Cómo tratar la basura en el liberalismo

Por Cristián Frers *

Man in gloves collecting scattered plastic bottles from the ground in the nature

Man in gloves collecting scattered plastic bottles from the ground in the nature

En la sociedad capitalista actual la basura se ha convertido en una catástrofe social y ambiental de magnitudes importantes. En las últimas décadas, la producción desenfrenada de bienes muchas veces innecesarios y el consumismo alentado por el mismo liberalismo han logrado una producción incontrolada de enormes cantidades de basura que cada vez es más imposible digerir por la naturaleza o por la tecnología tratadora de residuos. Ante esto han surgido propuestas como el reciclaje, ecoeficientistas, que no ven el problema en toda su complejidad.

La cantidad que cada persona produce está directamente relacionada con su inserción social, con la estructura territorial y con los modelos productivos y reproductivos. Es bien conocido que a mayores ingresos per cápita, mayor producción de basura per cápita. Así como las personas con mayores ingresos generan más basura.

El liberalismo verde aborda el problema de la basura y los residuos sólidos combinando la defensa de las libertades individuales y el libre mercado con la protección del medio ambiente. A diferencia del ecologismo de izquierda (que suele buscar regulaciones estatales estrictas, prohibiciones o control centralizado), el liberalismo verde sostiene que las herramientas del mercado son las más eficientes para resolver la crisis de los residuos.

Muchos problemas de contaminación y basureros a cielo abierto ilegales ocurren en la propiedad pública. El liberalismo verde argumenta que cuando la tierra, los ríos o los espacios de procesamiento son de propiedad privada o están bajo concesiones claras, los dueños tienen un incentivo económico real para proteger su valor, mantenerlos limpios y gestionar los residuos de forma eficiente para evitar demandas por daños a terceros.

Si bien el problema de la basura es grave a escala mundial, es importante territorializarlo. Aquí aparece una verdad incómoda: el Estado argentino no ha construido un sistema integral y eficiente de gestión de residuos. Existen normativas, planes, discursos. Pero en la práctica, el problema se esconde, literalmente, bajo la alfombra.

En Argentina existen más de 3 mil basurales a cielo abierto, la mayoría clandestinos y ubicados en zonas empobrecidas. La población en general no presenta una cultura de interés en el destino de los residuos, la mayor preocupación es la necesidad de contar con un servicio de recolección de los mismos. Una vez que fueron retirados de la vista de los generadores, para muchas personas ya está resuelto el problema. No hay mucho interés en efectuar una reducción importante en la generación, como base para un manejo sustentable, para lograr la preservación de los recursos naturales y tampoco interés en los mecanismos de disposición final.

Los riesgos de los desperdicios se basan en la contaminación de napas, arroyos y ríos, suelo, aire con olores nauseabundos y quema de residuos. Esto demuestra que no hay un cambio en el paradigma de considerar al residuo como un recurso, para no verlo como un problema ambiental sino como una oportunidad, lo que implica que estos depósitos se transformen en un foco de contaminación y un riesgo sanitario para la población. Los municipios argumentan que ellos no pueden hacer nada para modificar estos predios porque carecen de fondos. En él mientras tanto, eligen continuar contaminando.

Las causas de la generación de los desechos, son el hombre y su ignorancia ante los problemas ambientales, el desarrollo económico insostenible, la ineficiencia en la recolección de basura, falta de cumplimiento en la legislación en materia de residuos y falta de programas de educación ambiental que promuevan el reciclaje y su importancia.

Las causas de la generación de los desechos, son el hombre y su ignorancia ante los problemas ambientales, el desarrollo económico insostenible, la ineficiencia en la recolección de basura, falta de cumplimiento en la legislación en materia de residuos y falta de programas de educación ambiental que promuevan el reciclaje y su importancia.

Es habitual encontrarnos con basureros a cielo abierto en los Municipios de la Provincia de Buenos Aires y de todo el país. También es bastante frecuente encontrarnos con antecedentes municipales o planes en vigencia de reciclado. Esta moda se ha extendido en prácticamente todos los municipios, pero ello, claro está, NO significa que tales comunas hayan resuelto el problema de los Residuos Sólidos Urbanos. Y ello se debe a un constante error habitual que cometen los gobiernos argentinos en todos los niveles, ya sea municipal, provincial y nacional: comenzar por el generador (los vecinos) y en los actos individuales. Es por esto, que los planes de reciclaje no son constantes en el tiempo y tienen poco éxito.

Llevar a cabo una gestión de los propios residuos que se generan en los municipios no es solo una actividad ambiental o si se quiere marketing municipal, sino que es clave y crucial para que se tome con responsabilidad porque casi la mitad de todos los ingresos municipales se basan en la gestión de la basura. Por eso es importante que desde el intendente hasta el último funcionario deben comprender que la gestión de la basura no es un tema estrictamente ambiental sino transversal a todas las áreas de gobierno.

Deben optimizarse los procesos, y minimizarse los volúmenes generados de residuos, el reciclado y el rehúso de los residuos. Es indudable que el mantenimiento de un ambiente que permita proporcionar a la población una calidad de vida digna y saludable tiene un costo elevado, pero el gasto que esto conlleva, siempre será menor que el costo de poner en peligro el entorno y la salud de la población.

*Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).


En la sociedad capitalista actual la basura se ha convertido en una catástrofe social y ambiental de magnitudes importantes. En las últimas décadas, la producción desenfrenada de bienes muchas veces innecesarios y el consumismo alentado por el mismo liberalismo han logrado una producción incontrolada de enormes cantidades de basura que cada vez es más imposible digerir por la naturaleza o por la tecnología tratadora de residuos. Ante esto han surgido propuestas como el reciclaje, ecoeficientistas, que no ven el problema en toda su complejidad.

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