.
La Mesa del Campo Joven amplía esa experiencia: además de aprender sobre animales, los participantes podrán discutir qué futuro imaginan para la actividad y qué cambios consideran necesarios.
Una oportunidad para volver a invertir, sin olvidar la sequía
La llegada de las lluvias y la recuperación de las pasturas constituyen un alivio para una ganadería que atravesó años difíciles. Sin embargo, la experiencia reciente dejó una enseñanza que De Larminat considera fundamental: las decisiones deben adaptarse a las condiciones de cada temporada.
“Hay que seguir buscándole la vuelta para adaptarse a cambios que van a estar siendo cada vez más drásticos”, plantea.
La dirigente insiste en que el manejo debe ser flexible. En algunos momentos será necesario reducir la carga, en otros aprovechar la disponibilidad de pasto para terminar animales o recuperar vientres, y en todos los casos evitar prácticas que comprometan la conservación del suelo.
“Acompañando la situación del año, tratando de no degradar, de no sobrecargar, de conservar lugares, de dejarlos respirar, dejarlos descansar”, resume.
La advertencia cobra especial relevancia después de varios años de precipitaciones escasas. Los pulsos húmedos registrados en temporadas anteriores habían generado expectativas de recuperación que luego se desvanecieron cuando el invierno avanzó sin las lluvias esperadas. Por eso, la dirigente evita presentar el escenario actual como un cambio definitivo.
La estrategia, sostiene, debe combinar la oportunidad que ofrece la primavera con una planificación prudente de los gastos, las compras de hacienda y las inversiones de mediano plazo. No se trata de dejar pasar un año favorable, sino de aprovecharlo para corregir problemas productivos, recomponer los rodeos cuando corresponda y mejorar la calidad de los animales.
En ese marco, la Expo Bovinos de Junín de los Andes llega en un momento de expectativas renovadas. La muestra permitirá observar genética, evaluar negocios y reunir a los actores de una actividad que busca recuperar terreno después de las dificultades climáticas.
Pero también será un espacio para discutir asuntos que exceden el mercado ganadero: el manejo del agua, la conservación de los suelos, la seguridad de los establecimientos y el lugar de las nuevas generaciones en el futuro rural.
Para Cecilia de Larminat, la oportunidad está en convertir el alivio climático en mejores decisiones productivas.
La lluvia puede devolver el verde al campo y mejorar la alimentación de los animales. El desafío, a partir de allí, consiste en transformar esa recuperación en más eficiencia, mejores índices reproductivos y una ganadería capaz de sostenerse también cuando las condiciones vuelvan a ser adversas.
Comentarios