El increíble lugar donde podés ver auroras boreales sin levantarte de la cama
Dormir rodeado de nieve mientras se espera que el cielo se ilumine de verde parece una postal difícil de convertir en realidad. Sin embargo, en el norte de Europa existen alojamientos especialmente diseñados para observar las auroras boreales sin siquiera levantarse de la cama. Y aunque suelen llamarse “iglús de cristal”, no todos ofrecen la misma experiencia.
En pleno invierno, las temperaturas pueden descender varios grados bajo cero. Afuera hay nieve, bosques y enormes extensiones prácticamente sin iluminación artificial. Adentro, una cama cálida y sobre ella, en lugar de un techo convencional, una superficie transparente que permite observar el cielo ártico.
Los llamados iglús de cristal se convirtieron en uno de los alojamientos más buscados de Laponia, especialmente entre quienes viajan hasta el norte de Finlandia con un objetivo: ver una aurora boreal.
La propuesta es sencilla pero impactante: poder contemplar el fenómeno desde la cama, protegido del frío exterior.
Según explica el sitio oficial de turismo Visit Finland, el país desarrolló cientos de alojamientos especialmente concebidos para observar el cielo, que van desde pequeñas cabañas con techo transparente hasta suites con grandes paredes vidriadas.
Iglús de cristal: no todos son iguales
Aunque popularmente se los agrupa bajo el nombre de “iglús”, las construcciones pueden ser muy diferentes entre sí.

Algunas son pequeñas unidades independientes con una cúpula o techo transparente sobre la cama. Otras se parecen más a una habitación de hotel premium, con grandes ventanales panorámicos, cocina, baño privado y sectores de estar.
También cambia mucho la ubicación.
Hay alojamientos instalados en medio del bosque, junto a parques nacionales, frente a lagos congelados o en grandes extensiones de tundra, lejos de los centros urbanos.
Incluso existen versiones móviles. En Ranua, Finlandia, funcionan unidades AuroraHut que durante el invierno pueden desplazarse sobre un lago congelado y, cuando llega el verano, se transforman en pequeños alojamientos flotantes impulsados por motores eléctricos.
Por eso, antes de reservar no alcanza con comprobar que el alojamiento tenga un techo transparente: la ubicación, la orientación, la contaminación lumínica y cuánto cielo puede observarse desde la cama pueden modificar por completo la experiencia.
¿Cómo hacen para que la nieve no tape el techo?
Uno de los grandes desafíos de estas construcciones está justamente arriba.

En un lugar donde las nevadas son frecuentes, un techo convencional de vidrio podría quedar rápidamente cubierto y arruinar aquello que los viajeros fueron a buscar.
Algunos establecimientos solucionaron el problema mediante vidrios calefaccionados, capaces de evitar la acumulación de nieve y hielo.
Los iglús de Santa’s Hotel, en Luosto, por ejemplo, cuentan con techo de cristal calefaccionado para mantener despejada la vista hacia el cielo. Además disponen de climatización y baño privado con ducha.
Así, mientras afuera domina el paisaje invernal, el interior mantiene las comodidades propias de una habitación de hotel.
¿Realmente se puede ver una aurora boreal desde la cama?
Sí. Pero nadie puede garantizar que aparezca.

Las auroras se producen cuando partículas cargadas procedentes del Sol interactúan con la atmósfera terrestre. Para observarlas desde la superficie se necesitan, entre otros factores, oscuridad y un cielo suficientemente despejado.
La ubicación también resulta determinante.
En la Laponia finlandesa las probabilidades son especialmente altas. De acuerdo con Visit Finland, las auroras pueden observarse aproximadamente una de cada dos noches despejadas durante la temporada, y en el extremo norte la frecuencia puede ser todavía mayor.
Esto no significa que reservar tres o cuatro noches garantice el espectáculo. Las nubes pueden impedir la visión aun cuando exista actividad geomagnética.
Por eso, los iglús mejoran la comodidad para esperar una aurora, pero no aseguran verla.
Cuándo viajar para ver auroras boreales
Otro dato importante es que no es necesario viajar durante el invierno más extremo.
En Finlandia, la temporada de auroras se extiende aproximadamente desde finales de agosto hasta comienzos de abril, cuando las noches tienen suficiente oscuridad.
Los períodos de septiembre y octubre y de febrero y marzo suelen presentar una elevada actividad. Diciembre y enero, en cambio, ofrecen noches extremadamente largas y paisajes completamente nevados, aunque también coinciden con una de las épocas de mayor demanda turística.
En pleno verano ocurre lo contrario: aunque el fenómeno físico puede producirse, las extensas horas de luz del norte hacen prácticamente imposible observarlo.
Una experiencia que va más allá de mirar el cielo
Dormir bajo un techo transparente es apenas una parte de la propuesta.
Muchos de estos alojamientos se encuentran en regiones donde durante el día pueden realizarse paseos en trineos, excursiones con raquetas de nieve, recorridos por lagos congelados, experiencias vinculadas con los renos y saunas finlandesas.
También existen diferencias importantes entre alojarse cerca de ciudades como Rovaniemi y elegir zonas mucho más remotas como Ivalo, Inari o Kilpisjärvi.
Cuanto más lejos de las luces urbanas y más despejado esté el horizonte, mejores serán las condiciones para observar el cielo.
Y ahí aparece la verdadera particularidad de estos alojamientos: no se trata solamente de dormir dentro de una habitación con techo de vidrio, sino de convertir la espera de la aurora en parte del viaje.
Puede aparecer a medianoche o durante la madrugada. Puede durar unos minutos o extenderse mucho más. Y también puede no aparecer.
Pero si las condiciones coinciden, es posible abrir los ojos en medio de la noche y descubrir, sin abandonar la cama y con el paisaje nevado alrededor, cómo una aurora boreal comienza a moverse sobre el cielo del Círculo Polar Ártico.
Dormir rodeado de nieve mientras se espera que el cielo se ilumine de verde parece una postal difícil de convertir en realidad. Sin embargo, en el norte de Europa existen alojamientos especialmente diseñados para observar las auroras boreales sin siquiera levantarse de la cama. Y aunque suelen llamarse “iglús de cristal”, no todos ofrecen la misma experiencia.
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