El «show» de las peleas de adolescentes en Bariloche para las redes sociales

En las escuelas se fomenta la rivalidad y las riñas se difunden por las redes sociales. El contexto de pospandemia, el malestar social y los problemas intrafamiliares son algunos de los factores que advierten especialistas en Bariloche.





«Me miraste mal», «me sacaste el novio» o, un simple comentario en un posteo en las redes sociales. Los motivos para convocar a una pelea son múltiples y de lo más insignificantes. La difusión para sumar espectadores nunca falta. Y las consecuencias son nefastas.

«Si tenés alguna pelea, pasala que lo subimos», «Que peleen, si no que corran. Si no te gusta, tomátela». En las últimas semanas, los jóvenes incitan a otros a pelear, a través de las redes sociales, y a subir los videos o fotos. No importa dónde. En el Centro Cívico, en el anfiteatro de Moreno y Villegas, en el skate park o, en alguna plaza. Alrededor del grupo que protagoniza la riña, otros 10, 20 o 30 chicos arengan de una manera tan violenta, como la pelea en sí misma.

El fin de semana pasado, en horas de la tarde, 50 jóvenes agredían a otros cuatro, con armas blancas, en la plaza del Centro Cívico. Al notar la presencia de los agentes policiales, el grupo se dispersó. La pelea se trasladó a la calle Paso, pero una vez más, la presencia policial disuadió a los jóvenes.

Lo más probable es que la próxima convocatoria no se haga esperar. El escenario social resulta un caldo de cultivo.

El trabajador social Fernando Pichunleo, que integra el Equipo Técnico de Apoyo Pedagógico (Etap), aseguró que «por lo general, entre marzo y abril, se suelen generar más peleas entre los estudiantes. Este año, vemos, que todo va en escalada».

Reconoció que cada vez son más graves las situaciones en las que toman intervención y que se producen por múltiples factores. «Mucho tiene que ver la pandemia y cómo el aislamiento ha generado un excesivo incremento del uso de las redes sociales -y, a partir de ahí, la forma de comunicarse y el agravio permanente-«, dijo Pichunleo.

Aseguró que los jóvenes están sumamente pendientes de lo que sucede en las redes sociales y los comentarios que «los terminan potenciando». «Hemos sabido de peleas o entredichos que se dan a media mañana y están vinculados con algo que pusieron en las redes. Es una mezcla de pospandemia, uso de redes sociales, crisis económica y malestar a nivel social. La escuela termina siendo la caja de resonancia», recalcó.

Te repartís entre las escuelas asignadas pero con estas situaciones, necesitás un abordaje serio y continuidad»,

Fernando Pichunleo, trabajador social integrante de ETAP.

Según les comentan los chicos, todo circula a través de las redes: el antes y el después de la pelea. «Resulta difícil para esos estudiantes no participar en esos eventos. Están observados. A veces, recurren a los adultos, pero hemos tenido que recurrir a la policía o a sus padres para que los retiren. Se han registrado situaciones en las que los profesores están afuera mientras los estudiantes salen, haciendo un cordón humano. Todo eso pasa en las escuelas«, detalló Pichunleo.

Familia y barrio

«Los desbordes tienen que ver con situaciones intrafamiliares y conflictos interbarriales. Los equipos técnicos han hecho las denuncias formales pero no hay acción por parte de otros organismos del estado que deberían acompañarnos», destacó Ricardo Fernández, supervisor de nivel medio.

Reconoció que ya sabían que la vuelta a la presencialidad se daba «en un escenario complejo teniendo en cuenta los dos años de pandemia. Esto no es menor si le sumás el contexto socioeconómico que ha generado la resolución de conflictos de relaciones interpersonales, muchas veces, desde la violencia«.

Aseguró que los equipos técnicos trabajan de manera focalizada desde principios de año, pero no dan abasto. Por eso, se solicitó a la Dirección de Educación Secundaria, Técnica y de Jóvenes y Adultos la necesidad de reforzar los equipos conformados por psicólogos y psicopedagogos para brindar acompañamiento durante este año.

