La técnica de pastoreo nacida en Brasil que se prueba en la ganadería argentina: aumentó un 46% la producción de carne por hectárea
A través del uso de "semáforos" de lectura rápida a campo, el pastoreo rotatinuo enseña a identificar el punto óptimo de la pastura para multiplicar la ganancia de peso en los rodeos locales.
El pastoreo rotatinuo es una tecnología de proceso desarrollada en Brasil y evaluada por el INTA Corrientes. Busca construir la estructura ideal del forraje para maximizar el consumo del animal, mediante ajustes de altura, carga y rotaciones. El objetivo es sostener la producción de pasto y aumentar los kilos de carne producidos por hectárea.
En el INTA Corrientes, donde se aplica este enfoque, la producción alcanzó en 2026 los 131 kg de carne/ha, frente a un promedio de 90 kg/ha en la última década. Ello equivale a un incremento del 46% respecto de la media. Ese desempeño se obtuvo dentro de un planteo integral, que también contempla la sanidad, la genética y la disponibilidad de agua.
La experiencia fue presentada en septiembre durante una jornada ganadera realizada en la EEA INTA Corrientes junto con la región CREA Litoral Norte, que reunió a productores y asesores para recorrer y analizar sistemas de cría, pastoreo rotatinuo, recría y pasturas.
Otra forma de pastorear en la ganadería
Alejandro Socas, coordinador de la región Litoral Norte de CREA, explicó que el pastoreo rotatinuo combina principios del pastoreo rotativo y del continuo. Uno de sus ejes es favorecer el consumo del animal.
El sistema propone movimientos frecuentes entre parcelas y estadías breves, con la posibilidad de adaptarse a campos con diferentes escalas y diseños de parcelas. “Puede ser un aporte no solo para los productores del NEA, sino también para muchos lugares de la Argentina, porque permite mirar el pastoreo desde otra perspectiva”, sostuvo.

El interés por conocer este enfoque llevó a 84 miembros CREA de la región Litoral Norte a viajar a Brasil, donde visitaron un campo bajo pastoreo rotatinuo. Allí se desarrolló originalmente esta tecnología, a partir de los trabajos de Paulo César de Faccio Carvalho, investigador de la Universidad Federal de Río Grande del Sur (UFRGS).
Luis Gándara, profesional de la EEA INTA Corrientes, acompañó al grupo y les planteó que podían profundizar esos conceptos mucho más cerca. “Nos hizo dar cuenta de que lo que teníamos que ver no estaba en Brasil, sino en Corrientes”, recordó Socas.
La estructura del pasto
Durante la recorrida a campo, Gándara precisó que el sistema rotatinuo toma del pastoreo rotativo la organización de las parcelas y la definición del momento de ingreso según la cantidad y calidad del forraje. Del continuo, incorpora una oferta que favorece bocados de mayor tamaño y un alto consumo por parte del animal.
Para lograrlo, la estructura de cada recurso resulta decisiva. “Tenemos que tener clara la estructura óptima de cada recurso forrajero. En una pastura es más fácil, porque podemos pensar en una altura de entrada y otra de salida”, detalló.
En un pastizal natural, el criterio resulta más complejo porque intervienen la cantidad de materia seca, la composición botánica y los distintos grupos funcionales. Entre ellos aparecen especies cespitosas y rastreras. Una estructura favorable permite encontrar bocados de mayor tamaño, dedicar menos tiempo y energía a la selección y acercarse al máximo consumo diario. “Hay una comunidad que interactúa y que hace que el animal gane más kilos porque puede consumir más rápido”, afirmó.
Si el pasto madura demasiado y pierde calidad, el animal debe seleccionar más para cubrir sus requerimientos. Por eso, el sistema busca conservar una estructura que facilite el consumo. “Ahí viene la parte artesanal: cómo, con la carga animal o con una práctica antrópica, modifico esa estructura para lograr que el animal gane la mayor cantidad de kilos”, planteó. Entre las herramientas mencionó el uso de rastra, rolo y quemas prescriptas.
El pastoreo rotatinuo toma del rotativo la organización de las parcelas y definición del momento de ingreso por cantidad y calidad del forraje. Del continuo, toma una oferta que favorece bocados más grandes y un alto consumo por animal.
Las alturas óptimas varían entre recursos. Gándara señaló que, para un determinado tipo de pastizal, los estudios científicos ubicaron entre 11 y 12 centímetros la condición que maximiza la tasa de consumo. En pasturas como Brachiaria brizantha o setaria, ese rango puede ubicarse entre 30 y 40 centímetros.
Para llevar esos criterios al campo, utilizan postes de referencia pintados con tres colores, a los que Gándara llamó “alcahuetes”. El rojo marca la altura del remanente, por debajo de la cual no debería continuar el pastoreo; el verde indica el rango adecuado para ingresar con la hacienda; y el amarillo señala que el forraje avanzó demasiado en su madurez y comienza a perder calidad.
En estos sistemas, las metas incluyen superar los 100 kg de carne/ha/año en rodeos de cría y alcanzar más de 500 kg de carne/ha en pasturas megatérmicas.
El punto óptimo del pastoreo
Medina señaló que, pese a contar con más de 20 años de estudios y experiencias a campo, en la Argentina el pastoreo rotatinuo todavía tiene poco desarrollo.
El concepto puede aplicarse a distintos recursos forrajeros, como alfalfa, raigrás, avena y otras pasturas. La clave es definir el ingreso según el estado fisiológico de la planta. “La idea es entrar cuando empieza a caer su ritmo de producción, porque ese punto coincide con la máxima tasa de consumo del animal”, precisó.
Dato
- 46%
- Aumentó la producción de carne por hectárea respecto del promedio.
Para el investigador, ambos procesos coinciden. “La pastura se desarrolla mejor cuando se consume a determinada altura y, al mismo tiempo, el animal gana más kilos cuando la consume en ese estado de desarrollo”, sostuvo.
El remanente que queda después del pastoreo resulta central para sostener ese equilibrio. Una superficie foliar suficiente permite que la planta continúe su desarrollo sin recurrir primero a las reservas de las raíces para reconstruir las hojas perdidas.
Ensayos a campo
Esta línea de trabajo acumula cinco años de evaluaciones sobre braquiaria, raigrás y avena en la EEA INTA Corrientes. Los ensayos utilizan grupos de animales bajo pastoreo controlado y metas definidas para cada recurso.
Según Medina, un planteo tradicional, sin ajuste de la oferta ni de la estructura del pastizal, puede ubicarse en torno de 60 a 70 kg de carne/ha. Con pastoreo rotatinuo puede alcanzar 130 kg y, en algunas experiencias, 170 o 200 kg. “Ese gap es lo que nos marca la brecha tecnológica de una tecnología de proceso como el pastoreo rotatinuo”, afirmó.
Capacitación
La adopción de esta tecnología requiere capacitación. El equipo trabaja con personal de campo, capataces y grupos CREA para trasladar los criterios a las decisiones cotidianas. Su uso todavía es limitado porque no se trata de una receta uniforme.
“No es un paquete que se compra y se aplica. Hay que entrenarse a campo, corregir las metas y alcanzar los objetivos según cada estación y cada año”, sostuvo.
El proceso exige recorridas frecuentes y una mirada integral del sistema. “Esto tiene mucho de andar por el campo, mucha bota y mucho caballo”, resumió Medina. La dimensión de los potreros, la infraestructura, las aguadas, la genética y la sanidad se combinan con el uso del forraje para definir el resultado productivo.
(*) Por Contenidos CREA.
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