Estefani Vicens y «Manzanas negras»: escribir para acercarse a los demás

La psicóloga y escritora de Roca reunió en “Manzanas negras” 19 cuentos sobre vínculos, duelos y experiencias cotidianas. La ficción le permitió encontrar un lenguaje más cercano para compartir historias con identidad valletana.

La escritora y psicóloga Estefani Vicens nació en General Roca y encontró en la narrativa una manera de abordar experiencias personales y sociales. Gentileza.

Los secretos familiares, la maternidad, la muerte y las historias de las chacras del Alto Valle atraviesan Manzanas negras, el primer libro de cuentos de Estefani Vicens, psicóloga y escritora de Roca. En sus 19 relatos, la autora combina experiencias reales y ficción para explorar los vínculos humanos y recuperar paisajes e historias de Río Negro y Neuquén. La obra, publicada por la editorial Orsai, nació de una búsqueda personal: encontrar en la literatura una manera de acercarse a los demás.

Las palabras como puente


“La academia me había dado mucho disfrute, pero me estaba alejando, me estaba construyendo una isla”, recuerda. La literatura apareció como una manera de recuperar la cercanía. “Pensé que podía ser una forma de acercarme a las personas que yo quiero y que quiero que me escuchen”, explica.

De esa búsqueda nació Manzanas negras, un libro de 19 cuentos que combina experiencias reales y ficción para abordar la maternidad, la muerte, las enfermedades y los vínculos familiares.

“Estefi”, como todos la conocen, nació en Roca en 1985. Es psicóloga, docente universitaria, magíster en Investigación e Intervención Psicosocial y doctoranda. Antes de incursionar en la narrativa publicó el ensayo Anti Héroes y es coautora de El aula feroz, para escribirte mejor.

Entre la ficción y las historias del Alto Valle


Vicens creció en una familia de chacareros del Alto Valle. De chica escuchaba las conversaciones de los grandes: la economía del país, los cambios en la fruticultura y un modo de vida que empezaba a desaparecer eran temas recurrentes. Entre ellos llegaban las cartas de las abuelas, los diarios íntimos y los primeros ejercicios de escritura en la escuela.

“La palabra para mí fue una forma de acercarme a las personas, de llevar a la práctica mi saber, mi conocimiento, pero sobre todo de hacer un vínculo con la sociedad, con la cultura. Fue una posibilidad de construir puentes con las diferencias”, señala.

Esa búsqueda también llegó a las aulas universitarias. Junto con otras profesoras de Psicología Social comenzó a desarrollar una modalidad de evaluación que combinaba conceptos académicos con relatos literarios. La experiencia reforzó su convicción de que la ficción podía acercar temas complejos a personas sin formación en psicología.

“La literatura me permitió hacer 19 cuentos en los cuales yo puedo acercarles una forma de entender, de tocar la subjetividad con palabras simples, con historias y con escenas que pueden entender las personas”, dice.

«Manzanas negras» reúne 19 cuentos que combinan realidad y ficción. La obra forma parte de la colección Puertas de papel, coordinada editorialmente por Hernán Casciari. Gentileza.

Los relatos tomaron forma en talleres de escritura, entre ellos los de Hernán Casciari y Sandra Russo. Algunos comenzaron a circular entre familiares y amistades hasta que, a través de un taller, llegó a la editorial Orsai. Manzanas negras es el quinto título de Puertas de papel, una colección fundada por sus autores en mayo de 2026, bajo la coordinación editorial de Casciari.

Varias historias recuperan experiencias personales y situaciones conocidas durante su trabajo profesional. “En ese libro se encuentran historias reales ficcionadas, personas ficticias en historias reales y personas reales en historias ficticias”, explica.

El título también habla de su vínculo con el territorio. Cuando estudiaba en Buenos Aires y Córdoba, se sorprendía por el desconocimiento absoluto sobre la vida cotidiana en Río Negro y Neuquén. Por eso decidió incorporar a sus relatos paisajes y experiencias reconocibles del Alto Valle. “En cada uno de los cuentos hay algún detalle de las chacras, del Canal Grande”, cuenta. Las alamedas, el río y las transformaciones de las familias frutícolas forman parte de ese universo.

Por otra parte, “Manzanas negras remite a los misterios, a los secretos familiares, pero también a la contaminación”, explica. La metáfora reúne desde las condiciones ambientales de la región y hasta aquello que está oculto y escondido en las historias familiares.

Del papel a las nuevas formas de leer


Como escritora y lectora, Estefani Vicens considera que lo importante no es el soporte, sino la posibilidad de acceder a la literatura. Para ella no hay una competencia entre el libro impreso y los formatos digitales: valora el vínculo con el libro como objeto, su dimensión material y la posibilidad de compartirlo, pero también reconoce las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías para llegar a distintos públicos.

De hecho, su libro incorpora un código QR que permite escuchar algunos de los cuentos grabados. La autora también comparte escritos en plataformas digitales y contempla que su libro pueda circular en ese formato.

El objetivo es que las historias trasciendan las barreras y lleguen tanto a quienes disfrutan de la lectura en papel como a quienes prefieren escuchar un relato o leerlo en una pantalla. Lo esencial es despertar la curiosidad por otras experiencias.

Escribir para encontrarse


Vicens presentó el libro en la Feria del Libro de Roca, el fin de semana pasado. Lo vivió como una oportunidad para reunirse con familiares, amistades, colegas y lectores. En su casa, la escritura también es una actividad compartida con su pareja, Daniel Sans, psicólogo y escritor, y con sus hijos.

Observa con entusiasmo el creciente interés por escribir y publicar libros en la ciudad. Considera que la presencia de universidades e instituciones educativas favorece la formación y el intercambio literario.
Pero encuentra además un significado social en ese fenómeno. “Con todos los signos de odio, de diferencia que hay hoy actualmente en nuestra cultura, que alguien quiera escribir porque quiere llegar a las personas y acercarse al otro, son buenas noticias, son buenos signos que celebramos”, reflexiona.

Esa convicción también forma parte de su tarea docente, donde trabaja con grupos numerosos de estudiantes que escriben a partir de sus experiencias personales. Para Vicens, que sostiene que “la escritura es un músculo que se entrena”, la literatura es, ante todo, una forma de encuentro. Una posibilidad de contar aquello que cuesta decir y encontrar, del otro lado de cada historia, a alguien dispuesto a escuchar.


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