«No se nos escuchó y nos está faltando recurso humano. Cada ETAP tiene a cargo entre cinco y seis escuelas, con la evolución social que hemos registrado y los problemas que esto acarrea. Los equipos técnicos tienen una carga horaria de 4 horas para trabajar en convivencia escolar, suicidios, entre tantas otras temáticas«, explicó Fernández.

Ejemplificó que cuentan con dos psicólogas para 9 escuelas. Una cubre el turno mañana y tiene cinco escuelas a cargo; la otra trabaja por la tarde en cuatro escuelas. «Antes de la pandemia, ya veíamos situaciones complejas y notábamos que no dábamos abasto. ¿Cómo hace un equipo técnico en tiempos pospandemia? No hay manera sin apoyo. Estamos dibujados. Falta una política de estado integral«, planteó Fernández.

Pichunleo señaló que «la crisis social, la inflación, la desocupación y el trabajo precarizado incide en los pibes. El conflicto que se puede generar en el interior de una familia, en el barrio o en lo cotidiano termina replicándose en la escuela. Es el espacio donde los estudiantes muestran lo que pasa afuera».

Fernández consideró que si bien muchas situaciones de violencia se abordan dentro del ámbito escolar terminan ocurriendo afuera. «Es difícil pretender que la escuela pueda resolver conflictos que trascienden al escenario educativo pedagógico y tiene causales exógenas. Por eso, se necesita acompañamiento de otros organismos del estado, como la justicia o la Senaf», planteó y agregó: «La escuela trabaja desde la mediación, habilita espacios para que los estudiantes puedan hablar y resolver conflictos. Dentro de la escuela, los conflictos están bastante contenidos. Fuera de la escuela es muy difícil».

Respecto a las constantes riñas entre jóvenes, este diario consultó a una delegada de la Senaf (Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia) en Bariloche pero solo manifestó que «no tienen intervención en la situación«.

El relato de una madre: "Se matan adentro de la escuela o se citan"

«Cualquier excusa es buena para pelear. Te agarran entre cinco, ocho o más. A una nena que tuvo una operación en la cabeza la agarró un grupo y como sabían del riesgo de matarla, la hicieron arrodillar y que coma tierra. Buscaron la manera de humillarla». María Vicente es madre de una joven de 15 años que, según indicó, a partir de la pandemia, «se le despertó la rebeldía» e intervino en varias peleas.

«Los chicos, al estar tanto tiempo encerrados, cuando volvieron a socializar, salieron con todo», admitió la mujer con preocupación.

Su hija, contó, concurrió a varias fiestas que se organizan en un barrio del oeste. «Van chicos muy chiquitos. Y pasa de todo: toman, se drogan y siempre terminan mal por tonterías: ‘me miró mal’, ‘me sacó el novio’. A mi hija la agarraron entre ocho y la molieron a golpes. La llevaron a la rastra hasta Pioneros. Le pudo haber pasado cualquier cosa. Y me cuenta que es algo re común», manifestó Vicente.

Esta adolescente que cursa tercer año llegó a plantear que no logra aprender nada en la escuela «porque los profesores están ocupados separando a los pibes». «Se matan adentro de escuela o se citan en el Centro Cívico o en el skate park. Lo difunden ellos mismos. Es tremendo porque en los videos, hay pibes matándose y otros 10 o 40 arengando igual de violentos que ellos. Es un show. ‘Matalo, hacelo mierda’, se escucha«, contó Vicente.

Recordó que Lucía, la joven de 14 años que murió apuñalada a la salida de un bar clandestino por otra adolescente en el barrio Nahuel Hue, tenía la edad de su hija. «Se conocían y pudo haber sido mi hija. No puedo dejar de empatizar con la mamá de Lucía. Me da impotencia. Los pibes no pueden hacer mucho para cambiar esto: pero ¿y nosotros qué?», se preguntó.

Reconoció que su hija, poco a poco, empiezan a darse cuenta de los riesgos que corren. «Lo cierto es que estas situaciones suceden con demasiada naturalidad. Los chicos salen armados. Todos andan con cuchillos, navajas, ¿con qué necesidad? El estado hace agua desde muchos lugares. Y es preocupante el exceso del consumo de alcohol«, dijo.


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