De Regina a Bariloche en bicicleta: más de diez días de travesía

Karina y Nicolás, una pareja de reginenses, transitaron por las difíciles rutas del sur para llegar a destino. Su hazaña estuvo marcada por la solidaridad de otros viajeros y el anhelo por compartir más kilómetros juntos en un futuro no tan lejano.





La rueda continuó girando, nada pareció detenerla y solo descansaron cuando tocaron el suelo de casa. Ahí están hoy, alertas y a la espera de una próxima salida. Durante el camino Karina (37) y Nicolás (40) permanecieron activos arriba de sus asientos en un viaje único que logró enlazar el Valle con la Cordillera.

“No hay un momento para decir: ‘Ahora estoy listo para salir’. Siempre hay algo que te inmoviliza pero hay que buscar cómo solucionarlo para salir adelante”, comentó Karina Riquelme, viajera y estudiante del profesorado de Educación Primaria.

La pareja de reginenses lleva seis años de relación.

Junto a su pareja se atrevió a hacer la travesía de su vida, desde su ciudad natal -Regina- hasta la turística Bariloche. El viaje no fue por una promesa de fe o de afanes deportivos; sino más bien, se debió al puro coraje de unos aventureros que quisieron vacacionar distinto.

Todo surgió durante el aislamiento por la pandemia y tras ver videos en redes sociales de experimentados ciclistas que los motivaron. A partir de allí fueron pequeños pasos. “Al principio no teníamos ni las bicicletas, fue tomando forma cuando empezamos a comprarlas”, contó la mujer.

Desde que consiguieron los rodados hasta la fecha de partida, el 16 de diciembre; pasó un año. Durante ese lapso las prácticas de resistencia marcaron la cotidianidad de estos jóvenes inexpertos en ciclismo.

Fuimos trazando y pensando cuántos kilómetros por día hacer. En promedio rondamos entre los 60 y los 65”.

Nicolás Mich, chef y docente

“El terreno que íbamos a transitar no es el mismo que estamos acostumbrados. Pensábamos que íbamos a tener un montón de condicionamientos”, resaltó Karina.

Diagramaron el recorrido sobre la base de la peligrosidad de las rutas. Optaron por salir por la Ruta 22, conectar por la provincial 6, luego la 8 y finalmente la nacional 23. En cada etapa, pedalearon un promedio de 65 kilómetros diarios, pero la necesidad de llegar al pueblo más próximo los llevó a superar distancias de entre 70 a 90 kilómetros. “A medida que lo vas recorriendo, lo cambiás”, agregó Nicolás.

El gran desafío fue cubrir las grandes distancias de la región sur.

El arribo final fue en la tarde de Navidad. En la ciudad andina se quedaron ocho noches, pero fue al momento de volver a casa cuando una nueva corazonada preguntó: ¿Por qué no seguir viaje hasta Las Grutas?.

Así decidieron subirse al Tren Patagónico y encargar las bicis a un transportista, debido a que la empresa estatal no permite la carga de estos rodados.

Lo que más destaco es la solidaridad de la gente. Los autos paraban incluso sin que nosotros se lo pidiéramos”

Karina Riquelme, estudiante de Educación Primaria

La vuelta al Valle sería también sobre dos ruedas, pero la rotura de una de ellas a la altura de las Salinas del Gualicho lo frustró. Esto les dio un amargo trago, pero que finalmente no pesó a la hora de ver cumplido el objetivo inicial.

El futuro les depara nuevas experiencias y aventuras, porque el gusto de ir por más impregnó su paladar. “Tenemos pensado un viaje en invierno a Las Grutas y hacer la ruta de Los Siete Lagos en verano”, concluyeron.

Karina y Nicolás, una pareja de reginenses, transitaron por las difíciles rutas del sur para llegar a destino. Su hazaña estuvo marcada por la solidaridad de otros viajeros y el anhelo por compartir más kilómetros juntos en un futuro no tan lejano.



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