Los guardianes del agua: qué son las dársenas del Valle de Viedma y quiénes trabajan para que el riego llegue a las chacras
La temporada de riego comenzó el viernes pasado con la apertura progresiva del sistema. La red cuenta con seis dársenas para regular y distribuir el agua a lo largo del Valle de Viedma. Héctor, Juan y Jesús cumplen distintas funciones en el sistema y conocen desde hace décadas el trabajo detrás de cada caudal.
La temporada de riego del Valle de Viedma comenzó el viernes pasado con la apertura progresiva del sistema. El agua empezó a avanzar por el canal principal y con ello se puso nuevamente en marcha la operación de la red de riego, una tarea que requiere controlar los caudales y regular las estructuras que permiten distribuir el agua.
El sistema de riego del Valle de Viedma cuenta con seis dársenas a lo largo del Canal Principal: Boca Toma y las ubicadas en los kilómetros 21, 30, 49, 60 y 83. En esos puntos se realiza la operación de los caudales de riego: se determina cuánto continúa por el canal y cuánto se deriva hacia otros sectores.
«En las dársenas se hace la operación de los caudales de riego. Se operan, viene un caudal, se determina cuánto sigue, cuánto queda, cómo se distribuye el agua», explicó uno de los trabajadores durante el recorrido realizado por el sistema.
El canal principal tiene unos 95 kilómetros desde la Bocatoma. Por esa extensión, el agua no llega de inmediato a todos los sectores. El sistema se va cargando de manera progresiva.
La Bocatoma, el comienzo del sistema
En la Bocatoma trabaja Héctor Rodolfo Miranda, de 55 años. Lleva 10 años en ese lugar y su tarea está vinculada al control del caudal y al mantenimiento del funcionamiento del sistema.
«Mi trabajo es mantener el caudal y estar atento a cualquier rotura de canal, si hay que bajar, si el río sube, baja, mantener el caudal para que los ganaderos les llegue agua correctamente», contó.
También debe controlar que no haya un exceso de agua en el canal. «Hay que mantener el caudal para que no haya ningún sobrepaso de agua, que un canal no sufra una carga de agua pasiva», explicó.
Miranda trabaja en el punto donde comienza el canal principal y desde allí observa el comportamiento del sistema.

En los últimos años también fue testigo de la renovación de las compuertas. Las que están en la Bocatoma fueron instaladas hace aproximadamente dos años y reemplazaron mecanismos que durante décadas funcionaron de manera manual.
Según explicó, las antiguas compuertas funcionaban con un volante que, por el desgaste, se fue deteriorando. «Llegó un punto que ya para bajar las compuertas había que golpearla. O sea, venir una cuadrilla y una máquina», relató.
Ahora las nuevas compuertas están automatizadas.
Juan Aguirre, 34 años dentro del sistema
La operación del riego también tiene un responsable que coordina los pedidos de agua. Es Juan Aguirre, quien en octubre cumplirá 34 años trabajando en el Idevi.
Comenzó como tomero, después pasó a una cuadrilla y actualmente está a cargo de la operación del riego durante la temporada.
«Estoy a cargo de pasar el agua al consorcio que me hace el pedido», explicó.
El procedimiento comienza cuando un consorcio solicita agua. A partir de ese pedido, Aguirre se comunica con los trabajadores ubicados en distintos puntos del sistema.
«Cuando necesita agua nos pide a nosotros. Así que yo me comunico con los darseneros que tengo en kilómetro 21, el de Bocatoma, y ahí voy dando el caudal», detalló.
Su trabajo también incluye mantener los embalses y realizar tareas de limpieza. La apertura de la temporada no significa que el agua ingrese de golpe a todo el sistema. El viernes pasado comenzó a aumentar el caudal de manera progresiva.
En los días previos habían realizado una prueba con un pequeño caudal. Al inicio de la temporada se incrementó y el agua comenzó a avanzar por el canal.
El recorrido hasta los sectores más alejados lleva varios días.
Jesús Muñoz, darsenero del kilómetro 21
En una de esas estructuras trabaja Jesús Enrique Muñoz. Es empleado del Idevi, tiene 43 años de antigüedad en el sistema y hace cinco años se desempeña como darsenero en la dársena del kilómetro 21.
«Soy darsenero, la dársena es del kilómetro 21 del canal principal del Idevi opero la dársena», contó.
Cuando se le pregunta qué significa operar una dársena, lo explica de manera directa: «Manejar el agua que se distribuye en toda la colonia del Idevi».
En ese punto se regula el agua que continúa por el sistema. También puede utilizarse para derivar agua nuevamente hacia el río ante determinadas situaciones.
«Si hubiera una lluvia, algún temporal o algo, derivás el agua de regreso al río», explicó.
La operación de esa dársena es manual.
Muñoz llegó al sistema hace 43 años. Antes de trabajar como darsenero fue tomero, una tarea que implicaba recorrer los canales y operar las compuertas que entregan el agua a los productores.
«El tomero anda en moto, recorre canal por canal con puerta por compuerta, entonces se va abriendo y cerrando de acuerdo a lo que tengas que hacer», relató.
Con el paso de los años, su trabajo quedó ligado al campo y al sistema de riego. También vivió en las instalaciones vinculadas a las dársenas y crió allí a su familia. «Es hermoso vivir en el campo», afirmó.
Seis dársenas para regular el agua
Las dársenas forman parte de la estructura de regulación del sistema de riego del Valle de Viedma. En total son seis: la Bocatoma y las ubicadas en los kilómetros 21, 30, 49, 60 y 83 del canal principal.
En estos puntos se realiza la operación de los caudales de riego. Allí se determina cuánto agua continúa por el canal, cuánto queda retenido y cómo se distribuye hacia los distintos sectores.
No todas las dársenas cuentan con trabajadores de manera permanente. Según explicaron durante el recorrido, en algunos puntos el personal se traslada cuando es necesario realizar alguna operación. Antiguamente había viviendas para los trabajadores en distintos sectores, pero algunas quedaron abandonadas y hoy resulta más difícil sostener una presencia permanente.
Una historia de décadas
Los tres trabajadores tienen una característica en común: conocen el sistema desde hace muchos años.
Miranda lleva una década en la Bocatoma. Aguirre está próximo a cumplir 34 años en el Idevi y Muñoz acumula 43 años de trabajo.
Aguirre asegura que en los últimos años hubo avances vinculados a las máquinas y a las obras.
«Podemos hacer trabajos que antes era muy difícil, no teníamos los elementos para hacerlo», señaló.
También destaca el crecimiento de la producción. «Siguen los chacareros, siguen produciendo cada vez más. Así que creemos que tenemos un gran futuro», sostuvo.
Muñoz, desde su puesto en la dársena, también observa ese crecimiento y considera que el Valle de Viedma tiene posibilidades de continuar expandiéndose.
Para los tres, la temporada de riego implica volver a poner en marcha una tarea que conocen de memoria, controlar el agua desde que ingresa al sistema, regularla en los distintos puntos y acompañar su recorrido hasta los productores.
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