En el Valle Inferior, un criadero porcino apuesta a la producción intensiva y la genética para consolidar su crecimiento

Claudio Gallucci, productor de Viedma con más de 25 años en la actividad, avanzó en la reconversión de su criadero porcino en el Idevi hacia un sistema intensivo, incorporando mejoras en genética y manejo que le permiten optimizar los índices productivos.

Claudio Gallucci, productor de Viedma, en su establecimiento porcino del IDEVI, donde avanza con un sistema intensivo y mejoras en genética. Foto: Marcelo Ochoa.

Claudio Gallucci nació y se formó en Viedma, y desde hace más de 25 años mantiene un vínculo constante con la producción porcina. Lo que empezó como una actividad ligada a sus propios emprendimientos comerciales fue creciendo con el tiempo hasta consolidarse en un proyecto productivo en el Idevi, donde hoy apuesta a la genética de calidad y a un sistema intensivo como ejes para mejorar la eficiencia y escalar su producción.

«Siempre tuve cerdos, nunca los abandoné«, resumió a Diario RÍO NEGRO.


Producción porcina en Viedma: un modelo intensivo que busca duplicar su escala


En los últimos años, Gallucci tomó la decisión de profundizar el desarrollo del establecimiento y avanzar hacia un sistema intensivo, dejando atrás el manejo semiintensivo a campo, en el que parte de la producción se realizaba con menor control y seguimiento que en el esquema actual. «Ahora estamos siendo 100% intensivo», explicó sobre el cambio de esquema.

En el criadero porcino de Viedma, la etapa de maternidad es fundamental para asegurar el desarrollo inicial de los lechones. Foto: Marcelo Ochoa.
En el criadero porcino de Viedma, la etapa de maternidad es fundamental para asegurar el desarrollo inicial de los lechones.

Ese proceso implicó una reorganización completa del manejo animal, con mayor control en cada etapa, aunque también con mayores exigencias. «Es un poco más agresivo para el animal, porque están permanentemente encerrados, pero mejora muchísimo el rendimiento«, detalló.

El cambio hacia el sistema intensivo se refleja en la organización del establecimiento, donde cada etapa del ciclo productivo está controlada de manera más estricta. «Tenemos la sala de maternidad donde estan las cerdas todas paridas. Y ahí realizamos un cuidado más intensivo», explicó, al describir el funcionamiento interno del criadero.

Ese nivel de control permite además optimizar el manejo de las camadas y mejorar la productividad. «Si una tiene 16 lechones y la otra tiene 10, los vas compensando y podés ubicar los más chicos con otras madres», señaló.

La etapa de maternidad es clave dentro del modelo intensivo, con control de la alimentación y cuidado de los lechones desde el nacimiento. Foto: Marcelo Ochoa.

Manejo y genética: claves del crecimiento


Uno de los pilares del sistema es la mejora genética, a través de la inseminación artificial con semen proveniente de empresas especializadas. «Estoy trayendo semen de Córdoba, de una empresa multinacional que trabaja con Canadá y Brasil, y están permanentemente trabajando en genética», explicó Gallucci.

Sector de inseminación del criadero porcino en el IDEVI, donde se realiza el manejo reproductivo clave dentro del sistema intensivo para mejorar la genética. Foto: Marcelo Ochoa.

La incorporación de genética de calidad impacta directamente en el desarrollo de los animales y en los tiempos de producción. «No es lo mismo destetar un lechón de 700 gramos a uno de un kilo 100, porque después llega más rápido al peso de faena», remarcó.

En este esquema, el ciclo productivo está claramente definido: desde la gestación hasta la faena, pasando por el destete y el engorde. «El cerdo nace, a los seis meses ya está para faena», indicó.

Uno de los cambios más significativos en este modelo es la reducción de la mortandad. «Hoy no tenemos mortandad, o es del 1% o 2%, antes hablábamos del 10%, 15%, 20%», comparó.


Productividad y escala


Actualmente, el establecimiento cuenta con unas 60 madres reproductoras, aunque el total de animales supera ampliamente esa cifra al considerar todas las etapas productivas. «Hoy estamos con 60 animales y queremos llegar a 120», afirmó.

El crecimiento se apoya en la eficiencia del sistema y en la calidad de las camadas: «Si te paren 10 chanchas y te dan 14 lechones, son 140 lechones. Esa es la diferencia».

En el establecimiento de Viedma, la etapa de engorde es clave para alcanzar el peso adecuado de faena. Foto: Marcelo Ochoa.

La actividad no ofrece resultados inmediatos y requiere una planificación sostenida en el tiempo. «Recién ahora va a empezar a ser rentable», explicó, al señalar que el margen estimado ronda entre el 7% y el 8%.

El alimento es uno de los principales costos del sistema. En su caso, lo adquiere ya elaborado: «Hoy por hoy estamos comprando todo el alimento. No fabricamos porque necesitás gran producción para que realmente se justifique».

Uno de los puntos fuertes del establecimiento es su ubicación estratégica. «No tenemos limitaciones. Estamos mucho mejor que en cualquier otra parte porque tenemos el matadero a cinco kilómetros», destacó. Esa cercanía permite una logística ágil.


Un mercado con potencial y proyección


A pesar del crecimiento, la producción porcina en la región aún es limitada. «Productores de 100 madres para arriba no hay«, aseguró Gallucci. Esto abre una oportunidad para abastecer el mercado local, donde actualmente gran parte de la carne porcina llega desde otras regiones.

El principal desafío es escalar la producción para alcanzar una mayor rentabilidad. «Si no lo hacés en serio, no es rentable«, remarcó.

La cerda junto a sus lechones en el sector de maternidad del criadero porcino en el Idevi, en un entorno controlado dentro del sistema intensivo. Foto: Marcelo Ochoa.

En ese sentido, la expansión hacia las 120 madres no solo implica más producción, sino también mayor organización y planificación en todo el sistema.

Con una apuesta clara al desarrollo productivo local, el proyecto busca consolidarse y ampliar su escala en una región con potencial para crecer en la producción porcina.


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