Saqueos: con 100 ‘dispuestos’ se arranca…
POBREZA Y URBANIZACIÓN
“Un saqueo es una experiencia impresionante… A diferencia de lo que creen muchos, no es una avalancha caótica. Un saqueo bien hecho congrega a no menos de cien personas y no más de trescientas, porque sólo así es gobernable y se pueden cumplir sus objetivos.
La planificación se hace en los barrios a través de la red de parentesco y vecindad. El papel de las mujeres ahí es fundamental, porque muchas veces de ellas depende la supervivencia familiar o son directamente las jefas de hogar. Sus hijos, sus principales aliados, buscan participar de la emoción de la aventura. Los ‘capos’ aportamos la logística: pero los saqueos, por lo menos hasta hace poco, los hacían las familias. Los del 2001 fueron inolvidables e irrepetibles. En el ‘quilombo’ de la operación, la vida cotidiana se acelera. Te cruzás con la misma gente a la que ves todos los días por la calle, pero los ves enceguecidos tratando de acaparar cosas. Hasta nosotros tenemos miedo de perder el control, porque es como si todos estuviésemos alucinados. Después, todo el mundo se encierra temiendo que le vengan a sacar el botín acumulado ‘los rastreros dragones’ y sobreviene un silencio profundo. Muchos se sienten culpables y avergonzados”.
(Samuel “El Pampa” Martínez, “poronga” que comenzó a construir poder en Villa Caraza hacia fines de los 70, especialmente en la zona de las Treinta y Tres Manzanas. Su reflexión está contenida en el libro de Jorge Ossona)