Santorini, la bella media luna del mar Egeo
Chic, bucólica, algo hippie y sobre todo muy relajada, esta isla que parece una postal transferida al mundo real ofrece dos minúsculos pueblitos blancos, playas de arena volcánica y panorámicas que cortan el aliento.
ISLAS GRIEGAS
Hace unos 3.500 años, Santorini , ubicada sobre el cráter de un volcán, era una isla redonda, una especie de luna llena. Un buen día, el volcán entró en erupción y la mitad de esa isla voló por los aires y luego se hundió en el mar. Ahora es una media luna y ahí radica gran parte su atractivo. El lado interior es un gigantesco precipicio de más de 300 metros de altura tapizado de casitas blancas, que están prácticamente colgadas de la roca y con vistas impactantes al mar Egeo. En la parte exterior de esa medialuna, la altura desciende paulatinamente hasta llegar al mar. Allí nos vamos a encontrar con playas de material volcánico, calas solitarias y agua transparente.
HORACIO MAIDA
Todo es relajado aquí, es un lugar ideal para disfrutar de la naturaleza, para perderse en las callejuelas serpenteantes de sus pueblos o para recorrerla en ciclomotor o en burro. Sin dudas la velocidad es un valor en baja en esta isla.
La llegada a la isla es deslumbrante. El puerto está a los pies del acantilado y arriba, como si fuesen dos grandes manchas de nieve, están los pueblos blancos de Fira y Oia. Para subir y bajar hay dos opciones: a través de un teleférico o a lomos de un burro. Por cinco euros yo elegí a los burros. Es toda una experiencia: por lo general la subida tiene que ver con la llegada de un crucero o un ferry y esto implica docenas de personas trotando a toda velocidad por una callejuela zigzagueante de unos tres metros de ancho y gran pendiente, donde van amontonados animales y turistas. La gente grita, bromea, se divierte o se asusta; los animales se muerden entre ellos y se patean mientras suben desbocados.
Bajamos de los burros y llegamos a Fira, la capital de isla. Lo primero que encontramos es un mercadillo en el que conviven souvenirs, muebles, antigüedades, ropa y joyerías. Lo vendedores, al mejor estilo de los mercados turcos, tratan de atraparte en la puerta de su local y te invitan a pasar o tratan de regatear precios apenas te ven interesado en algo.
Fira está construido en las alturas y de cara al mar. Es un entramado de casitas blancas con puertas y ventanas de colores azules, rojos o amarillos. Las calles son todas peatonales y llama la atención que las veredas están prolijamente pintadas a mano. Ésta es la zona de los hoteles. Por lo general Santorini se caracteriza por ofrecer pequeños establecimientos con encanto, sitios de gran hospitalidad que invitan al descanso, casi todos con piscina y un lugar con cómodos sillones y almohadones de colores para contemplar el mar. La oferta hotelera es enorme y los precios van desde los 50 a los 400 euros por noche.
La mejor forma de movilizarse en Santorini es alquilando un ciclomotor, una bicicleta o un cuatriciclo. Se puede arrendar un coche también, es muy económico y hay infinidad de alternativas de alquiler en la isla. A mi entender un coche no tiene mucho sentido porque la isla es muy pequeña y en caso de necesitarlo, lo mejor es tomar un taxi. La isla tiene 12 kilómetros de largo por siete de ancho y es muy amigable para los peatones.
Los cuatriciclos y las motos son ideales para ir y regresar de las playas que se encuentran al otro lado de la isla. La más conocida y la más explotada es la playa Roja, que se encuentra cerca del pueblo de Akrotiri. En lugar de arena tiene un granulado volcánico negro y rojo y rodeado por grandes rocas y aguas cristalinas. Esta zona cuenta con servicios, reposeras y bares para tomar algo. Para los que prefieren la soledad y la privacidad, muy cerca de allí se encuentra la playa de Almira, cuesta mucho llegar y es casi seguro que estemos prácticamente solos. Una opción intermedia es la playa las Baxedes, que ofrece algunos servicios y no es tan populosa.
Frente a la isla de Santorini se encuentra la caldera del volcán Nea Kameni. Es una excursión que se puede hacer en velero. Tras unos minutos de navegación arribamos a esta isla desierta que ha sido declarada parque geológico y está siendo monitoreada permanentemente. El Nea Kameni entró en erupción por última vez en el año 1950 y actualmente quedan varias fumarolas activas. Se puede ascender hasta la cima caminando unos 30 minutos. También existe la posibilidad de darse un baño en unas piletas termales con agua a 30 grados. Hay que tener cuidado porque el agua mancha la ropa de baño. Esta excursión lleva unas tres horas aproximadamente.
EL RITO DEL CREPÚSCULO
Para finalizar el día -y ya de vuelta a Santorini – los visitantes hacen largas procesiones hasta Oia, uno de los dos pueblos principales para ver las puestas sol. Desde Fira hasta Oia se puede ir a pie siguiendo la silueta del acantilado y guiándose por las cúpulas azules que marcan el camino. El trayecto tiene varias opciones para hacer un alto en el camino y tomar una cerveza fresca o un cóctel mirando el mar.
Este lugar es mundialmente famoso por sus atardeceres y la magia que se genera cuando se oculta el sol detrás del horizonte.
LAS FIESTAS NOCTURNAS
Las lucecitas de los pueblos comienzan a dar otro cariz al paisaje a modo de bienvenida a la noche. Su vida nocturna es una de las más atractivas de todas las islas griegas junto con la descontrolada Mykonos.
La movida se activa luego del rito de la puesta de sol tomando algo en los alrededores de la plaza principal de Fira y se puede extender hasta al amanecer en las discotecas o los pubs de la zona, que suelen organizar fiestas.
Santorini es una de las islas más bellas del mundo y vive por y para el turismo ofreciendo una personalidad hippie, chic, bucólica, romántica y bohemia, pero sobre todo relajada, muy relajada.
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