143 años del pueblo que nació antes que el propio Neuquén
Fundado un año antes de que se sancionara la Ley del Territorio Nacional, Junín fue testigo desde el sur de todo el proceso de formación: mientras su comunidad se afianzaba, debió responder a cinco capitales provinciales. Hoy crece con turismo y fe.
Tierra sencilla entre paisajes de ensueño, desde 1883 Junín de los Andes acumula experiencias, que se combinan con su milenaria sabiduría, heredada de generación en generación por las familias que hoy la habitan, y las que se integraron a ella.
Dicen los archivos que su nombre deriva del escenario de una importante batalla que aportó a la independencia sudamericana de las fuerzas realistas, librada a miles de kilómetros, en la lejana Perú, pero para los nativos, fue siempre el “Cuncún Nilleu” o el «Ungconiyeu» («lugar de los juncos»).
Ubicado a casi 400 kilómetros de la confluencia del río Limay y su hermano Neuquén, esa fue la última capital, la definitiva, a la que este poblado respondió, ya que por ser tan antiguo, sus primeros habitantes ya habían vivido la misma época de lo ocurrido en Campana Mahuida, Ñorquín, Chos Malal e incluso la distante Carmen de Patagones, yendo apenas unos años antes de su fundación, previa a los territorios nacionales, cuando todo estaba dentro de la Gobernación de la Patagonia.
De origen militar, como ocurrió con las urbanizaciones iniciadas en ese tiempo, al principio se lo denominó “Fuerte”, en el afán del Estado de establecer los límites y cuidar las fronteras. Sin embargo, en lo comunitario, el mestizaje y el intercambio con las familias originarias y las trasandinas fue más allá de las definiciones políticas y allí también radican las bases de sus raíces.
El tiempo pasó y en esta trayectoria, en la margen oeste del río Chimehuín, Junín supo de la típica actividad ganadera para encontrar sustento, por eso allí se ubica la Sociedad Rural. En el fondo esa esencia sigue presente en sus calles, en la estampa de sus habitantes que combinan el arraigo por sus tradiciones, con la tecnología que se abre paso en su ejido.
“Soy puestero de llanos y sierras/ de la pampa y cordillera/ del caldén hasta los pehuenales/ soy del pasto, mallín y el coirón./Y mi puesto es una estancia chica, sin baguales, sin ariscas/ y he dejado orejano unos sueños/ a la orilla de un río cantor./ Ahí retoza toda mi esperanza/ y el dulzor de mi guitarra/ soy puestero en la tierra más criolla/ bajo un cielo celeste de amor”, dicen los versos de Marcelo Berbel, que son tan descriptivos que los juninenses los adoptaron como himno propio y de su Fiesta principal, que ya lleva 37 ediciones.
Y sus calles, no sólo homenajean a próceres, sino también a referentes de la cultura neuquina, como el mismo Berbel y su colega Milton Aguilar, de la investigación, como fue Gregorio Álvarez, de su pasado indígena, en la figura de Manuel Namuncurá, padre del beato Ceferino, y obviamente a Laura Vicuña, una de las principales figuras locales que genera devoción popular en toda la zona.
Si de precursores se trata, el rol escolar, junto a la labor salesiana, aportó lo suyo en la consolidación de la localidad. Según el rescate del CEDiE, “un censo escolar de 1885 realizado por el juez de Paz Aníbal Pace y elevado tanto al gobernador del territorio neuquino, Manuel Olascoaga, como a las autoridades del Consejo Nacional de Educación de los Territorios Nacionales, generó el cimiento de la primera escuela dependiente del Estado en Junín de los Andes”.
Para 1894, según el informe del inspector Raúl Díaz, la escuela luego convertida en la N°7 “Tomás Falkner”, era una de las únicas tres que funcionaban en todo Neuquén, sumada la de Chos Malal (con 35 niños presentes) y la de Ñorquín, hoy poblado desaparecido, del que sólo queda el departamento homónimo. Esas visitas de funcionarios del Ministerio servían para dejar plasmado un panorama de los inicios de la vida institucional, en el que se registraba apenas “una población rural de 200 almas” y 40 casas.
Actualmente, el turismo que se fue consolidando en torno al Parque Nacional Lanín, se combina con el compartir que quedó de la costumbre de bailes populares, festivales típicos y ramadas, infaltables para aniversarios como el de hoy. Y si es por viajar en el tiempo, según el archivo de RÍO NEGRO, el próximo 25 de mayo se cumplirán 110 años de la llegada del telégrafo a este paraíso, herramienta fundamental para cortar con el aislamiento y las distancias.
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