Setenta años de clases



Darío Tropeano

Abogado, docente de la Facultad de Economía de la UNC.

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En la etapa final del último partido (nuestra nota del 7/7/18) en que observamos sorprendidos la destrucción acelerada del entramado productivo, industrial y social de nuestro país, comienzan como en toda crisis las respuestas superficiales y autocondenatorias.

Además de merecernos este sufrimiento (se han armado inclusos spots televisivos con jubilados pobres asumiendo que es época de sufrir por los errores del pasado) se nos taladra la cabeza con la idea de que el presente es el resultado de 70 años de vivir malgastando. Incluso el presidente de la Nación en su discurso de hace pocos días en el Congreso afirmó que el equilibrio fiscal es el acto de justicia social más importante que hayamos hecho en 70 años.

Tanta es la justicia social del presupuesto de este año que el monto por pago de intereses de deuda ( $1.1 millón por minuto ) supera en un 50% al del año anterior. Los casi 600.000 millones de pesos de intereses a pagar en el 2019 son apenas menores a las partidas de salud, educación e infraestructura en su conjunto. Todo un logro social.

Algunos economistas -y periodistas por cierto- que se hacen llamar libertarios construyendo en algunos casos personajes payasescos, u otros denominados amantes de la libertad absoluta de mercado, imponen ahora la crítica por los 70 años de errores argentinos… ¿por qué?

Se trata de impugnar las conquistas del peronismo -aclaro que no se trata de mi afiliación política- y los profundos cambios que impuso dicho movimiento en el auge de las clases obreras y medias en la Argentina.

Sin ingresar en su historia política, sus arbitrariedades y otras cuestiones que no se vinculan al tema tratado, no puede desconocerse que a través de aquel las clases obreras y pobres de este país adquirieron derechos económicos y sociales y marcaron el acceso a la dignidad y al consumo de millones de personas. El incremento del salario, los derechos sociales, el crecimiento de la industria y el comercio fueron los pilares del aumento del consumo.

Ese consumo hizo además que se expandiera la clase media argentina, un sector poco definido antes de la irrupción del peronismo, a la cual forja definitivamente. La autora Natalia Milanesio (“Cuando los trabajadores salieron de compras“, Ed. Siglo XXI) afirma que en 1946 solo 1 de cada 28 familias tenía heladera y en 1955 1 familia de cada seis. Pregunto: ¿no es eso el acceso a derechos de las clases obreras y medias?

Los 70 años de la nueva muletilla mediática por la que se pretende asumamos el sufrimiento por los errores cometidos (una perversidad moral y política que trata como tontos a sus destinatarios) omite algunas cuestiones. La mitad de esos años nuestro país sufrió mandatos militares a través de golpes de Estado, que justamente disminuyeron la participación en la renta nacional de las clases baja y media.

En esos años se aplicaron políticas de ajuste, privatización, caída del salario, desindustrialización, fuga de capitales y endeudamiento externo.

En realidad son 46 años de políticas que cargaron al Estado Argentino con más deuda, deterioro social y económico. Y más ajuste para poder pagar los intereses.

Durante la gestión del máximo exponente de la doctrina económica liberal (el ministro de Economía Martínez de Hoz, durante parte de la dictadura militar 1976/83, con premios y formación internacional en instituciones tradicionales del “libre mercado” ) se autorizó por primera vez al público la libre adquisición de dólares y se liberalizó la tasa de interés.

Allí comienza la bicicleta financiera que acelera en verdad el proceso de debilitamiento del entramado económico y social de nuestro país y un fuerte endeudamiento estatal (extrañamente el diario “Clarín” lo explica muy bien en nota del 2/4/6, “Plan de Martínez de Hoz puso en marcha un espiral especulativo”, a pesar de defender hoy la política económica oficial).

Además , ocho años de presidencia de Menem (raro peronista) y 2 de la Alianza Radical fueron signados por la gestión del ministro Cavallo (premiado en múltiples oportunidades por el FMI, La Cámara de Comercio de los EE. UU., la Fundación Ford, con posgrado en la Universidad de Harvard EE. UU), el cual ejecuta el mayor proceso de endeudamiento público en la historia argentina, que concluye con la implosión social y económica del 2001.

Justamente fue durante 1982, siendo presidente del Banco Central en épocas de la dictadura militar, que Domingo Cavallo estatizó casi 17.000 millones de dólares de deuda privada, deuda de grandes grupos económicos argentinos.

El mecanismo consistía en un seguro de cambio para que no afectara a las empresas privadas el aumento de la divisa extranjera, pagando así su deuda a un dólar fijo, haciéndose cargo el Estado de la diferencia si éste aumentaba. Entre las empresas figuraba Sevel, que integraba el actual presidente de la Nación en tanto dueño de ella junto a su familia.

Esos 17.000 millones representaban el 43% de la deuda externa argentina en 1983, es decir, un año después. Eso sí que fue populismo en serio, pero privado, socializando a deuda pública que aún estamos pagando todos los argentinos (es parte de la deuda en default del 2001 reestructurada años después).

La suma indica que 35 más 11 son 46 años de políticas que cargaron al Estado argentino con más deuda, deterioro social y económico. Y más deuda es más pago de intereses, y como consecuencia más ajuste para poder pagarlos. Por cierto, hay problemas de inversión, productividad y ahorro que requieren urgente abordaje en nuestro país, pero no desde políticas desbordadas del “sálvate como puedas porque el mercado todo lo resuelve“, una falacia que solo conducirá a más desastre social.


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