Se trata del patriarcado
A propósito de “Ni una menos”
Que no se olvide el entusiasmo masculino puesto en la convocatoria por “Ni una menos”. Jugadores sueltos y equipos de fútbol completos han desplegado la pancarta correspondiente, además de un número importante de varones de la tele, la radio y el espectáculo que han posado con el hashtag. Muchas gracias y bienvenidos.
Fueron mujeres las primeras en convocar y mujeres periodistas, inermes ante la enésima víctima de la furia patriarcal que les llega a las redacciones como materia prima de la noticia diaria. Tuit va, tuit viene, concretaron la contundente manifestación del miércoles en todo el país. Y para que la movida fructifique, comprometieron a los políticos a firmar una declaración con el lema “De la foto a la firma”: cinco puntos con instrumentos para -en pocas palabras- proteger la vida de las mujeres y las niñas. Para que no las maten. Para que dejen de matarlas.
La convocatoria ha sido tan exitosa que no hay programa de radio o tele que pueda eludirla. Se adopta un tono sombrío y con voz apesadumbrada se emiten enunciados morales sobre lo mal que está matar a las mujeres. Para explicarlo, se acude a la diferencia material de los cuerpos: ellos son físicamente más fuertes que ellas. No es raro escuchar por estos días: “guarda, porque ellas también golpean, eh”, lo que tampoco se justifica, caramba. Ninguna forma de violencia es aceptable, se dice. Los que más sufren son los chicos. Etcétera. Tipos que han constituido sus carreras televisivas sobre las nalgas y los pechos de las mujeres como carne en el mostrador miran a cámara consternados y lamentan toda forma de violencia. (Preguntas tontas, casi al margen: ¿por qué las conductoras y/o periodistas y/o panelistas y/o invitadas están casi desnudas mientras los muchachos lucen camisa, corbata, saco, chaleco, pantalón largo, zapatos cerrados y medias? ¿La temperatura en el estudio es diferente para mujeres y para hombres? ¿Las chicas pasan frío pero se la bancan porque hay que mostrar? Y, si se cubrieran un poco más, ¿dejarían de ser bellas e interesantes? ¿Se quedarían sin trabajo? Si, en vez de mirarlas para evaluar su aptitud erógena, se las escuchara más, ¿no cambiaría un poquitito así la consideración hacia las mujeres? Los muchachos se enojan si protestamos contra el piropo. Pero el piropo es el primer asalto al cuerpo de las niñas y las mujeres autorizado por el patriarcado. “Dale, seguí haciéndolo; por ahí un día te animás y me violás”, dice Malena Pichot.
Y como la revista “Barcelona” está dirigida por una mujer, Ingrid Beck, que además es una de las primeras convocantes a “Ni una menos”, junto con Marcela Ojeda, Soledad Vallejos, Hinde Pomeraniec y otras, la última tapa de la revista, más seria que cómica, dice lo siguiente: “Tendencia. Cada vez más hombres acosan, humillan, secuestran, golpean, violan, queman, apuñalan, descuartizan, embolsan, tiran en zanjas, entierran en el patio de su casa y matan mujeres por amor”.
Fueron investigadoras y militantes feministas quienes lograron imponer las palabras femicidio y feminicidio para designar estos crímenes que antes eran pasionales y justificaban así, y siguen justificándola, la laxitud judicial en beneficio de los criminales. Las activistas y académicas feministas dicen que el femicidio es una expresión extrema de la fuerza patriarcal, que cada crimen contra las mujeres busca consagrar la dominación masculina o, de otro modo, que el femicidio “funciona para mantener el poder del orden patriarcal” (1). Cuando las mujeres avanzan en la conquista de sus derechos, trabajan, estudian, se divierten, dicen sus verdades y son autónomas, una oscura reacción subterránea, como la lava de un volcán, se va concentrando. Hasta que estalla. “Cuando la supremacía masculina es desafiada, el terrorismo se intensifica” (1).
Gratifica la masividad de la respuesta contra los femicidios, porque un femicidio es el punto sin retorno de una gama surtida y aceptada, convalidada por la sociedad en forma acrítica, de sutiles restricciones a la libertad, la salud y la felicidad de las mujeres. “Ni una menos” dejará sin duda una marca en la incesante lucha por los derechos de las mujeres y las niñas. Tan potente, la convocatoria sumó a algunos dibujantes: Rep reprodujo el lema en pancartas frente al Cabildo, sin gente a la vista; Nik hizo una Gaturra con un moño; Liniers, una nena con los ojos cerrados, un osito en una mano y la otra en un puño en alto y Maitena, ah, Maitena… dibujó una morocha aguerrida, capucha roja y actitud de boxeadora, el torso desnudo con las tetas al aire y pintado un BASTA que lo dice todo. Como bien viene sosteniendo el feminismo, lo personal es político. Y cualquiera sea el futuro de “Ni una menos”, será vital que no se tome como un punto de llegada sino apenas de partida.
(1) Jane Caputi
MÓNICA REYNOSO
Periodista
MÓNICA REYNOSO
A propósito de “Ni una menos”
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